No me parece que tenga gracia alguna leer éste relato sin haber leído antes la parte I y la II
- Es buena.
- Joder si lo es...
- La habéis dejado perdida, mamones.
Marta se inclinó sobre XX, que se miraba el cuerpo embadurnado de semen como si aquellos dos no se hubieran corrido en mucho tiempo; había agachado la cabeza, y ahora, con los ojos cerrados, iba dejando que su respiración se relajase, tocándose lentamente, esparciéndolo lentamente con expresión atontada.
Sintió un dedo, el de Marta, en su barbilla, atrayéndola hacia arriba. Al abrir los ojos, se encontró con la asaltante, que la besó suavemente sin obtener respuesta. Marta se detuvo un instante, mirándola así, muy de cerca, cambiando ligeramente la dulce expresión de su cara; “soy la buena aquí, pero no me ha gustado eso”, parecía decir. XX avanzó un centímetro sus labios para besarla, y la dueña de la situación introdujo su lengua con avidez en la boca de mi mujer.
- Mmhhh... qué lengua tienes, preciosa... - ...pero mira cómo está. - dijo, dirigiéndose a sus compañeros, pasando su dedo por el cuerpo de XX. - Va a haber que limpiarla, pobrecita.
Se sentó a su lado, y estuvo un buen rato acariciándole la espalda mientras ambos hombres bebían y miraban a mi mujer, cabizbaja. Pasado un buen rato, Marta se puso a hablar con ellos... parecían rememorar un robo, y hablaban de algunas cosas que XX no debió entender muy bien, salvo lo que se refería a cuando salir de allí sin ser vistos; así que, tal como estaba, parecía estar evadiéndose lejos, mirando en ocasiones a su alrededor, como para comprobar que no había cambios en la situación y que no hacían amago de acercarse más a ella. Comenzó a sentir que se habían calmado y también ella se calmó, poco a poco.
- Voy a limpiarla, chicos... no os importa, ¿verdad?
- Al contrario, compañera. Date el gusto y déjanosla a punto.
Cuando Marta se levantó y atrajo a XX hacia sí, mi mujer pareció refugiarse en ella, mirando de reojo a Víctor y Carlos. Ambos las siguieton con la mirada mientras ellas andaban hacia el cuarto de baño y Víctor sonreía con gesto de satisfacción. XX se atrevió a hablar cuando salieron del salón:
- ¿Van a parar?
- Cariño... - dijo Marta, dejándole pasar y acariciando su espalda con dos dedos - ... ¿no querrás que termine de verdad, no?
- Me han violado. - replicó mi esposa, en voz baja.
- Ya. Claro. - dijo Marta, con sorna, llegando al final de su culo y metiendo su mano entre las piernas de XX para hacer que se detuviera, agarrándola con fuerza con la mano - Claro.
El agua estaba muy caliente, casi ardiendo; XX se mojó un poco con el grifo mientras Marta echaba jabón en sus manos. La miraba mientras el jabón se escurrió un poco entre ellas y comenzó a frotarla. Primero, claro, enjabonó sus pechos, hinchados y erectos, pellizcándolos. Mi mujer no parecía violada ahora. Miraba las manos de Marta como intentando decirles por dónde pasar;acariciaba con lentitud todo su torso, subiendo hasta su cuello para erguir su cabeza y que la mirase. Bajaba por su vientre hasta sus muslos, cogiéndolos con las dos manos, evitando tocar su coño de nuevo. La acariciaba con placer, sabiendo que sus caricias eran bien recibidas. La había visto con Víctor y Carlos. Sabía que no tardaría en pedirlo. Veía sus pechos ascender con la respiración agitada de la que comienza a encenderse más, aún caliente por lo que había pasado hacía poco; y notaba su mirada, ya clavada claramente en sus ojos, buscando que lo entendiese sin tener que decirlo. Pero era parte del juego recorrer todo su cuerpo, sobar sus pechos, agarrar sus caderas al pasar, introducir sus manos entre sus muslos haciendo el camino hacia su coño para irse justo antes de llegar, o bien rozándola ligeramente, sin llegar a tocar lo que más ardía. Mi mujer empujaba levemente las manos de Marta hacia el interior de sus piernas, pero ésta se negaba.
- Tócame. - sollozó XX. - Es lo que quieres.
Marta no respondió. Separó sus manos para quitarse la ropa con lentitud; para que XX la viera bien, y se metió en la ducha, cerrando la mampara tras de sí. Le quitó el teléfono de la ducha a XX y lo colocó sujeto a la pared.
Enfrentándose a mi mujer, le cogió ambas manos y las llevó a su cuerpo. XX, intentando calmar al principio su excitación, exploró a su violadora con avidez, comiéndole la boca y el cuello, la cara y los hombros; mientras Marta la agarraba por la cabeza para atraerla hacia abajo, arrodillada en la ducha bajo el chorro incesante de agua. XX la hizo sentarse en la repisa de la bañera, la abrió de piernas y enterró la cabeza entre sus piernas, apretando su cara contra ella, para comenzar a darle lametones que torcíeron la espalda de Marta hasta que apoyó su cabeza en la pared. Se agarró con ambas manos a la mampara y el piso para subir las piernas por la espalda de XX. La escenita con Carlos y Víctor la había calentado mucho y no necesitaba nada para entrar en calor. Se apretaba contra la boca de mi esposa, que la devoraba glotonamente, como quien tiene verdadera hambre, como si se la fuera a comer de verdad y gimiendo mientras llevaba las manos a su culo.
- Cómetelo todo, preciosa, así... buena chica... - decía, acariciándole la cabeza, pasando una mano por su espalda para atraerla. - ... qué joya de lenguaaahh ...
- Mmmppphhh... - gemía mi mujer. Tan centradas ambas en su festín, no oyeron abrirse lentamente la puerta del baño, accionada por Víctor.
Éste permaneció un poco de pie, mirando las siluetas a traves de la mampara, con el baño lleno de vapor. Los gemidos de Marta resonaban en toda la plenitud de sus graves a tavés de ella, y Víctor se acercó lentamente a la bañera. Al abrir la mampara, se detuvo para ver el agua caer sobre los cuerpos de las dos mujeres. XX arrodillada entre las piernas de Marta apenas levantó un momento la cabeza para ver a su agresor, mientras Marta sí le miraba arrodillarse en la bañera y dirigir sus manos al culo de mi esposa. Miraba su cabeza hincarse entre las piernas de Marta, con el agua respalando por su espalda y sus piernas. Una visión increíble. Víctor acarició el culo de XX y con un dedo presionó sus dos violados agujeros con suavidad. Ella respondió inmediatamente, buscando su mano, arqueándo la espalda para ofrecerle su trasero más empinado hacia arriba. Vïctor sonrió ante su actitud, y comenzó a darle pequeños golpecitos que recorrían el cuerpo de mi mujer como una sacudida eléctrica.
XX lamía con placer y esperaba con avidez cada golpecito, mientras Víctor metía a veces un dedo en sus dos agujeros, alternativamente. Mi mujer estaba en el cielo y por su mente pasaba mi polla entrando y saliendo de sus agujeros. Parecía ajena a la situación... y justo cuando comenzaba a sentir que llegaba cerca del climax, escuchó la voz de Víctor.
- Secaos y salid. - dijo; suave, pero también secamente, para que quedase claro que estaba dando una orden.
Las dos mujeres, ahora sí, le miraron al tiempo, para ver que se levantaba mirando a XX, con media sonrisa... y se daba la vuelta para marcharse. XX miró a Marta, como preguntando si tenían que irse; a lo que ésta respondió con una sonrisa y un beso, levantándose ante ella para coger el albornoz. Parece que la interrupción no hubiera sorprendido a la asaltante, aunque mi esposa sentía ganas de acabarse de la forma que fuese y estaba jodida por el corte, sin dejar de permanecer tremendamente excitada.
Marta se vistió tan sólo con la ropa interior y una camiseta, indicando a XX que no se vistiese, que para qué. Tranquila, le dijo... que no hemos acabado contigo.
Se dirigieron de nuevo al salón, y se sentaron ambas en el sofá, juntas. XX se sentó con las piernas cerradas, apretadas, el cuerpo echado hacia adelante para taparse la cara con las manos, apretando el culo contra el sofá. Respiraba agitadamente y una expresión asomaba a su cara, inequívoca para mí, de fútil intento de calmar rápidamente la excitación.
Carlos fue el primero de los dos hombres en hablar, que las habían observado entrar, silenciosos - Vaya vaya... te ha dado lo que querías, o no, putilla? Porque nosotros hemos sido malos... no te hemos dado lo que hubieras querido. Espero que se haya portado mejor, aquí, nuestra amiguita.
- No os he pedido nada. No quiero nada de vosotros. - respondió XX, con soberbia.
Victor sonrió y sacó la navaja, dirigiéndose hacia mi mujer; se la pasó por el cuello. Carlos no perdió el tiempo y se dirigió al otro lado, levantando con prisa a Marta para ocupar su lugar; parecía divertida al ver la reacción de los dos machos, de nuevo a punto tras un rato y la visión o la imaginación de las dos mujeres en el baño.
XX se retrajo ante el repentino acoso de ambos, echándose hacia atrás, sacando el pecho para apoyarse más sobre el sofá, huyendo del filo. Carlos no pudo resistir ni un segundo la imagen de verla con el culo hincado en el sofá y sus grandes tetas apuntando al techo, y se lanzó a comerle una.
En ese momento, Marta, se acercó, poniéndose frente a ella. Se inclinó, abriendo los asientos de nuestro sofá, que se sacan bastante y dejan un espacio suficiente para cualquier cosa. XX, al tirar con ella de los cojines, quedó tumbada completamente.
- No habéis bebido casi nada, chicos, ocupados con el juguete. A ver si van a ser los vasos...
Y diciendo esto, inclinó la botella de ron sobre XX, regándola lentamente de ron. Una imagen increíble, verla arqueada sobre el sofá, brillando regada por la bebida. Victor apartó la navaja y dio un pequeño lametón. Carlos hizo lo mismo, y comenzaron a limpiar su cuerpo con ganas. Martaestaba aún encendida y no iba a dejar de disfrutar el trofeo de la noche, y se puso encima suyo, a horcajadas, levantándole una pierna y sentándose en el sofá, acercándose lentamente, hasta engancharse en tijera con mi esposa. Con la única barrera de la fina tela sedosa de las bragas de Marta, ésta comenzó a moverse contra XX, frotándose lentamente.
- Ni se te ocurra moverte. - dijo Víctor
- Seguro que has hecho esto un montón de veces, eh? - dijo Marta
Victor y Carlos seguían lamiéndola incesantemente, mientras XX cerraba los ojos y apretaba los labios, ya liberada de la navaja pero igualmente echada hacia atrás. Casi se hubiera dicho que presionaba sus tetas contra las caras de los dos hombres mientras con ambas manos se agarraba con fuerza al sofá.
Víctor se acercó a su oído.
- Puedes gemir, guarra. Lo estás deseando. No le vamos a decir a nadie que eres un putón, no te preocupes. Sé que sabes moverte con mi amiga, no le dejes todo el trabajo.
Marta se movía contra ella cada vez más desenfrenadamente, y XX comenzó a acompasar sus movimientos, frotándose más. Marta se echaba hacia atrás, o arqueaba su cuerpo hacia delante. Al recostarse, buscó con las manos a los dos hombres que lamían a mi esposa, agarrando sus muslos. Sus movimientos comenzaron a volverse frenéticos y ella no dejaba de gritar, mientras XX había abierto la boca, dejando escapar ligeros quejidos y sollozos.
Marta llevó sus manos hacia las entrepiernas y comenzó a pajearlos, mientras sus gemidos se transformaban en gritos, reducía la velocidad y aumentaba la presión. Carlos se agarró al respaldo para llevar su polla hacia las tetas de XX para masturbarse contra ellas. XX sintió eso e instintivamente abrió sus fauces de par en par, soltando los cojines llevó sus manos hacia atrás, apoyándose en el respaldo y soltando un “aaaaahhhh” prolongado y quejoso que no dejaba duda de que podía haberse corrido en cuanto hubiese querido. Miró a Víctor por un segundo, y éste le mantuvo la mirada. Giró la cabeza para agarrar la polla de Carlos que se restregaba contra su pecho; la cogió y la atrajo hacia su boca para volver a comerle la polla a su violador. Gemía sin ningún pudor como si yo mismo le estuviese follando la boca.
- Dios... cómo me gusta esa cara de guarra - dijo, dirigiéndose a mi mujer. - Marta, córrete, coño, que a esta maravilla la voy a acabar yo.
- ¿Puedo? ¿Puedo? - preguntó, con los ojos como platos.
- Sí, joder...
- Mmm... mmm... mm.. mm... a..aa.. aaaaaahhhh!!!! - gritó Marta, corriéndose contra XX como un cohete y cayendo sobre sus manos más cerca de su cuerpo.
- El premio gordo, joder... vaya perrita preciosa nos hemos encontrado esta noche... no podía haber ido mejor ni con la pasta – dijo Víctor, mientras apartaba a Marta y se enfrentaba a mi mujer. Tenía una expresión descompuesta por vez primera; y se encaró con XX, apuntándola con su polla .
- No, eso no, por favor. He hecho todo lo que has querido. - dijo, soltando la polla de Carlos de sus fauces.
- ¡Ja! ¿Qué cojones “eso no”? - dijo Víctor - ¿Que te puedes portar como una cerda restregándote el coño con una tía que te estaba forzando y no te voy a follar yo? Que te lo has creído tú, bonita. Te voy a llenar el coño pero ya mismo. Te vamos a follar por todas partes, y más te vale portarte como la campeona que ya sabemos que eres o te juro que lo pasarás peor.
Víctor la cogió del cuello y la tumbó sobre el sofá, le abrió las piernas mientras ella intentaba resistirse.
- No te resistas o será peor. Te voy a follar por las buenas o por las malas. Me lo estabas pidiendo en el baño, preciosa.
Carlos le agarró una pierna, mientras Marta la cogía por los brazos. Víctor no tardó ni un segundo en lanzarse sobre ella, y apoyando su polla en la entrada, la miró mientras la penetraba de un movimiento rápido y hasta el fondo mismo del coño de mi esposa. XX llevó la cabeza hacia atrás, en un gemido estruendoso. “AAAAAhhhhhhhh... joodd... mmm”.
Víctor, una vez ensartada, la agarró de las caderas y se echó un poco sobre ella, penetrándola lentamente, pero con una energía enorme. A base de verdaderos pollazos le iba sacando gemidos cada vez más fuertes y liberados. “Le gusta, joder, le gusta”, “seguro que lo estabas deseando, cerda, y te resistes”. XX gemía como loca y Víctor seguía insultándola. “¿Te estoy violando, cerda, es eso? ¿Me vas a decir que estoy violando un chocho que chorrea de ésta manera? Te gusta puta... ¡dime la verdad!!”; “síiii.. jodeerr... me gusttaaaa” respondió; “Te gusta que te violen, es eso, eh? Eh? Porque no querías, puta, verdad? No querías y te estoy violando, y te gusta...” “Joder, sí, me gusta, viólame, diosss... reviéntame por favorrr...”
Carlos volvió a metérsela en la boca, viendo que no se resistía en absoluto, y le follaba la boca como un animal, ella abrazaba el culo de Víctor con las piernas. A mi mujer se le deshacía la lengua y chupaba los huevos de Carlos como si le fuera la vida en ello. “Aaahhh .... joder... me vais a matar... aaaahhhhh!...!” “... pero no, no te corras, no...”
Víctor la atrajo hacia sí, sentándose en el sofá y poniéndosela encima. Agarró a Carlos de un brazo y lo atrajó... sin decir nada, que ninguna falta hacía. Mi mujer miró hacia atrás y alargando un brazo lo cogió de la polla, dirigiéndolo hacia su culo. Entró de un golpe, arrancándole a XX un rugido de placer. Levantó la cabeza, penetrada por ambos agujeros, y rugiendo de placer.
- ¿Vas a contárselo a tu marido, golfa? ¿Eh? ¿Cómo te han violado y cómo de cerda eres? ¿Le vas a contar cómo te has portado? Sé que le va a encantar saber lo cerda que eres, seguro que le gusta. ¿Juras que se lo vas a contar?
- Aaahhh siíí... voy a contarle cómo me follas... sí... mientras me da por el culoodioss... mmmmppff... pero no te corras dentro noo.....
- Quieres que lo haga...
- No... aaaaahhh.... sí... joder, nooohh dioss quiero que me llenéis, sísí...
- ¿No quieres verte llena, llena de semen por todas partes... seguro que sí... te pienso llenar hasta arriba... empaparte...
- N... aaahhh.... dioosss...
- Córrete cerda, córrete...
- Sí, lléname, llenadme, modajme enteraa llénameee!!!... aaaahhh!!!!... - decía, mirando a Víctor. Éste buscó su boca y ella respondió comiéndole la boca como si fuera la mía. Gemía absorviendo la lengua de su violador, que la metía y la sacaba al mismo tiempo que la penetraban y mantenían encima los dos hombres.
Se encontraba aprisionada entre los dos hombres, con ambas pollas hincadas hasta el fondo, llenándola, y abrazaba a Víctor, besándolo con verdadera pasión... “No puedo más, no puedo más..” dijo, poco antes de que el bombreo de ambos en sus dos repletos agujeros se convirtiera en violentos golpes que la sacudían hacia arriba , avisando de que no iban a moverse para sacar sus pollas al acabar. XX sintió como se corría cuando ambos empezaban a soltar semen, golpeándola y llenándola de un orgasmo lleno, emparedada y sintiendo los chorros de semen dentro de todo su cuerpo. Con un maravilloso alarido de placer, XX explotó en un largo orgasmo em brazos de sus "violadores", agarrándose al cuello de Víctor y mordiéndolo con pasión, para echarse hacia atrás y aullar de placer, contrayendo su interior contra las dos bombas de placer que acababa de recibir. Permaneció unos segundos así, disfrutando del momento, echando la cabeza hacia atrás; parecía descansar completamente en sus brazos, mirando a Víctor con los ojos semicerrados.
...
Y así le miraba, aún, cuando la recostaron en el sofá, con los ojos semicerrados y como dejándose vencer por el sueño. Víctor le acarició la cabeza y sonrió. “Duerme, preciosa”. Y que no pase nada más hoy, le dijo el jefe de los asaltantes.
Miraron a mi mujer acurrucarse en el sofá. Los tres se miraron, sonrientes, y cogieron sus ropas con cuidado de no hacer mucho ruido. Todos salieron del salón hacia el estudio, donde Marta y Carlos comenzaron a vestirse.
- Gracias, chicos – dijo Víctor.
- ¿Gracias? No me las habían dado tan impropiamente jamás.
- Gracias a ti, “Víctor”, dijo Marta. Me encanta esta mujer. ¿Ha estado su regalo a la altura de lo que esperabas?
- Claro – respondió Víctor.
Me despedí de ellos satisfecho. Al volver, me desvestí, besé a XX y se recostó sobre mi brazo. Siguió durmiendo plácidamente.

