La Coctelera

XY - Para una vez... (III)


No me parece que tenga gracia alguna leer éste relato sin haber leído antes la parte I y la II



- Es buena.
- Joder si lo es...
- La habéis dejado perdida, mamones.

Marta se inclinó sobre XX, que se miraba el cuerpo embadurnado de semen como si aquellos dos no se hubieran corrido en mucho tiempo; había agachado la cabeza, y ahora, con los ojos cerrados, iba dejando que su respiración se relajase, tocándose lentamente, esparciéndolo lentamente con expresión atontada.

Sintió un dedo, el de Marta, en su barbilla, atrayéndola hacia arriba. Al abrir los ojos, se encontró con la asaltante, que la besó suavemente sin obtener respuesta. Marta se detuvo un instante, mirándola así, muy de cerca, cambiando ligeramente la dulce expresión de su cara; “soy la buena aquí, pero no me ha gustado eso”, parecía decir. XX avanzó un centímetro sus labios para besarla, y la dueña de la situación introdujo su lengua con avidez en la boca de mi mujer.

- Mmhhh... qué lengua tienes, preciosa... - ...pero mira cómo está. - dijo, dirigiéndose a sus compañeros, pasando su dedo por el cuerpo de XX. - Va a haber que limpiarla, pobrecita.

Se sentó a su lado, y estuvo un buen rato acariciándole la espalda mientras ambos hombres bebían y miraban a mi mujer, cabizbaja. Pasado un buen rato, Marta se puso a hablar con ellos... parecían rememorar un robo, y hablaban de algunas cosas que XX no debió entender muy bien, salvo lo que se refería a cuando salir de allí sin ser vistos; así que, tal como estaba, parecía estar evadiéndose lejos, mirando en ocasiones a su alrededor, como para comprobar que no había cambios en la situación y que no hacían amago de acercarse más a ella. Comenzó a sentir que se habían calmado y también ella se calmó, poco a poco.

- Voy a limpiarla, chicos... no os importa, ¿verdad?
- Al contrario, compañera. Date el gusto y déjanosla a punto.

Cuando Marta se levantó y atrajo a XX hacia sí, mi mujer pareció refugiarse en ella, mirando de reojo a Víctor y Carlos. Ambos las siguieton con la mirada mientras ellas andaban hacia el cuarto de baño y Víctor sonreía con gesto de satisfacción. XX se atrevió a hablar cuando salieron del salón:

- ¿Van a parar?
- Cariño... - dijo Marta, dejándole pasar y acariciando su espalda con dos dedos - ... ¿no querrás que termine de verdad, no?
- Me han violado. - replicó mi esposa, en voz baja.
- Ya. Claro. - dijo Marta, con sorna, llegando al final de su culo y metiendo su mano entre las piernas de XX para hacer que se detuviera, agarrándola con fuerza con la mano - Claro.

El agua estaba muy caliente, casi ardiendo; XX se mojó un poco con el grifo mientras Marta echaba jabón en sus manos. La miraba mientras el jabón se escurrió un poco entre ellas y comenzó a frotarla. Primero, claro, enjabonó sus pechos, hinchados y erectos, pellizcándolos. Mi mujer no parecía violada ahora. Miraba las manos de Marta como intentando decirles por dónde pasar;acariciaba con lentitud todo su torso, subiendo hasta su cuello para erguir su cabeza y que la mirase. Bajaba por su vientre hasta sus muslos, cogiéndolos con las dos manos, evitando tocar su coño de nuevo. La acariciaba con placer, sabiendo que sus caricias eran bien recibidas. La había visto con Víctor y Carlos. Sabía que no tardaría en pedirlo. Veía sus pechos ascender con la respiración agitada de la que comienza a encenderse más, aún caliente por lo que había pasado hacía poco; y notaba su mirada, ya clavada claramente en sus ojos, buscando que lo entendiese sin tener que decirlo. Pero era parte del juego recorrer todo su cuerpo, sobar sus pechos, agarrar sus caderas al pasar, introducir sus manos entre sus muslos haciendo el camino hacia su coño para irse justo antes de llegar, o bien rozándola ligeramente, sin llegar a tocar lo que más ardía. Mi mujer empujaba levemente las manos de Marta hacia el interior de sus piernas, pero ésta se negaba.

- Tócame. - sollozó XX. - Es lo que quieres.

Marta no respondió. Separó sus manos para quitarse la ropa con lentitud; para que XX la viera bien, y se metió en la ducha, cerrando la mampara tras de sí. Le quitó el teléfono de la ducha a XX y lo colocó sujeto a la pared.

Enfrentándose a mi mujer, le cogió ambas manos y las llevó a su cuerpo. XX, intentando calmar al principio su excitación, exploró a su violadora con avidez, comiéndole la boca y el cuello, la cara y los hombros; mientras Marta la agarraba por la cabeza para atraerla hacia abajo, arrodillada en la ducha bajo el chorro incesante de agua. XX la hizo sentarse en la repisa de la bañera, la abrió de piernas y enterró la cabeza entre sus piernas, apretando su cara contra ella, para comenzar a darle lametones que torcíeron la espalda de Marta hasta que apoyó su cabeza en la pared. Se agarró con ambas manos a la mampara y el piso para subir las piernas por la espalda de XX. La escenita con Carlos y Víctor la había calentado mucho y no necesitaba nada para entrar en calor. Se apretaba contra la boca de mi esposa, que la devoraba glotonamente, como quien tiene verdadera hambre, como si se la fuera a comer de verdad y gimiendo mientras llevaba las manos a su culo.

- Cómetelo todo, preciosa, así... buena chica... - decía, acariciándole la cabeza, pasando una mano por su espalda para atraerla. - ... qué joya de lenguaaahh ...
- Mmmppphhh... - gemía mi mujer. Tan centradas ambas en su festín, no oyeron abrirse lentamente la puerta del baño, accionada por Víctor.

Éste permaneció un poco de pie, mirando las siluetas a traves de la mampara, con el baño lleno de vapor. Los gemidos de Marta resonaban en toda la plenitud de sus graves a tavés de ella, y Víctor se acercó lentamente a la bañera. Al abrir la mampara, se detuvo para ver el agua caer sobre los cuerpos de las dos mujeres. XX arrodillada entre las piernas de Marta apenas levantó un momento la cabeza para ver a su agresor, mientras Marta sí le miraba arrodillarse en la bañera y dirigir sus manos al culo de mi esposa. Miraba su cabeza hincarse entre las piernas de Marta, con el agua respalando por su espalda y sus piernas. Una visión increíble. Víctor acarició el culo de XX y con un dedo presionó sus dos violados agujeros con suavidad. Ella respondió inmediatamente, buscando su mano, arqueándo la espalda para ofrecerle su trasero más empinado hacia arriba. Vïctor sonrió ante su actitud, y comenzó a darle pequeños golpecitos que recorrían el cuerpo de mi mujer como una sacudida eléctrica.

XX lamía con placer y esperaba con avidez cada golpecito, mientras Víctor metía a veces un dedo en sus dos agujeros, alternativamente. Mi mujer estaba en el cielo y por su mente pasaba mi polla entrando y saliendo de sus agujeros. Parecía ajena a la situación... y justo cuando comenzaba a sentir que llegaba cerca del climax, escuchó la voz de Víctor.

- Secaos y salid. - dijo; suave, pero también secamente, para que quedase claro que estaba dando una orden.

Las dos mujeres, ahora sí, le miraron al tiempo, para ver que se levantaba mirando a XX, con media sonrisa... y se daba la vuelta para marcharse. XX miró a Marta, como preguntando si tenían que irse; a lo que ésta respondió con una sonrisa y un beso, levantándose ante ella para coger el albornoz. Parece que la interrupción no hubiera sorprendido a la asaltante, aunque mi esposa sentía ganas de acabarse de la forma que fuese y estaba jodida por el corte, sin dejar de permanecer tremendamente excitada.

Marta se vistió tan sólo con la ropa interior y una camiseta, indicando a XX que no se vistiese, que para qué. Tranquila, le dijo... que no hemos acabado contigo.

Se dirigieron de nuevo al salón, y se sentaron ambas en el sofá, juntas. XX se sentó con las piernas cerradas, apretadas, el cuerpo echado hacia adelante para taparse la cara con las manos, apretando el culo contra el sofá. Respiraba agitadamente y una expresión asomaba a su cara, inequívoca para mí, de fútil intento de calmar rápidamente la excitación.

Carlos fue el primero de los dos hombres en hablar, que las habían observado entrar, silenciosos - Vaya vaya... te ha dado lo que querías, o no, putilla? Porque nosotros hemos sido malos... no te hemos dado lo que hubieras querido. Espero que se haya portado mejor, aquí, nuestra amiguita.
- No os he pedido nada. No quiero nada de vosotros. - respondió XX, con soberbia.

Victor sonrió y sacó la navaja, dirigiéndose hacia mi mujer; se la pasó por el cuello. Carlos no perdió el tiempo y se dirigió al otro lado, levantando con prisa a Marta para ocupar su lugar; parecía divertida al ver la reacción de los dos machos, de nuevo a punto tras un rato y la visión o la imaginación de las dos mujeres en el baño.

XX se retrajo ante el repentino acoso de ambos, echándose hacia atrás, sacando el pecho para apoyarse más sobre el sofá, huyendo del filo. Carlos no pudo resistir ni un segundo la imagen de verla con el culo hincado en el sofá y sus grandes tetas apuntando al techo, y se lanzó a comerle una.

En ese momento, Marta, se acercó, poniéndose frente a ella. Se inclinó, abriendo los asientos de nuestro sofá, que se sacan bastante y dejan un espacio suficiente para cualquier cosa. XX, al tirar con ella de los cojines, quedó tumbada completamente.

- No habéis bebido casi nada, chicos, ocupados con el juguete. A ver si van a ser los vasos...

Y diciendo esto, inclinó la botella de ron sobre XX, regándola lentamente de ron. Una imagen increíble, verla arqueada sobre el sofá, brillando regada por la bebida. Victor apartó la navaja y dio un pequeño lametón. Carlos hizo lo mismo, y comenzaron a limpiar su cuerpo con ganas. Martaestaba aún encendida y no iba a dejar de disfrutar el trofeo de la noche, y se puso encima suyo, a horcajadas, levantándole una pierna y sentándose en el sofá, acercándose lentamente, hasta engancharse en tijera con mi esposa. Con la única barrera de la fina tela sedosa de las bragas de Marta, ésta comenzó a moverse contra XX, frotándose lentamente.

- Ni se te ocurra moverte. - dijo Víctor
- Seguro que has hecho esto un montón de veces, eh? - dijo Marta

Victor y Carlos seguían lamiéndola incesantemente, mientras XX cerraba los ojos y apretaba los labios, ya liberada de la navaja pero igualmente echada hacia atrás. Casi se hubiera dicho que presionaba sus tetas contra las caras de los dos hombres mientras con ambas manos se agarraba con fuerza al sofá.

Víctor se acercó a su oído.

- Puedes gemir, guarra. Lo estás deseando. No le vamos a decir a nadie que eres un putón, no te preocupes. Sé que sabes moverte con mi amiga, no le dejes todo el trabajo.

Marta se movía contra ella cada vez más desenfrenadamente, y XX comenzó a acompasar sus movimientos, frotándose más. Marta se echaba hacia atrás, o arqueaba su cuerpo hacia delante. Al recostarse, buscó con las manos a los dos hombres que lamían a mi esposa, agarrando sus muslos. Sus movimientos comenzaron a volverse frenéticos y ella no dejaba de gritar, mientras XX había abierto la boca, dejando escapar ligeros quejidos y sollozos.

Marta llevó sus manos hacia las entrepiernas y comenzó a pajearlos, mientras sus gemidos se transformaban en gritos, reducía la velocidad y aumentaba la presión. Carlos se agarró al respaldo para llevar su polla hacia las tetas de XX para masturbarse contra ellas. XX sintió eso e instintivamente abrió sus fauces de par en par, soltando los cojines llevó sus manos hacia atrás, apoyándose en el respaldo y soltando un “aaaaahhhh” prolongado y quejoso que no dejaba duda de que podía haberse corrido en cuanto hubiese querido. Miró a Víctor por un segundo, y éste le mantuvo la mirada. Giró la cabeza para agarrar la polla de Carlos que se restregaba contra su pecho; la cogió y la atrajo hacia su boca para volver a comerle la polla a su violador. Gemía sin ningún pudor como si yo mismo le estuviese follando la boca.

- Dios... cómo me gusta esa cara de guarra - dijo, dirigiéndose a mi mujer. - Marta, córrete, coño, que a esta maravilla la voy a acabar yo.
- ¿Puedo? ¿Puedo? - preguntó, con los ojos como platos.
- Sí, joder...
- Mmm... mmm... mm.. mm... a..aa.. aaaaaahhhh!!!! - gritó Marta, corriéndose contra XX como un cohete y cayendo sobre sus manos más cerca de su cuerpo.

- El premio gordo, joder... vaya perrita preciosa nos hemos encontrado esta noche... no podía haber ido mejor ni con la pasta – dijo Víctor, mientras apartaba a Marta y se enfrentaba a mi mujer. Tenía una expresión descompuesta por vez primera; y se encaró con XX, apuntándola con su polla .

- No, eso no, por favor. He hecho todo lo que has querido. - dijo, soltando la polla de Carlos de sus fauces.
- ¡Ja! ¿Qué cojones “eso no”? - dijo Víctor - ¿Que te puedes portar como una cerda restregándote el coño con una tía que te estaba forzando y no te voy a follar yo? Que te lo has creído tú, bonita. Te voy a llenar el coño pero ya mismo. Te vamos a follar por todas partes, y más te vale portarte como la campeona que ya sabemos que eres o te juro que lo pasarás peor.

Víctor la cogió del cuello y la tumbó sobre el sofá, le abrió las piernas mientras ella intentaba resistirse.

- No te resistas o será peor. Te voy a follar por las buenas o por las malas. Me lo estabas pidiendo en el baño, preciosa.

Carlos le agarró una pierna, mientras Marta la cogía por los brazos. Víctor no tardó ni un segundo en lanzarse sobre ella, y apoyando su polla en la entrada, la miró mientras la penetraba de un movimiento rápido y hasta el fondo mismo del coño de mi esposa. XX llevó la cabeza hacia atrás, en un gemido estruendoso. “AAAAAhhhhhhhh... joodd... mmm”.

Víctor, una vez ensartada, la agarró de las caderas y se echó un poco sobre ella, penetrándola lentamente, pero con una energía enorme. A base de verdaderos pollazos le iba sacando gemidos cada vez más fuertes y liberados. “Le gusta, joder, le gusta”, “seguro que lo estabas deseando, cerda, y te resistes”. XX gemía como loca y Víctor seguía insultándola. “¿Te estoy violando, cerda, es eso? ¿Me vas a decir que estoy violando un chocho que chorrea de ésta manera? Te gusta puta... ¡dime la verdad!!”; “síiii.. jodeerr... me gusttaaaa” respondió; “Te gusta que te violen, es eso, eh? Eh? Porque no querías, puta, verdad? No querías y te estoy violando, y te gusta...” “Joder, sí, me gusta, viólame, diosss... reviéntame por favorrr...”

Carlos volvió a metérsela en la boca, viendo que no se resistía en absoluto, y le follaba la boca como un animal, ella abrazaba el culo de Víctor con las piernas. A mi mujer se le deshacía la lengua y chupaba los huevos de Carlos como si le fuera la vida en ello. “Aaahhh .... joder... me vais a matar... aaaahhhhh!...!” “... pero no, no te corras, no...”

Víctor la atrajo hacia sí, sentándose en el sofá y poniéndosela encima. Agarró a Carlos de un brazo y lo atrajó... sin decir nada, que ninguna falta hacía. Mi mujer miró hacia atrás y alargando un brazo lo cogió de la polla, dirigiéndolo hacia su culo. Entró de un golpe, arrancándole a XX un rugido de placer. Levantó la cabeza, penetrada por ambos agujeros, y rugiendo de placer.

- ¿Vas a contárselo a tu marido, golfa? ¿Eh? ¿Cómo te han violado y cómo de cerda eres? ¿Le vas a contar cómo te has portado? Sé que le va a encantar saber lo cerda que eres, seguro que le gusta. ¿Juras que se lo vas a contar?
- Aaahhh siíí... voy a contarle cómo me follas... sí... mientras me da por el culoodioss... mmmmppff... pero no te corras dentro noo.....
- Quieres que lo haga...
- No... aaaaahhh.... sí... joder, nooohh dioss quiero que me llenéis, sísí...
- ¿No quieres verte llena, llena de semen por todas partes... seguro que sí... te pienso llenar hasta arriba... empaparte...
- N... aaahhh.... dioosss...
- Córrete cerda, córrete...
- Sí, lléname, llenadme, modajme enteraa llénameee!!!... aaaahhh!!!!... - decía, mirando a Víctor. Éste buscó su boca y ella respondió comiéndole la boca como si fuera la mía. Gemía absorviendo la lengua de su violador, que la metía y la sacaba al mismo tiempo que la penetraban y mantenían encima los dos hombres.

Se encontraba aprisionada entre los dos hombres, con ambas pollas hincadas hasta el fondo, llenándola, y abrazaba a Víctor, besándolo con verdadera pasión... “No puedo más, no puedo más..” dijo, poco antes de que el bombreo de ambos en sus dos repletos agujeros se convirtiera en violentos golpes que la sacudían hacia arriba , avisando de que no iban a moverse para sacar sus pollas al acabar. XX sintió como se corría cuando ambos empezaban a soltar semen, golpeándola y llenándola de un orgasmo lleno, emparedada y sintiendo los chorros de semen dentro de todo su cuerpo. Con un maravilloso alarido de placer, XX explotó en un largo orgasmo em brazos de sus "violadores", agarrándose al cuello de Víctor y mordiéndolo con pasión, para echarse hacia atrás y aullar de placer, contrayendo su interior contra las dos bombas de placer que acababa de recibir. Permaneció unos segundos así, disfrutando del momento, echando la cabeza hacia atrás; parecía descansar completamente en sus brazos, mirando a Víctor con los ojos semicerrados.

...

Y así le miraba, aún, cuando la recostaron en el sofá, con los ojos semicerrados y como dejándose vencer por el sueño. Víctor le acarició la cabeza y sonrió. “Duerme, preciosa”. Y que no pase nada más hoy, le dijo el jefe de los asaltantes.

Miraron a mi mujer acurrucarse en el sofá. Los tres se miraron, sonrientes, y cogieron sus ropas con cuidado de no hacer mucho ruido. Todos salieron del salón hacia el estudio, donde Marta y Carlos comenzaron a vestirse.

- Gracias, chicos – dijo Víctor.
- ¿Gracias? No me las habían dado tan impropiamente jamás.
- Gracias a ti, “Víctor”, dijo Marta. Me encanta esta mujer. ¿Ha estado su regalo a la altura de lo que esperabas?
- Claro – respondió Víctor.

Me despedí de ellos satisfecho. Al volver, me desvestí, besé a XX y se recostó sobre mi brazo. Siguió durmiendo plácidamente.

CONCURSO

Escribiremos un relatillo personalizado (no es mucho, pero tampoco da el asunto para regalar un microondas) a quien mejor nos explique qué cojones quiere decir "Jarely" con éste comentario posteado en uno de nuestros últimos escritajos ("Todo para ti II") así como qué extrañas y oscuras circunstancias rodean su vida. Copio y pego, tal cual, el susodicho galimatías:

hola como estas puedo a blar con tiojo me puedes madar tu coreo por fabor eres muy uapa el la novela de la verda o culta que buen calletada le diste a davit jenobes cuado se a caba la no bela sal en otra no bela ok te quiero muyo y ta bien dame tu coreo y el de davit jenobes por fabor no seas mala don de estas quiero cono serten berdad porfabor estoy en siudad victoria tamaulipas tu eres enojona pues mi mama es muyo casino los yeba a comer porque no tenemos un camioneta si bienes dale una acamioneta a mi mama por fabor sipbibo por el 21 y 22 abasolo numero de casa 509en la esquina esta un negosio d3e con putdoras se yama zoon pese con putadoras mi nume ro de casa 3150558y por fabor ya mameok te lo suplico ya mame me lo prometes ok te quiero mucho esres mui linda en berdad en la no bela te quiero eres muy luinda y qui siera que tu fura mi mama pero no lo ere ponte en mis mes iyer por faboor si me lo prometesy quiero que te casdes con dabit es muy lindo se con bierte en un polisia cordo el que bistes la otra bes que a bda ba medio yueco jajajaja esra dabit dile que se be muy feo a si con esos trapos jajajajajaja mi mama se yama ckarina y los peja muy resio y es sierto no te estoyt esyado mentira me estiendes mi mama sale del trabajo a las 8:00 pero biene saliendo alas8:30 a ti que dre or te te justa a mi el fut boll bueno a dios

http://www.lacoctelera.com/pareja/post/2006/02/18/xy-todo-ti-ii-#c654782

XY - Para una vez... (II)



XX teía la cara vuelta hacia la izquerda, con los ojos cerrados, atrapada entre los dos hombres.

- Si...
- ¿Sí qué?
- Que lo entiendo, joder, per...
- ¿Pero qué?
- Que no me gusta que me toques.
- Claro que sí... - dijo Victor, metiendo de repente sus dedos dentro del coño de XX, que abrió subitamente los ojos, de par en par - ¿O qué mierda es esto? - añadió, alargando su mano hasta llegar a su cara poniendo los dos dedos que había metido en su coño apoyados en su boca.
- Ha sido antes... ha sido ella.
- Ahh.. bien, que a la mujercita le gusta hacer la tijera. ¿Lo sabe tu marido? - dijo Víctor, comenzando a mover sus dedos dentro de ella.
- Sí
- Vaya vaya... ¿te follas guarrillas delante de él?
- S.. sí... siempre con él.
- Vaya, qué buena chica. - Víctor sacó los dedos de su coño y la volteó de nuevo, poniéndola de frente a él, mientras Carlos contemplaba su culo y le quitaba la falda.
- No, déjala - le interrumpió Víctor. Bajó su mano de nuevo a su entrepierna. - ¿y qué hace él, golfilla?
- ... primero mira, y luego, a veces, se une...

Mi esposa siguió contando, entrando cada vez en más detalles, haciendo malabarismos para entretenerles y que quedasen algo complacidos. Mientras XX hablaba, Víctor la masturbaba, y Carlos le sobaba el culo y las tetas desde atrás, pegándose a ella con todo su bulto en apogeo. Ella trataba de que la narración no resultase demasiado excitante porque notaba cómo ambos se ponían crecientemente cachondos a medida que iba hablando, Víctor la masturbaba más rápidamente y Carlos se apretaba más y más. En un momento, Víctor se dio cuenta de que mi esposa, al hablar e intentar evadirse, parecía relajarse ligeramente, y que incluso movía su cuerpo ligeramente al compás de la masturbación. Pero no podía estar seguro, porque veía cómo Carlos la follaba virtualmente (“será capaz de correrse ya”, pensó). Ella seguía hablando, y él metía sus dedos con facilidad. De repente los sacó.

- Y me... - XX cortó y abrió los ojos de par en par, encontrándose con una incipiente sonrisa de Víctor, trinunfal. Inmediatamente se acercó a su cara y volvió a hundir sus dedos en ella.
- Sigue contando, zorra. Como no me guste la historia te juro que vas a tener más carne que mis dedos en tu coño y donde se me ocurra. Habla y no nos pasaremos de la raya. - dijo, sin borrar la sonrisa triunfal.
- Entonces...
- Estás mojada, cerda. Te gusta que te soben, no lo niegues. - la interrumpió Víctor.
- No me gusta que me toques tú.
- Mentira.
- No...
- Pues qué mala suerte, porque me perteneces esta noche... esperaba que disfrutases. - y diciendo esto la agarró con toda la mano entre las piernas, empujándolas hacia fuera, y comenzó a follarla con fuerza.
- A ver cuanto aguanta la zorrita, Carlos. Vamos a comérnosla a ver si se le pasa el enfado. - ordenó Víctor. Acto seguido, Carlos se agachaba lamiéndole la espalda hasta llegar a sus nalgas. Las mordía y lamía mientras Víctor agarraba con la boca el pezón izquierdo de XX y bajaba sin dejar de masturbarla. Así bajó por su cuerpo hasta llegar a su hinchado clítoris y alargar la punta de su lengua hacia él. XX sintió ese leve roce al tiempo que la lengua de Carlos se metía entre sus nalgas hasta llegar a su agujerito, acosado ya durante un buen rato.

A mi esposa se le escapó un pequeño gruñido y cerró los ojos, mordiéndose el labio, cuando comenzó a sentir las lenguas recorriendo su sexo de arriba a abajo, con tres dedos follándola enérgicamente. Se arqueó ligeramente y tuvo que apoyarse sobre los hombros del tipo que le comía el coño.

- Yo quiero un castigo como ese – dijo Marta desde el sofá. XX abrió los ojos un momento, para verla con la mano entre las piernas, recostada en el sofá con el cubata en la mano. Volvió a cerrar los ojos, y parecía por su cara que le estuviese doliendo lo que le hacían, aunque su respiración se había convertido en frenética, moviendo su pecho igual que si estuviese excitada. Carlos pasaba su lengua arriba y abajo, y jugaba en círculos sobre el ojo del culo de XX, mientras Víctor chupaba y presionaba su clítoris moviendo la cabeza a un lado y otro, sin dejar de follarla manualmente.

- Mmfff... - era lo único que se oía a XX, que negaba con la cabeza al mismo tiempo. Sus manos se cerraron sobre los hombros de Víctor como garras, mientras comenzaba a abrir ligeramente las piernas. Se irguió ligeramente, para apoyar su otra mano en la cabeza de Carlos para estabilizarse, notando como su capacidad para mantenerse de pie por sus propios medios se reducía. Carlos introducía ligeramente su lengua en el culo de mi mujer. Víctor apretó su lengua contra el clítoris de mi mujer y comenzó a mover rápidamente su lengua, mientras introducía un cuarto dedo en su coño y los clavaba, dejandolos quietos, hasta donde llegaban. Ella gruñó, mientras desde fuera podía verse cómo llevaba su mano desde el hombro de Víctor a su cabeza; a la parte posterior de su cabeza, no buscando apoyo, sino apretándole contra sí, y haciendo lo mismo con la cabeza de Carlos que tenía detrás.

- Aaaahh... yaaa... mierda!... - dijo XX, abriendo los ojos de par en par y emitiendo un suspiro que para mí no deja lugar a dudas sobre lo que acaba de pasarle. Y Víctor le pasó la mano mojada de flujo por el vientre, separándose de ella con esa misma sonrisa triunfal, acentuada, y Carlos la atraía hacia el sofá, dejándola allí, con los ojos como platos y el ceño fruncido, mirando con ira a los dos hombres.

- Te ha gustado, cerda. Ahora vas a portarte bien y vas a hacer algo que seguro que sabes hacer de lujo. O más te vale aprender aceleradamente.

Se acercó. Cogió su mano y la llevó a su bulto. Ella se resistía respirando aún entrecortadamente, cuando Carlos hizo lo propio. XX no se movía, sólo mantenía las manos sobre los pantalones de los dos tipos. Victor acercó la navaja a su cuello. “No estoy de broma, puta. Te vas a arrepentir de no obedecer.” La pasó por sus pechos hasta llegar a su estómago. La agarró del cuello. “Te juro que no me voy a cortar para cortarte a ti”. Y diciendo esto, con la navaja paseándose por su ombligo, hizo un rápido movimiento sobre su estómago, cortándole ligeramente.

Pasó un dedo por la herida y con el hilito de sangre manchó su dedo, llevándolo a la boca de XX. Ella no cerró la boca, mirando con ojos como platos a la cara de Víctor, que introdujo su dedo en la boca de mi esposa; “chupa”, ordenó. Vacilando por un segundo, pero haciendo después lo que tenía que hacer para que todo saliese bien, chupó su dedo, y empezó a jugar con su lengua sobre él como tan magistralmente sabe hacer.

XX activó sus manos. Primero agarró los paquetes con fuerza sobre la tela vaquera, y mirando a un lado y a otro, fue poco a poco desabotonando los botones de ambos.

- Muy bien, golfilla. Mejor será que no te diga lo que queremos que hagas, o lo pasarás mal.

XX no es estúpida. Lo sabía, y había visto que no se andaban con tonterías. Metió sus manos dentro de los pantalones, agarrando con fuerza las dos pollas, momento que Víctor aprovechó para levantarse, seguido de Carlos. XX siguió el movimiento con sus manos, y bajó la ropa interior de ambos con maestría, dejando salir ambas pollas, de buenas dimensiones; primero las cabezas, y con un primer movimiento descendiente, recorriéndolas completamente hasta la base para hacerlas salir del todo. Recordó las palabras, las bromas, repetidas mil veces con alguna amiga “en caso de violación, relájate y disfruta”, y nuestros habituales juegos de resistencia a la follada. Observó que ambas pollas estaban limpias, relucientes salvo por el semen fresco que la excitación había puesto inevitablemente... y pensó que ese par de cabrones no habían hecho ningún viaje largo con esas pollas dentro del pantalón... a ver si lo tenían todo preparado, los muy hijos de puta...

... y comenzó a masturbarles, evitando mirar a los hombres a la cara. La mano de Víctor había llegado ya a su cabeza, acariciándola y atrayéndola. Con movimientos rítmicos, apretando con fuerza y cerrando sus manos sobre el capullo al subirlas, aprisionándolos y presionando para que sus manos opusieran resistencia al movimiento de bajada. Víctor levantó su barbilla para que le mirase, dejando claro que quería también ese contacto visual.

XX siguió masturbándoles, y retiró por un momento la mirada de Víctor para, rápidamente, meter en su boca la polla de Carlos, más gorda en la base que en la punta; inmediatamente volvió a clavar sus ojos en Víctor, apretando su polla con más fuerza que antes. La de Víctor era como la mía, más gorda en la punta, de respetable dimensión como ya he dicho, y al sacar de su boca la otra para engullir ésta, se hubiera dicho desde fuera que me estaba comiendo el rabo a mí. La tragó casi hasta la base, porque más no le cabía, y paró ahí, masturbando a Carlos y sacando aún la lengua para llegar a la base de lo que se estaba comiendo.

- Aaaahhh dioss... - gemía Carlos.
- Parece que sabe lo que le conviene... uff... parece que hasta la va a gustar esto, eh? - dijo Víctor, acariciándole la cabeza. Ella levantó la vista y lo miró con ojos de rabia; pero cuando esa rabia se ve en un rostro como el de mi mujer mientras te lame el capullo, puede confundirse con lujuria. XX pareció decidir que quería que acabasen rápido y siguió chupando cada vez con más frenesí; soltó sus pollas, que no necesitaban soporte alguno, para tirar de sus pantalones hacia abajo y agarrar por el culo a ambos tíos. Chupaba como una diosa felatriz. Masturbaba una polla y la otra, muy cerca, e incluso las acercaba para lamer ambas prácticamente al tiempo. Les acariciaba y presionaba los huevos, como hace conmigo, cogiéndolos en su mano mientras la engulle magistralmente.

- ¿Tienes ganas de recibir leche, verdad? ¿Eh? ¿Tienes prisa? - dijo Víctor. XX pensó en lo que querían que respondiera y dijo “sí, dadmela ya, ya!”. Aceleró la masturbación, lamiendo las puntas alternativamente, y atrajo a los dos hombres hacia sí. Pegó las pollas a sus pechos y llevó su boca hasta la base de ambas, chupando y mordisqueando el inicio de ambos rabos, masturbándoles ya sobre sus tetas, en busca de que la corrida cayese sobre ellas. “Vas a limpiarme el rabo, zorra.”. Carlos la agarró por el cuello mientras Víctor le metía el dedo en la boca, y ella suspiraba agitada mientras sentía enormes borbotones de semen estrellarse contra sus tetas, su cuello, sus ya muy sensibles pezones.

(Continuará, por supuesto: y seguro que más de uno necesitará llegar al final para pillar el truqui)

Fdo.: XY

XY - Para una vez... (I)



XX me dejó en la estación de tren sobre las nueve. Esa noche yo salía para Barcelona por motivos de trabajo. Un par de días solita en casa, que pasarían más rápido gracias a su curro.

Pero esa noche XX pasó antes de volver por el local de Elena para recogerla y tomar unas cervezas. Muy probablemente, a ésta se le pusieron los ojos como platos cuando vio a XX en la puerta. De cerveza a cerveza, y a sabiendas de que yo estaba fuera, Elena debió desplegar todas sus armas de seducción en la esperanza de ocupar mi sitio en la cama aquella noche, con XX para ella sola. El sentirse tan deseada por Elena la excita y alegra enormemente, y quizá por ello, simplemente para llegar a casa sintiéndose bien, la fue abuscar. La cuestión es que al cabo, tras unas cervezas, un par de besitos de contenida sensualidad y unos piropos y carantoñas, Elena acompañó a XX hasta la puerta de casa.

- ¿Puedo subir? - preguntó. - Así no duermes solita.
- Noo, que tengo que dormir - respondió XX sonriendo y acariciándole la barbilla.
- Dame un beso de despedida, entonces.

Y en la acristalada puerta de casa, de forma perfectamente visible desde el interior del portal, Elena hizo un último ataque. Se besaron apasionadamente; el beso se humedeció y transformó en un juego de lenguas. Las manos de Elena fueron del cuello de XX a sus pechos, entre sus piernas, explorándola con avidez.

- Veenga, tranquila - dijo XX, separándola con dulzura. - enseguida estará aquí XY y quedamos. Si quieres lo recogemos juntas, le aviso para que intente no venir muy cansado y abrimos una botella de vino en casa.
- Vaale, como quieras. Pero esta noche todo lo que hagamos Irene y yo será en tu honor, no te olvides.
- Yo tampoco me voy a dormir en cuanto llegue a la cama... que no soy de piedra, joder... hasta mañana, si quieres.
- Adiós.

XX se despidió y abrió la puerta.

- Buff... ha faltado un pelo... - dijo mientras subía la escalera.

Pulsó el botón para llamar al ascensor, y escuchó algo. Una milésima de segundo después, antes de que pudiera procesar la información y su cuerpo se pudiese poner rígido, una mano le tapó la boca y sintió algo frío por la espalda.

- Es una pistola. - dijo una voz.
- Y esto una navaja - añadió otra, mientras entr XX y la puerta del ascensor aparecía una mano provista de una mariposa de respetables dimensiones. XX se quedó inmóvil, conteniendo la respiración.

- Tranquila. Si colaboras, no te haremos daño. Déjame adivinar. - dijo la primera voz, pegada a su nuca. - ¿A que tu marido no está en casa?
- No, no está. - Dijo, tragando saliva.
- Si estuviera no te irías morreando y dejándote sobar por tías en el portal, ¿verdad? ¿Y cuando vuelve?
- Dentro de dos días.
- Pues vamos a subir a tu casa, a ver qué nos encontramos. Y espero que colabores. ¿Tiene que venir alguien esta noche a tu casa?
- No.

Abrieron la puerta del ascensor y subieron. Los dos tipos iban a cara descubierta. Ambos llevaban la cabeza rapada. El de la pistola era bajo, y el de la navaja bastante más alto. Los dos delgados pero fuertes, y con cara de no ser demasiado recomendables como yernos. Antes de salir del ascensor volvió a hablar el bajito, de la pipa.

- Ahora nos vamos a guardar el hierro. Pero sólo a guardarlas, hasta que entremos en tu casa. Si vemos a algún vecino saludaremos todos con normalidad. Y si no haces ninguna tontería no nos lo tendremos que cargar y, por tanto, no tendrás que tener un cadáver en casa. ¿Está claro?
- Clarísimo.
- Al llegar, irás habitación tras habitación cerrando puertas y ventanas; te seguiremos y estarás encañonada todo el tiempo. No hagas tonterías, te lo repito. ¿Entendido?
- Entendido. - respondió XX, templada.

Al llegar, XX cerró todas las puertas y ventanas. Desconectaron también los teléfonos, salvo uno, el del salón, y guardaron los cables. Le confiscaron el móvil.

- ¿Hace falta que te ate?
- No.
- Bien. Dinos dónde hay dinero, joyas, etc. Cuando acabemos con lo que nos digas, buscaremos nosotros. Y reza porque no se te "olvide" nada que vayamos a encontrar después.
- En las lejas...

En nuestra casa no hay gran cosa, la verdad, salvo a veces dinero en efectivo. XX llevó haste el estudio al tipo alto, llamémosle “Carlos”. Al entrar, XX se volvió desafiante tras una palmada en el culo.

- ¿Qué pasa? - Dijo él, alzando la navaja. - Tira palante. - lo que XX obedeció.
- Vaya par de tetas – dijo de nuevo, alargando la mano para coger el dinero. - Anda, desfila para el salón. - añadió. Se hizo ligeramente a un lado, dejando poco espacio entre él y la pared. Cuando XX intentaba pasar, la paró con la mano en el vientre, muy abajo, y se acercó a su cuello para darle una lamida. - Porque nos tenemos que largar, preciosa... que si no te ibas a enterar de lo que es bueno.

XX sabía en qué situación se encontraba. No hizo ningún gesto de rechazo. Se quedó inmóvil hasta que él permitió que continuase de vuelta al salón. Al llegar, el de la pistola estaba hablando por teléfono.

- ... ¿Que qué? Mierda... Espera un poco, anda por la avenida para dar un rodeo y vuelve por la calle de la iglesia. Ve muy lenta por ahí hasta llegar al portal, por si te los tropiezas. Intenta no entrar si están cerca. Es el 4º Dcha. Pero si te los cruzas, los miras, ¿estamos?... vale... tranquila, hasta ahora.

- Es Marta, que viene de camino. Dice que hay dos coches de nacionales dando vueltas por ahí.
- ¿Buscándonos?
- Puede ser.
- Pues vamos a esperarla y hablamos. Jodeeer... - parecía que comenzaba a ponerse nervioso.
- He visto que tienen ordenador. Vete a mirar páginas guarras y te relajas. Déjanos solos mientras Marta viene.
- Coño, mejor me quedo yo con ésta y me relajo más.
- Anda, lárgate.
- Vale, pero no hagáis nada malo sin mí.

XX se quedó a solas con el de la pistola. Llamémosle “Victor”. La cabeza gacha, pensando mira tú qué casualidad, justo el día en que me quedo sola. Se descubrió a sí misma tranquila y templada. ¿Porqué no iba a estarlo?, se dijo. Su propio temple y el alcohol que había bebido daban para eso y más. Sólo había que obedecer y esperar. No la habían golpeado, ni hecho el amago, todavía.

Victor paseaba por la habitación, seguramente intentando calmarse. Idea, pensó XX.

- La policía patrulla mucho por aquí. No creo que os estén buscando. - dijo XX.
- Cierra el pico, golfa – respondió él, airado. Hasta ese momento parecía el más calmado, amén de dar órdenes al otro. - No me mientas o la vas a liar gorda. Me gano la vida así, de manera que no me tomes por imbécil.
- Bonita forma de ganarse la vida – se le escapó a XX, en voz no lo suficientemente baja como para que Víctor no la oyese. Se quedó parado mirándola. XX se retrajo, como con miedo, bajando la mirada consciente de su error.
- Quítate la camisa.
- ¿Qué?
- Que te la quites, por bocazas. - dijo, apuntándola – Vas a pasar vergüenza por lengua larga.

Se quitó la camisa, sin poder evitar una actitud desafiante.

- Buena delantera.
- Que te follen.
- Cuidado con lo que dices, a ver si te tengo que tapar la boca.

Tocaron a la puerta de casa. Victor se acercó a la entrada del salón. Carlos abrió la puerta.

Apareció una chica no muy alta, joven, de pelo negro y corto. XX pensó que en otras circunstancias le hubiera producido una confianza total. Parecía una niña bien, y además venía asustada.

- Joder qué mal lo he pasado... – entró diciendo, hasta mirar a XX – ahí va, cómo os lo estáis pasando vosotros, no?
- Oye, tío, que te he dicho que no hicieras nada – dijo Carlos, entrando también.
- No hemos hecho nada, y no me toques los cojones. ¿Te los has tropezado... Sonia? - y ambos sonrieron ante el nombre improvisado.
- Sí. Y se me han quedado mirando los cabrones.
- Les habrás gustado.
- ¿Y qué coño hacemos, eh? Me acojona salir.
- Pues nos quedamos aquí esta noche, y ya saldremos por la mañana. Nos turnamos para dormir y ya está. - zanjó Víctor. Los otros dos lo aceptaron con absoluta confianza y cambiaron su expresión cuando él acabó de hablar. XX supuso que no debía ser raro que fuese él quien solía mantener la calma.

“Mierda”, pensó XX. “¿Toda la noche aquí?”.

- Pues habrá que quedarse aquí. - secundó Carlos finalmente.
- Al final vas a pasar la noche acompañada, golfilla. - añadió Victor mirando a XX - Sácanos algo de beber, anda.

XX se levantó, obediente, pensando en toda la noche sola con los tres personajes. Supongo que todo puede pasar sin males mayores, se dijo. Vienen, roban, pasan la noche y se largan. Si van a cara descubierta no les preocupa mucho que les identifique. Porque se van muy lejos... o porque no me piensan dejar en condiciones de identificar a nadie. Mierda. Su expresión cambió por el miedo tras ese pensamiento. En ese momento, al acercarse al botellero, sintió que le paraban por detrás. Era la tal Marta, junto a Carlos. Se habían levantado tras ella. La rodearon y él, con una mano, abrió el botellero. “A ver que tenemos aquí”, dijo ella. Una mano se abrió paso por su estómago hasta sus pechos. Carlos, mirando con guasa el botellero, y añadiendo “no está mal, a ver...” mientras le agarraba una teta y la apretaba, fugazmente. “Sácate el Whisky o el vodka, lo que quieras”. Se dio cuenta de que él se retiraba. La tipa aún, antes de seguirle, le pasó un dedo por el cuello a mi mujer. “Para mí la ginebra, si no es molestia, nena. Y sírvete algo tú también, que si no nos acompañas bebiendo algo me van a dar ganas de dar hostias esta noche”, terminó con una absurda salida de tono. XX respiró, miró el botellero, se concentró y dio con las botellas procedentes. Se dirigió con ellas a la cocina.

- Voy a dar otra vuelta por la casa mientras tanto, dijo Víctor.

Carlos pasó un rato hablando con la tipa, mientras XX servía las bebidas entre palmadas en el culo y besos lanzados e intentaba sentarse lo más lejos posible de ellos. Intenaba llevarlo todo con la mayor indiferencia. De igual forma, pensaba, voy a estar asustada... cuanto menos se note fuera, mejor.

“¡Ey!” se oyó la voz de Víctor a través del pasillo, “¡Mirad lo que he encontrado!”. XX bajó la cabeza. Lo sabía. Cuando el tipo volvió al salón, sonriente, llevaba en la mano sus juguetes: una caja con un par de vibradores, un molde de mi polla, unas bolas chinas y una polla doble, de esas que tienen capullo por ambos extremos. Para juegos de chicas.

- Vaya con la niña... y eso no es lo mejor. En el armario he encontrado un cajón que sólo tiene ropa para matar. De esa que no se compra ni en lencerías decentes.
- Vaya, vaya, guarrilla – añadió Carlos, cogiendo el pene doble -... te podías haber subido a tu amiguita para enseñarnos cómo se usa. Mira Marta.
- Sé como se usa, enfermo.
- ¿Ah, sí?
- Sí, y ya lo he gastado, además.

Víctor se acomodó junto a Marta, y Carlos se sentó junto a ella, examinando los juguetes. Aunque en seguida los dejó de lado para comenzar a dirigirse a XX, “¿me vas a enseñar cómo se usan estas cosas, belleza, eh?” “Tú te lo pasas bien con tus juguetes y yo mirándote, eh? ¿Qué dices?”. XX bebía pensativa, la cabeza gacha, como ignorándolo todo hasta que fuese irremediable. Casi no tenía duda de lo que la esperaba. Hizo una mueca de furia pensándolo.

- ¿Le puedo tocar las tetas otra vez?
- Si ella se deja, claro.
- ¿Te dejas?
- No.
- ¿Y si no se deja?
- Pues también puedes.

Carlos alargó su mano y la metió dentro del sujetador. XX dio un respingo. Víctor se levantó con la pistola en la mano, apuntándola. Se puso frente a ella.

- Venga, coño, que no va a hacerte daño. Déjale tocar un poquito. O se pone la cosa fea de verdad. Lo que tú quieras.

La tal Marta se acercó por detrás a Víctor y le rodeó la cintura, mirando fijamente a XX, que sentía en el cuello el aliento de Carlos mientras le sobaba ambos pechos a dos manos. Ella se retraía y parecía encogerse.

- ¿Cómo podéis tener ganas de fiesta esta noche, con la que está cayendo?
- Hay que afrontar las cosas con optimismo y calma. Y lo que calma, calma. – respondió Víctor.
- Pues relájate y disfruta, nena, que no son malos machos. Te lo juro.

Víctor se sentó a su lado, y le acarició rudamente la cabeza.

- Quítale el sujetador, coño, que se las vas a desgastar sin que pueda vérselas.

XX intentó levantarse. Víctor la sentó de golpe.

- Quieeta... no te vamos a hacer daño, preciosa. Si colaboras no nos propasaremos demasiado.

Mi esposa recibía el sobe de Carlos lo mejor que podía. Víctor se agachó y le abrió ligeramente las piernas, paseando la pistola por el interior de las mismas y mirando a XX fijamente a los ojos. Ella le aguantó la mirada por un momento, pero en un chispazo de lucidez miró al techo, tratando de adoptar una actitud como impasible ante el repaso que le estaban dando, y que incluso la hacía tambalearse sentada en el sillón.

- Quiero verte bien el culo, nena. Levántate. - XX respondió con una mirada colérica, pero se levantó. Carlos se levantó con ella y sacó sus tetas fuera del sujetador mientras XX lo miraba con odio - Date la vuelta que te vea bien, coño... - añadió Víctor, empujándola para que se voltease.

Levantó un poco la falda, y se agachó. Metió su cabeza entre las nalgas de mi mujer, oliéndola. La agarró de los tobillos sin quitarle las botas de tacón alto, y subió acariciando las rodillas, los muslos, apretando cada vez más el tacto, hasta llegar a las bragas, levantando la falda. Una vez ahí, le separó las piernas y le agarró el coño con una mano, mientras le levantaba la falda y le sobaba el culo como un cerdo. Carlos no había parado de mesarle las tetas, y ahora le daba pequeños besos y lamidas.

- Una falda facilita de quitar, eh? - le siseó al oído - Joder con la esposa, cómo se pone para salir por ahí cuando se va el pariente. - Le apoyó la mano en la espalda, y de un fuerte tirón arrancó la mitad de las bragas. XX cerró los ojos y se impulsó hacia delante, empujada y huyendo, contra Carlos, que la sostuvo contra su cuerpo. Pudo notar por primera vez una enorme erección.

- ¿Quieres que se enteren de que estás mojada todavía? ¿Eh? - le dijo Víctor al oído. - ¿O te estás mojando más?

Para decir esto se le pegó completamente, acercándola a él. Carlos se agarró a su teta y bajó la mano hasta su entrepierna, besándole el cuello.

¿Qué pasa? ¿Se te deshace cuando te tratan como te mereces, eh? -a añadió Víctor.
-De... dejadme... - dijo con voz entrecortada XX.
- No quieres que te dejemos... y si quieres dejarás de querer, ya lo verás preciosa. Si no te portas esta noche como una buena puta y nos dejas a gusto no vas a ver amanecer, ¿te enteras?
- s.. sí.

(Continuará, claro)

Fdo.: XY


XX - En tu trabajo, mi amor (II)

No sé si no podía contener mis gemidos, o no quería. Sé que al principio lo intentaba, pero llegó un momento en el que creo que empezó a darme igual. O incluso... puede que me gustara que ella me oyera.
No era la primera vez que XY me follaba en el trabajo, desde luego, pero siempre había sido estando a solas, al menos hasta que alguien llamaba al timbre y lo teníamos que dejar. Alguna vez incluso, le comí la polla en la salita de empleados mientras un cliente en la sala de al lado esperaba que yo volviera con los resultados. Pero nunca me la había jugado así, completamente expuesta a que María, con lo amiguita que viene siendo últimamente del jefe, se fuera de la lengua y mi puesto de trabajo se viera en serio peligro. Y allí estaba yo delante de mi atónita compañera, mirándola, con mis manos apoyadas en la mesa revuelta de historiales, dejando que XY me empotrara brutalmente desde atrás. No intenté esconderme, no me vestí aprisa mientras silbaba disimulando; sólo me quedé mirándola, con una evidente invitación a disfrutar del espectáculo.
Será que en el fondo sabía que ella iba a terminar siendo tan culpable como yo.
"Mira a tu amiguita, cerda. Te está comiendo entera con la mirada, ¿lo vés?"
Qué ciertas las palabras de XY. Efectivamente, María me comía con los ojos. Y efectivamente yo, toda cerda, la miraba con cara lujuriosa mientras ella se mordía los labios de deseo.
Sí, su repuesta no fue tampoco mirar hacia otro lado y marcharse haciéndose la despistada, sino que quedó enganchada a lo que allí ocurría. No le pareció mala idea participar de tan atractivo descanso, bien podía sustituir a un amargo café soluble; así que, ante la invitación de XY, había atravesado el quicio de la puerta y estaba ahí, a la espera del siguiente paso.
No sé si por instinto o por experiencia, pero ella se adaptó perfectamente a la situación ante la que se encontraba: XY era en ese momento el amo de lo que ocurría, y si algo debía hacer ella sería por expresa orden suya; así que permaneció ahí de pie aguardando instrucciones.
- Te gusta el espectáculo, ¿eh? - dijo XY, y María asintió con la cabeza sin dejar de mirarme - ¿Te gusta? ¿Te gusta?
- Me encanta ver cómo disfruta - contestó al fin ella.
- Vamos, acércate más, si lo estás deseando - y María se plantó a dos palmos de mi cara, desde el otro lado de la mesa -. Y tápale la boca a esta guarrilla o los gritos se van a oir desde la calle.
Obediente y complacida, acercó su boca a la mía hasta detenerse casi rozándome. Aunque yo intentaba sujetarme fuerte, las embestidas de XY balanceaban todo mi cuerpo, así que mis labios golpearon los suyos mientras ella permaneció ahí, seis o siete toquecitos; ya no pude esperar más: saqué mi lengua, buscándola, y respondió enloquecedoramente metiéndosela sin miramientos en la boca, con una leve succión. No se puede decir que me besara, más bien me estaba "comiendo el morro": mordisqueaba, lamía y metía la lengua en pequeños y sabrosos movimientos, o ambiciosamente hasta lo más hondo que pudiera llegar. Mis gemidos retumbaban en su boca, lo que parecía encenderla aún más.
XY salió de dentro de mí y se separó, no sé si para evitar correrse, pero yo en ese momento no lo pensé; me giré con cara enfurruñada y le puse morritos.
- Qué pasa, ¿también te gusta lo que doy yo? ¿No te basta con tu amiguita? - dijo él con una sonrisa pícara.
- Sabes que quiero polla. No pares, dame un poquito más...
Me volvió a dar la vuelta de espaldas a él, pero completamente de pie. No necesita especiales facilidades para poder penetrarme, su enorme miembro llega muy bien a todas partes. Así que, estando así, me la colocó de nuevo a la entrada de la vagina y empujó; una vez dentro, señaló a María dónde debía colocarse: ante mí, arrodillada en el suelo, con su boca a la altura ideal para recibir la siguiente orden:
- Si le has comido así la boca, vamos a ver lo que le haces en el coño - y, enganchándola del pelo, la atrajo hacia mí.
Por supuesto, yo entreabrí las piernas para dejarla hacer, y ella se puso a lamerme el clítoris con avidez. La sensación que tuve fue de completa entrega, pensaba que no podía disfrutar más, con mi marido enganchándome las tetas y follándome con cuidado, y María lamiéndolo todo. Se agachaba para alcanzar incluso a lamer la polla de XY mientras entraba y salía de mí. Joder, eso me encanta. No es sólo el placer que siento yo; es saber que él está al límite, envuelto por mí y por su boca a la vez, teniendo chupado y empapado en saliva todo lo que no llega a estar dentro de mí.
Se notaba que ella disfrutaba también. Gemía y se afanaba en su tarea, y sólo algún momento paró y se apartó unos centímetros para poder observar bien su campo de trabajo, lanzándose hambrienta de nuevo hacia mis labios o hacia sus huevos.
- ¡Joder! ¡No pares! - le dijo XY, aunque no parecía que ella pensara hacerlo. Estaba claro que le gustaba su papel (y por supuesto a nosotros nos encantaba). María se puso una mano entre las piernas y empezó a frotarse con rapidez, como diciendo "ya no puedo más", y nos chupó de forma caníbal, intentando meter la lengua dentro de mí a la vez que lo hacía XY con la polla. Su cara ya estaba empapada de flujo y de saliva, seguramente sus bragas chorreaban también, yo pensaba que me moría y por los lloriqueos de XY él estaba también a punto de reventar. Viendo que superaba mi punto de autocontrol grité: "Mierda, ¡joder!, ¡córrete!, ¡dánoslo ya, empápanos!, sí, suéltame ya el gran chorro que tienes para mí, ¡sí, sí, SÍÍÍÍÍÍ...!!!

Al final, ambos teníamos razón. María me deseaba a mí, pero también le gustaba calentarle la polla a XY. "Desde luego, para terminar follándote a una tía no hay nada como mostrarle a él, lado animal de la pareja por excelencia, lo guarra que puedes ser con su chica", llegó a confesar después. Pero en cualquier caso, el envite fue que si ella era bollera (o bi) y yo le gustaba, luego el ganador fue XY. Así que en nuestra siguiente escapada a la playa, decidió él, como ganador de la apuesta, cómo pasar el rato. Me encanta perder estas apuestas con él...

Fdo.: XX

XY - Todo para ti (II)



Me aseguré de que el caserón quedase sólo para nosotros. XX y yo llegamos el Viernes por la noche, bastante tarde. Si todo iba según lo planeado, todos los demás, debían estar ya allí. Pero nos cruzamos con Juan Vicente y María.


- ¡¿Pero qué hacéis vosotros aquí?! - exclamó XX, dirigéndose hacia ellos.

A Juan Vicente y María los conocimos por internet, y no habíamos pasado de un par de cenas y alguna insinuación. Nos había parecido siempre que a María le apetecía, ante todo, explorar su bisexualidad con XX. Y XX se sentía siempre halagada por ese punto de timidez que aún conservaba María, siendo siempre especialmente cariñosa y dulce con ella. Evidentemente, no estaban ahí por casualidad. Y a buen seguro, XX llegó a pensar que yo les había traído para que, al fin, algo pasase, aunque no llegó a comentarlo, probablemente por falta de seguridad.

Muy convincentes y sorprendidos, explicaron lo acordado: que habían visto una oferta en la red y que habían tirado de abuela para dejar al nene, que guay, fin de semana romántico y relajante, y que mira tú por donde, vaya casualidad, qué maravillosa sorpresa encontraros aquí. Pero que ya que nos habíamos visto (que ni hecho a posta, añadió Juan Vicente) pues que lo pasáramos juntos, y tal. Pero estaban muy cansados del viaje y les apetecía mucho irse a dormir. Se levantarían temprano. Casualmente, como nosotros. Esa noche, las fantasías de XX con María la dulcificaron sumamente en la cama.

[...]

Al día siguiente nos despertamos temprano. Yo, por supuesto, no me desperté de buenas, porque apenas soporto habitualmente que me dirijan la palabra antes del primer café. XX se metió a la ducha, mientras yo, para no largarme antes que ella, perdiéndome los segundos anteriores a la sorpresa, me preparé un carfé soluble, aún en la preciosa y enorme habitación; con su enorme cama. Me senté a verla ducharse, café y tabaco ya mediante. Adoro verla mojada.

- No he dicho nada - dije - porque me apetecía verte en la ducha, pero ahora después nos vamos a la piscina y/o al jacuzzi.
- ¿Sabes si hay mucha gente en la casa? Parece un hotel pequeño, más que una "casa rural".
- Está preparado para un máximo de 18 personas, pero el Miércoles me dijeron que sólo habría catorce.
- Bueno. Me da igual que me oigan gritar - dijo haciendo preciosos pucheritos y con una maliciosa (también preciosa) sonrisilla.
- GUAPA.

Acabó de ducharse, y salimos, atravesando el pasillo del piso superior, grande y empedrado como toda la casa. Las habitaciones y la sala de juegos estaban allí. Esa sala, abierta, tenía un par de billares y futbolines, una mesa de pin pon y silloncitos con pequeñas mesas. Descendimos por la escalera hasta el piso inferior, pasando a un enorme salón, dominado por una chimenea que hacia estancia con tres hermosos sofás de cuatro plazas. Había otros dos grupos de sillones y sofás, en alturas levemente distintas, destacando, en el centro, una mesa grande, redonda gruesa y de madera tan oscura como la del suelo.

Lo atravesamos, pasando junto a la puerta que daba al pabellón de los jacuzzis, saunas y piscinas. Al pasar, mis ojos se clavaban en la puerta. Espera un poco, pensé. Atravesamos también el vestíbulo donde habíamos encontrado a JV y María por la noche, para llegar a la cocina.

Preciosa. Estaba preciosa, con esa expresión anonadada y alegre, abriendo cada vez más esos ojazos como ventanas, conforme iba reparando en Carlos y Álvaro (una pareja de maricones amigos nuestros, Carlos, además, mi abogado), Eva y Andrés, Elena e Irene, David y Ángela, Pedro y Ana, y también Juan Vicente y María; salvo estos últimos, todos, en alguna ocasión, compañeros de juegos además de amigos.

El saludo fue general: nos esperaban, y XX, claro, lo supo inmediatamente. Me miró y me sonrió, exultante, me besó y fue saludándolos a todos entre los preparativos del desayuno; que como te va la vida, que cuantos meses sin vernos, que a ti casi no te conozco con tanta ropa, y esas cosas.

Estaba gratamente sorprendida, así que respiré. Siempre me ha aterrorizado preparar una sorpresa y que no resulte grata. Lo cierto es que me lo curré. Conseguí traer a casi todos los que me propuse, hablándoles de la ilusión que le iba a hacer, que si era mi regalo atrasado de cumpleaños... pero todos los que estaban allí, ante todo, habían aparcado compromisos ese fin de semana, y habíanse dejado la pasta, porque además de ilusiones y aniversarios, les había contado lo que quería de ellos ese fin de semana. Y claro, a mi propuesta era difícil resistirse.

- Te quiero - me repitió cien veces, durante el desayuno, mi esposa.

Tal como habíamos hablado, fueron sutiles y cuidadosos para echarle piropos o hablarle de lo guapa que estaba, no fuera a ser que se descompusiera de rubor ante tanto halago. Que si qué guapa, que lo que te has hecho en el pelo te sienta de muerte, etc.

Unos cuantos cafés más tarde, Carlos y Álvaro dijeron que sí, que muy bien, pero que ellos se largaban al jacuzzi, y Ángela y David hicieron lo propio. XX charlaba animadamente con Irene y Elena, que en más de una ocasión acompañaron sus piropos de cariñosos y estrujados besos en los morros. Juan Vicente y María se unieron al corrillo mientras yo me levantaba para ir a la habitación, a por ropa de baño, toallas y la cámara de fotos. De camino, me crucé con Eva, que andaba en la misma operación.

- Que sepas que me parece precioso. - me dijo, deteniéndome.
- ¿Esa es la palabra? - pregunté, sinceramente. - Supongo que depende de por donde se mire.
- Puede ser muchas cosas, pero no deja de ser precioso. Y para más de uno de nosotros es también una alegría personal... que sé que hay alguna por ahí que se va a estrenar con tu joya.
- Ya sabes que me gusta mirarla. Me importa lo que ella disfrute, sea como sea.
- No seas tan tiquismiquis, anda. Que también te va la marcha.
- Tira por ahí. - le dije, disponiéndome a entrar en la habitación.

Y luego, volviéndome, añadí desde lejos que bueno... que una cosa no quita la otra.

[...]

Cuando le llevé las cosas de baño, ya andaban, además de la parejita de lesbianas y JV con su chica, Pedro y Ana haciendo corrillo charlando con XX. Al llegar, la besé en el cuello y le dije que se preparase, que nos íbamos al agua también. Agarró las cosas enseguida, y se disculpó. Pero casi todos mostraron también su interés por las burbujas, produciéndose un éxodo generalizado a las habitaciones.

Al traspasar la puerta del gran salón que daba al pabellón, habia una separación teórica entre los vestuarios de hombres y mujeres. Pero, como suponíamos, sólamente se oía ajetreo en un vestuario (concretamente, el de chicas). Entramos en él y lo encontramos vacío. No obstante, en una de las duchas se escuchaban impúdicamente los inconfundibles y agudos grititos de Ángela. X les golpeó la portezuela: “chicos, que aproveche, a ver si acabáis antes de que salgamos del jacuzzi”. Una pequeña ralentización de los gemidos y un “joder sí, no puedo más” fueron la respuesta. Nos dispusimos a cambiarnos. XX se despojó de la ropa y sacó el bikini. “¿Me pongo todo, nada o la parte de abajo? Supongo que con la gente que me has traído no tendrás reparos.” Sonreí, mientras mi media erección mañanera se convertía en completa estaca. “Haz lo que quieras”, comenté, mientras los gemidos de la ducha se escuchaban aumentando de ritmo, haciendo a XX prestarles atención. “Han empezado pronto”, me dijo. “No nos vamos a quedar atrás nosotros, ¿no?”. Me acababa de quitar el pantalón y andaba con el bañador en la mano, que no me dejó ponerme.

Se dirigió al centro de vestuario, se apoyó en el banco central, ofreciéndose desde atrás y mirando a la ducha ocupada. No me hice de rogar y me dirigí hacia ella, agarrándole fuerte de las caderas, buscando su precioso agujerito y empujando. Tenía el coño deliciosamente apretado, aunque húmedo. Apoyé mi polla en su entrada y la fui penetrando, acompañado de un fuerte “aaaahhhssííí” por su parte. Notó el enorme gusto que me daba su coñito apretado y me succionó más, con su maravilloso control de los músculos vaginales. Podría haberme quedado parado así, dejando que ella contrajese para correrme en apenas un minuto, pero seguí empujando mientras ella elevaba el volumen extrañamente. Los grititos de Ángela se relajaron, y se oyó que le decía algo a David, nada claro, dentro de la ducha. De repente, y cuando yo ya andaba venciendo su “resistencia” para metérsela hasta el fondo, la portezuela de la ducha se abrió de un golpe, lo justo para ver cómo David, un verdadero mostrenco musculado, la había abierto para volverse de nuevo hacia Ángela, que estaba de lado con respecto a nosotros, morenilla, pequeñita y enjuta: parecía siempre un juguete en manos del animal que tenía por novio.Andaba apoyada en la pared de la ducha, sonriente, mirándonos. “¿Te han entrado las prisas al oírnos, eh? No tienes arreglo, guarrilla”. “Me encanta veros”, respondió XX. “Pues mira, mira, y corre que estoy a explotar desde que habéis entrado, jodeeer...”. Segui dándole a XX, agarándola del cuello con una mano y sosteniéndome de la barra sobre el banco con la otra, a golpes pausados y fuertes, mientras ella gritaba “dámelo ya” una y otra vez, alargando una mano hacia atrás para cogerme los huevos. Tuve que hacerla esperar un poco hasta que su desesperación, su presión y el morbo de la situación me exprimieron; la avisé justo a tiempo, se corrió como un cohete junto a David y Ángela, que ya no aguantaban más, y yo me fui sobre su espalda. Me mantuvo agarrado por los cojones, mientras miraba a su amiga y recuperaba el aliento.

- Joder nena... tienes la jeta más maravillosa del mundo cuando te follan. Me pasaría la vida mirándote. - dijo Ángela.
- Anda, claro, y a mí que me den por culo, no? - añadió David sonriendo.
- ¿Qué pasa, que a ti no te gusta? - dije, fingiendo enfado en tono de broma.
- No, no, claro que sí, joder, me encanta – respondió.
- ¿Qué? ¿Estás diciendo que te gusta mi novia, eh? ¿A que te parto la cara? - seguí.
- Tranquilo, cariño, luego me partes a mí el culo si quieres – añadió XX, bromeando, mientras le pasaba a Ángela una toalla por la espalda y se la daba. - ¿Me pongo algo entonces, mi vida?
- Sí, ponte el bikini, que me gusta. Ya te lo quitas cuando yo te diga.
- Vale. Y acuérdate de que me tienes que echar autobronceador, que se me ha ido la cabeza.

[...]

En la piscina, enorme por cierto, de 50 metros de largo, estaban haciendo largos Pedro y Juan Vicente, a los que se unieron David y Ángela en cuanto salieron del vestuario. En uno de los jacuzzis, Carlos y Álvaro se hacían mimos. En el otro se habían metido Eva, Elena, Irena y Ana. María debía andar en la sauna. Al llegar, XX dijo que jacuzzi de nenas y jacuzzi de nenes, que yo me fuera con Carlos y Álvaro, que ella se iba al otro. Jo, respondí. Pero, impúdicamente cortarrollos, me metí en el jacuzzi y les robé un rato. Aproveché para pedirles a ambos algo especial para algún momento del fin de semana. A lo largo de la conversación, escuché un par de veces a XX decir que le estaban metiendo mano, que socorro, y tal, medio en broma medio en serio. Lo que sé es que, cuando por fin abandonó el jacuzzi femenino y se vino conmigo, me sonrió, colorada como un tomate. Supuse que algo había pasado bajo el agua, y que ya me lo contaría. Lo que yo le prohíbo expresamente es que haga nada con hombres sin mi consentimiento.

Se metió con nosotros en el jacuzzi. Venía juguetona de nuevo, y, en medio de una conversación profesional, empezó a masturbarme bajo el agua. Álvaro se dio cuenta y empezó a hacerle aguadillas, diciendo que me dejara en paz un rato. “No me da la gana”, respondió XX. “Te advierto que somos tres contra una”, dijo Carlos. “¿Y qué me pensáis hacer, abusones?”. La abrazé por detrás. “Podemos hacerte lo que queramos o lo que quieras”, le dije. “Estás tú muy tonto hoy, no?, o muy fantasma.”. Carlos y Álvaro se le acercaron despacio, cogiéndola de las manos y las piernas. Yo no tuve que hacer apenas ningún esfuerzo para entrarle dentro, desde atrás. La sostuvieron fuertemente, aunque no hicera falta, mientras yo la movía, sentada encima de mí, arriba y abajo, hasta provocarle de nuevo el orgasmo.

[...]

- No os hartéis mucho de comida, chicos, que el plato fuerte se sirve a los postres. Hemos traído un capazo de bandejas de dulces fríos y normales, hay fruta, cuerno con merengue... así que comed con prudencia, que no os podéis quedar sin hartaros al postre. - Abrió fuego Carlos.

La comida se desarrolló con normalidad. Hablamos de lo estupendo del sitio, nos reímos... y Álvaro volvió a agradecerme que hubiera organizado el fin de semana.

- ¿No te ha ayudado XX? - dijo maliciosamente Pedro.
- No, qué va. Quería que fuera una sorpresa, y sobre todo una sorpresa para ella. - respondí.
- Ella parecía sorprendidísima - comentó Eva - Pero no le disgustó vernos, ¿a que no?
- Qué va, guapa. ¿Por qué me va a molestar? - respondió XX, sonriente.

Elena, que estaba sentada al lado de XX contrario al mío, terminó rápidamente de comer. Recogió sus cosas, las dejó en la cocina y volvió, para posar sus manos sobre los hombros de mi mujer.

- ¿Te doy un masajito, reina?
- Ay sí, que me viene doliendo el cuello. - respondió XX, acariciándole una mano. - Pero no me llames reeeina...
- Pues si vas a ser la reina aquí, ya lo verás.

XX me miró en ese momento de reojo. La firmeza con la que Elena pronunció esas palabras acabó de delatarme, y mi esposa estaba casi segura ya de que todos estábamos ahí por y para ella... y que yo era el culpable, claro.

Comenzó a masajearla, como buena profesional que es (Elena es fisioterapeuta, para más señas, y una buena masajista), mientras los demás seguíamos intentando hacer como si tal cosa. A pesar de los esfuerzos, ya se dejaba ver que la tranquilidad no era la misma. Carlos y Álvaro andaban besándose y haciéndose carantoñas, apartados de la conversación. Eva y Andrés cuchicheaban y de cuando en cuando miraban a XX.

La conversación se ralentizaba poco a poco, y casi todos los platos estaban llenos; lo cual, a pesar de la advertencia inicial de Carlos, no era demasiado normal tras una mañanita de piscina y baños para todos. Algunos cubiertos, incluso, se dejaban caer sobre los platos con excesivo ruido, como queriendo hacer una llamada de atención, oye, que ya hemos comido, ¿cuando viene el postre? Y Elena, pobrecita, llevaba ya un buen rato de cierta calentura sobando a XX, por lo que tenía prisa por llegar al momento en cuestión.

- Chicos... ¿os apetece ya tomar el postre? - dijo.
- Sí, voy a ir sacando las cosas - añadió Alvaro, levantándose hacia la cocina, seguido de su novio.
- ¿Qué hay? - pregunté yo.
- Fruta, bandejas de dulces del tiempo y fríos... y cuerno con merengue.
- Olé. - sonreí. - Me da que voy a tomar postre hoy yo también.

Fueron trayendo las cosas, ya con libres expresiones de excitado júbilo. Elena ya masajeaba a XX con los labios apoyados en su frente, los pechos rozándole la nuca, impaciente.

- Sinceramente, estoy un poco harta de platitos. Me aburren - dijo Eva.
- ¿Hay mejor opción? - preguntó Andrés, con una sonrisilla pícara.
- A ver... - dijo Elena, abriendo ligeramente la parte superior del camisón de XX y acariciando su escote suavemente, con un dedo - ... pues a lo mejor sí que hay un sitio mejor. - XX me miró en busca de aprobación, mientras las caricias comenzaban a hacer que sus pezones se marcasen, y mi sonrisa, todo lo dulce que conseguí dársela, le confirmó mi acuerdo. Aún me miraba con tranquila lujuria cuando dio la orden de salida. Apoyó su cabeza en el vientre de Elena y elevó los brazos, llevándolos hasta el cuello de su amiga, arqueándose sobre la silla.

- Bueno... - dijo - ... si puedo yo ayudaros en algo.
- Ya lo creo, no? - repondió Elena, provocando la aprobación general. Posó las manos sobre los pechos de XX, y deslizándolos hacia el interior, comenzó a desabotonar lo que quedaba del camisón. XX miró, entrecerrados los ojos, a la concurrencia que la admiraba, no sin cierta (supongo, sana) envidia en muchos casos. La abrió del todo, acariciando sus pechos, mostrándolos a la concurrencia.

Eva y Andrés fueron los primeros en unirse, para comenzar a disponer el postre.

(Continuará)

Fdo.: XY


Insistimos: no nos importa...

... en absoluto, y antes al contrario, que nos envíen e-mails conteniendo cualquier tipo de bárbara proposición amistosa o sexual. Tampoco es que nos comprometamos, en absoluto, a contestar, faltaría más. Ni nos importa que nos envíen fotos y tal, de verdad. Pero, a modo de consejo, aclararemos que quienes tengan verdadero interés en suscitar nuestra curiosidad deben mandar más fotografías aparte de las ginecológicas. Que no es que estorben, pero que tampoco nos dicen mucho.

Fdo.: XX & XY

XX - Intercambio de pareja "sui generis" (III)

Habían pasado ya unas cuatro o cinco horas desde que XY me "visitó" en la ducha y desde entonces, con el aliciente del entorno y la ya de por sí excitante situación del falso intercambio de parejas, yo ya estaba que no podía más. Desde que Andrés y yo nos acercamos a la mesa de XY y Eva, ya nos habíamos colocado bien a tiro de mano de nuestros objetivos, y aunque empezamos muy sutilmente con discretas caricias e insinuaciones, como buenos actores, terminamos prácticamente encima de nuestras presas, con las manos perdidas en lugares más ocultos que un hombro o una rodilla... Creo que a los cuatro nos podía la misma prisa, porque no tardamos mucho en solicitar un reservado en el que, aderezados con una buena botella de champagne, poder pasar a mayores.
Una vez dentro seguimos un rato conversando, aunque sin abandonar la temática erótica que invadía nuestras arterias. De hecho, después de brindar ("por el amor y el sexo", dijo Eva), lo primero que se comentó parecía salir de la boca de XY como quien lleva horas aguantando las palabras entre los dientes y necesita soltarlo ya:
- Y digo yo que tendrás calor, XX, con las medias puestas debajo de los pantalones, con el calorcito que va haciendo ya. Lo digo porque... he notado que llevas, debajo de esos ceñiditos pantalones, un liguero de la cintura a media pierna - lo dijo mientras indicaba con su dedo el recorrido que describía.
- No, precioso, las medias son muy finitas y sólo llegan a medio muslo. Y más hacia arriba ya no hay nada...
- ¿No llevas bragas? - casi gritó Andrés.
- Cuando voy recién depilada me gusta no llevarlas - contesté con voz algo infantil, fálsamente inocente-. Así puedo notar mejor el roce de los pantalones, haciéndome cosquillitas ahí. Y si me acaricio un poco, la sensación que produce un suave roce a través de sólo una tela... es brutal. He podido hacerlo esta noche varias veces delante de todos y nadie se ha dado cuenta. Un toquecito despistado y.. un instante de placer aún mayor que el contacto directo con la piel. ¿Verdad, Eva? Tú tienes que saber lo que digo.
XY ya estaba metiendo la mano entre mis muslos para sentir a través de los pantalones la cercanía de mi sensible zona, enloquecido por mi descripción de lo placentero que eso podía ser. Yo instintivamente descrucé las piernas para abrirle paso. Noté en su forma de morderse el labio que le encendió aún más notar perfectamente el contorno de cada parte de mis genitales, perfectamente definibles el no llevar ropa interior.
- ¡Ah, guarra! - dijo Andrés a Eva- Por eso llevas tú esa faldita tan corta, para poder también con disimulo deslizar una mano por debajo de ella, casi sin tener que apartar tela, y poder darte placer a través de la única tela del tanga que apenas recubre ¡mmmm...! ¡Diossss! tu preciosa joyita -por supuesto dijo esto metiéndole la mano bajo la minifalda-. ¿Y esa exacerbación del tacto ocurre también cuando se toca, por ejemplo, un pezón a través de la suave tela del sujetador? - ahora le metía la otra mano por el escote - ¿Eso insinúas cuando te pones escotazos como éste, que quieres que te metamos la mano por dentro?
Desde luego, la cosa andaba tibia. No sé ni cómo conseguimos continuar charlando un rato más porque la temperatura de las palabras no bajaba, rondábamos temas con los que poder desahogar nuestra ansia de guarradas y, a la vez, intentar excitar más aún a los contertulios, era como una lucha de a ver quién dice algo que desquicie más todavía, buscando ese gesto en los otros de "jooodeeeer...". Todo esto aderezado con continuas caricias poco decorosas, pero que reteníamos para que fueran sólo pequeños aditamentos que no llegaran a desencadenar la batalla final. Queríamos prolongar al máximo la aventura... y el placer de disfrutar de la excitación y el deseo en sí mismos.
Al final, la más blanda fui yo. O las más atrevida. Desde luego, a estas alturas, yo ya tenía claro que no nos íbamos a cortar los unos ante los otros, incluso se barajaba la posibilidad de que la cosa terminase en un "todos a por todos"; pero mi intención esa noche era otra: mi objetivo, mi deseo, mi presa, era claramente XY. Continuábamos con los roles establecidos a priori, así que antes de lanzarme a por él, busqué la aprobación de mi acompañante:
- Como veo, cielo, que tú te llevas bien con la muchachita y parece que ella te responde, no tengo ningún reparo en decir que a mí éste me tiene loca. Y les veo con decisión, parece que al final los novatillos se atreven a probar. Podemos decir que el trato está hecho, así que yo voy a tomar posesión, que este cabrón se va mereciendo ya la caña que no ha dejado de pedir toda la noche. ¿Te parece, mi vida?
Andrés ni siquiera me contestó, empezaba a tener la boca ocupada en asuntos mejores que articular palabra, mientras Eva le recibía con los brazos abiertos. Consideré su silencio como un consentimiento, aunque tampoco hubiera aceptado otra cosa.
Fui por tanto a por lo que lleveba tantas horas deseando: el cuerpo de XY. Estábamos completamente pegados hacía ya rato, así que no tuve más que levantar un poco la pierna para ponérsela encima, acariciándole con ella entre las piernas, mientras con una mano le desabrochaba la camisa. Me moría por acariciar su pecho, realmente inquieta por cómo sería, con la perfecta sensación de no haberlo hecho nunca antes. No sólo la situación era un juego, sino que llegó a convencerme: incluso su olor me resultaba distinto, quizá fuera el sitio o el alcohol que afectaba a mis neuronas. Embelesada con la sensación de novedad y descubrimiento, deslicé la mano bajo la camisa. Su tacto se me hacía también distinto, incluso sus pectorales parecían más marcados; tal vez por la tensión que venía arrastrando las últimas horas, que le hacía contraer todos los músculos de su cuerpo. Tampoco su respuesta me resultó familiar, no pareció que recibiera la mano de su mujer en el pecho, más bien se estremecía y su respiración se agitaba: una tía buena le estaba metiendo mano.
Su paquete estaba turgente, le notaba bombear pegando golpetazos contra el pantalón. Me moría por liberar aquella bestia. No pude evitar ponerle la mano encima, y palpar tal erección me enloqueció: un escalofrío recorrió mi cuerpo ardiendo hasta llegar a mi cuello, de ahí se extendió hacia mis mandíbulas que se abrieron hambrientas, y me provocaron un tremendo deseo de sacar la lengua y lamerle desesperadamente. Intentando contenerme, concentré todo mi deseo en un intenso lametón en el cuello que me supo a gloria: sudor y alta concentración de feromonas, enloquecedor.
- ¿Te gusta ella a ti, cariño? Éste tiene un tesoro entre las piernas - dije a Andrés.
- Me encanta - me respondió, con un tono de complacido que no dejaba lugar a dudas.
- Pues que no me entere de que la dejas mal o la tendré que terminar yo - contesté incitante, aunque no parecía que le faltaran ganas de destrozarla él solito.
- No te pongas celoso, XY, cuando me oigas gritar - le dijo, entre gemidos, Eva.
- Para nada: grita todo lo que quieras. Ésta maravilla va a gritar hasta taparte - le contestó XY mientras me miraba con una cara de caníbal que reforzaba la contundencia de sus palabras.
Con la misma agresividad, me levantó la camiseta por encima de las tetas y empezó a apretarlas, lamerlas y morderlas. Mientras, yo miraba de reojo a Eva y Andrés, que se comían mutuamente con la misma avidez. Se desnudaron rápidamente y empezaron a masturbarse el uno al otro, ella recostada sobre el sofá y él de pie casi encima de ella. Apenas tardaron unos segundos en correrse, Eva se retorcía mientras una fuerte escupida de semen le marcaba todo el vientre y los pechos. A XY le gustó verlo, lo noté en su cara de vicio.
Crecido por lo que acababa de ver, me arrancó los pantalones, literalmente. Parecía que no le importara que tuviera que salir de allí así, con el pequeño top arriba y nada más que el liguero y las medias abajo, todo mi coñito al aire. Que todos vieran lo que él se había comido esa noche, y que babearan de envidia.
No sé, no sé si a él le gusta tanto como a mí levantar envidias, pero a mí me pone a mil que los demás vean lo que yo tengo y ellos se pierden; me encanta que le deseen y vean cómo YO le poseo.
- Chicos - dije a nuestros amigos -, mirad bien.
Con poco esfuerzo me quité la poca ropa que me quedaba, primero terminé de sacarme la camiseta y después solté con exhibicionismo los enganches del liguero mientras XY me bajaba impaciente las medias. Me agaché sobre él soltándole los pantalones, de espaldas a mi atento público, y me aparté un poco para que contemplaran la maravilla que me disponía a engullir. Estaba deslumbrante, desde luego no hay boca en el mundo que no se hubiera muerto en ese instante por comérsela. Consciente del privilegio, me la metí hasta la garganta, disfrutando de sentir toda mi boca tan llena de polla como se puede estar. Intenté deleitarme en lo que hacía, como a mí me gusta, pero apenas pudo resistirse XY y en seguida liberó sobre mí un intenso orgasmo. Normalmente me gusta tragármelo todo, pero en esta ocasión decidí dejar que todos difrutaran del espectáculo viendo cómo mi cara, mi cuello y mis pechos se salpicaban de placer.
Casi inmediatamente me dio la vuelta y se echó sobre mí; yo estaba apunto de enloquecer de excitación, sé que XY no pierde la erección después de correrse, así que en ese mismo momento podía penetrarme con la fuerza de un toro. Así fue. Tuvo, de hecho, la fuerza suficiente en su miembro para abrirme el culo de una estocada. Cierto que, tal y como yo estaba, todos mis agujeros se morían por ser el elegido. Lo mejor de todo fue que él, consciente de ello, me entraba alternativamente por uno y por otro, entrando con facilidad por la humedad que me inundaba. Cómo sabe lo que me gusta eso. Sin intentar reprimirme, tuve un orgasmo brutal mientras él sonreía encantado de hacerme disfrutar así. Un largo gemido fue la muestra de la intensidad de mi placer, e hizo que por un momento Eva y Andrés se pararan a mirarme, deteniendo sus movimientos aunque no su disfrute; cuando me recuperé del éxtasis, ella confesó:
- Hija de puta, me has hecho correrme contigo con esa brutal cara de placer.
Se había quedado clavada encima de su novio, con la polla metida hasta el fondo, y sin siquiera moverse se vio contagiada de mi orgasmo. Me encantó saberlo.
XY salió de mí para dejarme descansar, sabía que lo necesitaba, y nuestros amigos aceptaron el paréntesis. Me acerqué a por mi copa y abrí la segunda botella de champagne. Serví a Eva un poco, pues se acercaba conmigo a retomar aliento. Las dos acabábamos de corrernos con fuerza.
Nuestros chicos nos miraban con deseo sin bajar la guardia, y cuando me di cuenta ambos estaban masturbándose, suavemente, pidiendo más caña. Enganché la botella y derramé sobre nosotras el champagne que quedaba, incitándoles a ellos a beber también. No sé si estaban sedientos, pero lamieron el líquido con ganas, volviendo a ponernos a mil. Y así como estábamos, recostadas la una junto a la otra, recibimos a nuestros respectivos dándonos una nueva follada, que parecía aunar el placer de cada uno de nosotros con el que sentían los demás, tan cerca que nuestros gemidos se confundían. Algo infinitamente más allá de ver a alguien jodiendo en una película, o de oírlo en la habitación de al lado, incluso mejor que hacer un trío. Embriagada de placer mientras XY me follaba como loco, y pegada a mí Eva disfrutaba de la polla de Andrés penetrándola también, con las caras de nuestros hombres delante de nosotras y desfiguradas por la intensidad. No sé ni cuanto tiempo duró, ni cómo pudimos corrernos los cuatro a la vez, pero sé que desde esa noche la expresión de “gran amistad” cobró un nuevo significado para mí.

Fdo.: XX