La Coctelera

Relatos eróticos de una pareja

Categoría: Escrito por XX

5 Abril 2006

XX - En tu trabajo, mi amor (II)

No sé si no podía contener mis gemidos, o no quería. Sé que al principio lo intentaba, pero llegó un momento en el que creo que empezó a darme igual. O incluso... puede que me gustara que ella me oyera.
No era la primera vez que XY me follaba en el trabajo, desde luego, pero siempre había sido estando a solas, al menos hasta que alguien llamaba al timbre y lo teníamos que dejar. Alguna vez incluso, le comí la polla en la salita de empleados mientras un cliente en la sala de al lado esperaba que yo volviera con los resultados. Pero nunca me la había jugado así, completamente expuesta a que María, con lo amiguita que viene siendo últimamente del jefe, se fuera de la lengua y mi puesto de trabajo se viera en serio peligro. Y allí estaba yo delante de mi atónita compañera, mirándola, con mis manos apoyadas en la mesa revuelta de historiales, dejando que XY me empotrara brutalmente desde atrás. No intenté esconderme, no me vestí aprisa mientras silbaba disimulando; sólo me quedé mirándola, con una evidente invitación a disfrutar del espectáculo.
Será que en el fondo sabía que ella iba a terminar siendo tan culpable como yo.
"Mira a tu amiguita, cerda. Te está comiendo entera con la mirada, ¿lo vés?"
Qué ciertas las palabras de XY. Efectivamente, María me comía con los ojos. Y efectivamente yo, toda cerda, la miraba con cara lujuriosa mientras ella se mordía los labios de deseo.
Sí, su repuesta no fue tampoco mirar hacia otro lado y marcharse haciéndose la despistada, sino que quedó enganchada a lo que allí ocurría. No le pareció mala idea participar de tan atractivo descanso, bien podía sustituir a un amargo café soluble; así que, ante la invitación de XY, había atravesado el quicio de la puerta y estaba ahí, a la espera del siguiente paso.
No sé si por instinto o por experiencia, pero ella se adaptó perfectamente a la situación ante la que se encontraba: XY era en ese momento el amo de lo que ocurría, y si algo debía hacer ella sería por expresa orden suya; así que permaneció ahí de pie aguardando instrucciones.
- Te gusta el espectáculo, ¿eh? - dijo XY, y María asintió con la cabeza sin dejar de mirarme - ¿Te gusta? ¿Te gusta?
- Me encanta ver cómo disfruta - contestó al fin ella.
- Vamos, acércate más, si lo estás deseando - y María se plantó a dos palmos de mi cara, desde el otro lado de la mesa -. Y tápale la boca a esta guarrilla o los gritos se van a oir desde la calle.
Obediente y complacida, acercó su boca a la mía hasta detenerse casi rozándome. Aunque yo intentaba sujetarme fuerte, las embestidas de XY balanceaban todo mi cuerpo, así que mis labios golpearon los suyos mientras ella permaneció ahí, seis o siete toquecitos; ya no pude esperar más: saqué mi lengua, buscándola, y respondió enloquecedoramente metiéndosela sin miramientos en la boca, con una leve succión. No se puede decir que me besara, más bien me estaba "comiendo el morro": mordisqueaba, lamía y metía la lengua en pequeños y sabrosos movimientos, o ambiciosamente hasta lo más hondo que pudiera llegar. Mis gemidos retumbaban en su boca, lo que parecía encenderla aún más.
XY salió de dentro de mí y se separó, no sé si para evitar correrse, pero yo en ese momento no lo pensé; me giré con cara enfurruñada y le puse morritos.
- Qué pasa, ¿también te gusta lo que doy yo? ¿No te basta con tu amiguita? - dijo él con una sonrisa pícara.
- Sabes que quiero polla. No pares, dame un poquito más...
Me volvió a dar la vuelta de espaldas a él, pero completamente de pie. No necesita especiales facilidades para poder penetrarme, su enorme miembro llega muy bien a todas partes. Así que, estando así, me la colocó de nuevo a la entrada de la vagina y empujó; una vez dentro, señaló a María dónde debía colocarse: ante mí, arrodillada en el suelo, con su boca a la altura ideal para recibir la siguiente orden:
- Si le has comido así la boca, vamos a ver lo que le haces en el coño - y, enganchándola del pelo, la atrajo hacia mí.
Por supuesto, yo entreabrí las piernas para dejarla hacer, y ella se puso a lamerme el clítoris con avidez. La sensación que tuve fue de completa entrega, pensaba que no podía disfrutar más, con mi marido enganchándome las tetas y follándome con cuidado, y María lamiéndolo todo. Se agachaba para alcanzar incluso a lamer la polla de XY mientras entraba y salía de mí. Joder, eso me encanta. No es sólo el placer que siento yo; es saber que él está al límite, envuelto por mí y por su boca a la vez, teniendo chupado y empapado en saliva todo lo que no llega a estar dentro de mí.
Se notaba que ella disfrutaba también. Gemía y se afanaba en su tarea, y sólo algún momento paró y se apartó unos centímetros para poder observar bien su campo de trabajo, lanzándose hambrienta de nuevo hacia mis labios o hacia sus huevos.
- ¡Joder! ¡No pares! - le dijo XY, aunque no parecía que ella pensara hacerlo. Estaba claro que le gustaba su papel (y por supuesto a nosotros nos encantaba). María se puso una mano entre las piernas y empezó a frotarse con rapidez, como diciendo "ya no puedo más", y nos chupó de forma caníbal, intentando meter la lengua dentro de mí a la vez que lo hacía XY con la polla. Su cara ya estaba empapada de flujo y de saliva, seguramente sus bragas chorreaban también, yo pensaba que me moría y por los lloriqueos de XY él estaba también a punto de reventar. Viendo que superaba mi punto de autocontrol grité: "Mierda, ¡joder!, ¡córrete!, ¡dánoslo ya, empápanos!, sí, suéltame ya el gran chorro que tienes para mí, ¡sí, sí, SÍÍÍÍÍÍ...!!!

Al final, ambos teníamos razón. María me deseaba a mí, pero también le gustaba calentarle la polla a XY. "Desde luego, para terminar follándote a una tía no hay nada como mostrarle a él, lado animal de la pareja por excelencia, lo guarra que puedes ser con su chica", llegó a confesar después. Pero en cualquier caso, el envite fue que si ella era bollera (o bi) y yo le gustaba, luego el ganador fue XY. Así que en nuestra siguiente escapada a la playa, decidió él, como ganador de la apuesta, cómo pasar el rato. Me encanta perder estas apuestas con él...

Fdo.: XX

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17 Febrero 2006

XX - Intercambio de pareja "sui generis" (III)

Habían pasado ya unas cuatro o cinco horas desde que XY me "visitó" en la ducha y desde entonces, con el aliciente del entorno y la ya de por sí excitante situación del falso intercambio de parejas, yo ya estaba que no podía más. Desde que Andrés y yo nos acercamos a la mesa de XY y Eva, ya nos habíamos colocado bien a tiro de mano de nuestros objetivos, y aunque empezamos muy sutilmente con discretas caricias e insinuaciones, como buenos actores, terminamos prácticamente encima de nuestras presas, con las manos perdidas en lugares más ocultos que un hombro o una rodilla... Creo que a los cuatro nos podía la misma prisa, porque no tardamos mucho en solicitar un reservado en el que, aderezados con una buena botella de champagne, poder pasar a mayores.
Una vez dentro seguimos un rato conversando, aunque sin abandonar la temática erótica que invadía nuestras arterias. De hecho, después de brindar ("por el amor y el sexo", dijo Eva), lo primero que se comentó parecía salir de la boca de XY como quien lleva horas aguantando las palabras entre los dientes y necesita soltarlo ya:
- Y digo yo que tendrás calor, XX, con las medias puestas debajo de los pantalones, con el calorcito que va haciendo ya. Lo digo porque... he notado que llevas, debajo de esos ceñiditos pantalones, un liguero de la cintura a media pierna - lo dijo mientras indicaba con su dedo el recorrido que describía.
- No, precioso, las medias son muy finitas y sólo llegan a medio muslo. Y más hacia arriba ya no hay nada...
- ¿No llevas bragas? - casi gritó Andrés.
- Cuando voy recién depilada me gusta no llevarlas - contesté con voz algo infantil, fálsamente inocente-. Así puedo notar mejor el roce de los pantalones, haciéndome cosquillitas ahí. Y si me acaricio un poco, la sensación que produce un suave roce a través de sólo una tela... es brutal. He podido hacerlo esta noche varias veces delante de todos y nadie se ha dado cuenta. Un toquecito despistado y.. un instante de placer aún mayor que el contacto directo con la piel. ¿Verdad, Eva? Tú tienes que saber lo que digo.
XY ya estaba metiendo la mano entre mis muslos para sentir a través de los pantalones la cercanía de mi sensible zona, enloquecido por mi descripción de lo placentero que eso podía ser. Yo instintivamente descrucé las piernas para abrirle paso. Noté en su forma de morderse el labio que le encendió aún más notar perfectamente el contorno de cada parte de mis genitales, perfectamente definibles el no llevar ropa interior.
- ¡Ah, guarra! - dijo Andrés a Eva- Por eso llevas tú esa faldita tan corta, para poder también con disimulo deslizar una mano por debajo de ella, casi sin tener que apartar tela, y poder darte placer a través de la única tela del tanga que apenas recubre ¡mmmm...! ¡Diossss! tu preciosa joyita -por supuesto dijo esto metiéndole la mano bajo la minifalda-. ¿Y esa exacerbación del tacto ocurre también cuando se toca, por ejemplo, un pezón a través de la suave tela del sujetador? - ahora le metía la otra mano por el escote - ¿Eso insinúas cuando te pones escotazos como éste, que quieres que te metamos la mano por dentro?
Desde luego, la cosa andaba tibia. No sé ni cómo conseguimos continuar charlando un rato más porque la temperatura de las palabras no bajaba, rondábamos temas con los que poder desahogar nuestra ansia de guarradas y, a la vez, intentar excitar más aún a los contertulios, era como una lucha de a ver quién dice algo que desquicie más todavía, buscando ese gesto en los otros de "jooodeeeer...". Todo esto aderezado con continuas caricias poco decorosas, pero que reteníamos para que fueran sólo pequeños aditamentos que no llegaran a desencadenar la batalla final. Queríamos prolongar al máximo la aventura... y el placer de disfrutar de la excitación y el deseo en sí mismos.
Al final, la más blanda fui yo. O las más atrevida. Desde luego, a estas alturas, yo ya tenía claro que no nos íbamos a cortar los unos ante los otros, incluso se barajaba la posibilidad de que la cosa terminase en un "todos a por todos"; pero mi intención esa noche era otra: mi objetivo, mi deseo, mi presa, era claramente XY. Continuábamos con los roles establecidos a priori, así que antes de lanzarme a por él, busqué la aprobación de mi acompañante:
- Como veo, cielo, que tú te llevas bien con la muchachita y parece que ella te responde, no tengo ningún reparo en decir que a mí éste me tiene loca. Y les veo con decisión, parece que al final los novatillos se atreven a probar. Podemos decir que el trato está hecho, así que yo voy a tomar posesión, que este cabrón se va mereciendo ya la caña que no ha dejado de pedir toda la noche. ¿Te parece, mi vida?
Andrés ni siquiera me contestó, empezaba a tener la boca ocupada en asuntos mejores que articular palabra, mientras Eva le recibía con los brazos abiertos. Consideré su silencio como un consentimiento, aunque tampoco hubiera aceptado otra cosa.
Fui por tanto a por lo que lleveba tantas horas deseando: el cuerpo de XY. Estábamos completamente pegados hacía ya rato, así que no tuve más que levantar un poco la pierna para ponérsela encima, acariciándole con ella entre las piernas, mientras con una mano le desabrochaba la camisa. Me moría por acariciar su pecho, realmente inquieta por cómo sería, con la perfecta sensación de no haberlo hecho nunca antes. No sólo la situación era un juego, sino que llegó a convencerme: incluso su olor me resultaba distinto, quizá fuera el sitio o el alcohol que afectaba a mis neuronas. Embelesada con la sensación de novedad y descubrimiento, deslicé la mano bajo la camisa. Su tacto se me hacía también distinto, incluso sus pectorales parecían más marcados; tal vez por la tensión que venía arrastrando las últimas horas, que le hacía contraer todos los músculos de su cuerpo. Tampoco su respuesta me resultó familiar, no pareció que recibiera la mano de su mujer en el pecho, más bien se estremecía y su respiración se agitaba: una tía buena le estaba metiendo mano.
Su paquete estaba turgente, le notaba bombear pegando golpetazos contra el pantalón. Me moría por liberar aquella bestia. No pude evitar ponerle la mano encima, y palpar tal erección me enloqueció: un escalofrío recorrió mi cuerpo ardiendo hasta llegar a mi cuello, de ahí se extendió hacia mis mandíbulas que se abrieron hambrientas, y me provocaron un tremendo deseo de sacar la lengua y lamerle desesperadamente. Intentando contenerme, concentré todo mi deseo en un intenso lametón en el cuello que me supo a gloria: sudor y alta concentración de feromonas, enloquecedor.
- ¿Te gusta ella a ti, cariño? Éste tiene un tesoro entre las piernas - dije a Andrés.
- Me encanta - me respondió, con un tono de complacido que no dejaba lugar a dudas.
- Pues que no me entere de que la dejas mal o la tendré que terminar yo - contesté incitante, aunque no parecía que le faltaran ganas de destrozarla él solito.
- No te pongas celoso, XY, cuando me oigas gritar - le dijo, entre gemidos, Eva.
- Para nada: grita todo lo que quieras. Ésta maravilla va a gritar hasta taparte - le contestó XY mientras me miraba con una cara de caníbal que reforzaba la contundencia de sus palabras.
Con la misma agresividad, me levantó la camiseta por encima de las tetas y empezó a apretarlas, lamerlas y morderlas. Mientras, yo miraba de reojo a Eva y Andrés, que se comían mutuamente con la misma avidez. Se desnudaron rápidamente y empezaron a masturbarse el uno al otro, ella recostada sobre el sofá y él de pie casi encima de ella. Apenas tardaron unos segundos en correrse, Eva se retorcía mientras una fuerte escupida de semen le marcaba todo el vientre y los pechos. A XY le gustó verlo, lo noté en su cara de vicio.
Crecido por lo que acababa de ver, me arrancó los pantalones, literalmente. Parecía que no le importara que tuviera que salir de allí así, con el pequeño top arriba y nada más que el liguero y las medias abajo, todo mi coñito al aire. Que todos vieran lo que él se había comido esa noche, y que babearan de envidia.
No sé, no sé si a él le gusta tanto como a mí levantar envidias, pero a mí me pone a mil que los demás vean lo que yo tengo y ellos se pierden; me encanta que le deseen y vean cómo YO le poseo.
- Chicos - dije a nuestros amigos -, mirad bien.
Con poco esfuerzo me quité la poca ropa que me quedaba, primero terminé de sacarme la camiseta y después solté con exhibicionismo los enganches del liguero mientras XY me bajaba impaciente las medias. Me agaché sobre él soltándole los pantalones, de espaldas a mi atento público, y me aparté un poco para que contemplaran la maravilla que me disponía a engullir. Estaba deslumbrante, desde luego no hay boca en el mundo que no se hubiera muerto en ese instante por comérsela. Consciente del privilegio, me la metí hasta la garganta, disfrutando de sentir toda mi boca tan llena de polla como se puede estar. Intenté deleitarme en lo que hacía, como a mí me gusta, pero apenas pudo resistirse XY y en seguida liberó sobre mí un intenso orgasmo. Normalmente me gusta tragármelo todo, pero en esta ocasión decidí dejar que todos difrutaran del espectáculo viendo cómo mi cara, mi cuello y mis pechos se salpicaban de placer.
Casi inmediatamente me dio la vuelta y se echó sobre mí; yo estaba apunto de enloquecer de excitación, sé que XY no pierde la erección después de correrse, así que en ese mismo momento podía penetrarme con la fuerza de un toro. Así fue. Tuvo, de hecho, la fuerza suficiente en su miembro para abrirme el culo de una estocada. Cierto que, tal y como yo estaba, todos mis agujeros se morían por ser el elegido. Lo mejor de todo fue que él, consciente de ello, me entraba alternativamente por uno y por otro, entrando con facilidad por la humedad que me inundaba. Cómo sabe lo que me gusta eso. Sin intentar reprimirme, tuve un orgasmo brutal mientras él sonreía encantado de hacerme disfrutar así. Un largo gemido fue la muestra de la intensidad de mi placer, e hizo que por un momento Eva y Andrés se pararan a mirarme, deteniendo sus movimientos aunque no su disfrute; cuando me recuperé del éxtasis, ella confesó:
- Hija de puta, me has hecho correrme contigo con esa brutal cara de placer.
Se había quedado clavada encima de su novio, con la polla metida hasta el fondo, y sin siquiera moverse se vio contagiada de mi orgasmo. Me encantó saberlo.
XY salió de mí para dejarme descansar, sabía que lo necesitaba, y nuestros amigos aceptaron el paréntesis. Me acerqué a por mi copa y abrí la segunda botella de champagne. Serví a Eva un poco, pues se acercaba conmigo a retomar aliento. Las dos acabábamos de corrernos con fuerza.
Nuestros chicos nos miraban con deseo sin bajar la guardia, y cuando me di cuenta ambos estaban masturbándose, suavemente, pidiendo más caña. Enganché la botella y derramé sobre nosotras el champagne que quedaba, incitándoles a ellos a beber también. No sé si estaban sedientos, pero lamieron el líquido con ganas, volviendo a ponernos a mil. Y así como estábamos, recostadas la una junto a la otra, recibimos a nuestros respectivos dándonos una nueva follada, que parecía aunar el placer de cada uno de nosotros con el que sentían los demás, tan cerca que nuestros gemidos se confundían. Algo infinitamente más allá de ver a alguien jodiendo en una película, o de oírlo en la habitación de al lado, incluso mejor que hacer un trío. Embriagada de placer mientras XY me follaba como loco, y pegada a mí Eva disfrutaba de la polla de Andrés penetrándola también, con las caras de nuestros hombres delante de nosotras y desfiguradas por la intensidad. No sé ni cuanto tiempo duró, ni cómo pudimos corrernos los cuatro a la vez, pero sé que desde esa noche la expresión de “gran amistad” cobró un nuevo significado para mí.

Fdo.: XX

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12 Febrero 2006

XX - Intercambio de parejas "Sui Generis" (II)

Es una de esas cosas que desde que se me ocurrió planteármela me ha apetecido. Fue a raíz de algo que él había escrito como fantasía, pero me pareció estupendo comentarle la posibilidad de que fuera algo real. Por supuesto, y a pesar de que tardó unos segundos en confirmármelo, consintió con gusto.
Elegir la otra pareja no nos costó, para esto buscábamos claramente un par de locos el uno por el otro, y no conocíamos a nadie como Eva y Andrés en cuanto a desbordamiento público de pasión. Y, todo sea dicho... ambos están de muy buen ver (al fin y al cabo, debían ser él mi pareja y ella la de XY por un buen rato).
Como pensábamos, a ellos también les gustó la idea. Determinaron una fecha todo lo próxima que nuestras obligaciones nos permitían, quedaron en buscar ellos un buen sitio, e insistieron en pasar a recogernos ese día, cada uno en su coche. No nos pareció mal, al contrario, bien está que se ilusionen con el asunto. Sabíamos que habían sido una buena elección.
Lo siguiente que tuve que decidir fue la ropa que me pondría esa noche. Todavía no hacía demasiado frío, pero ya se notaba el fresquillo a la caída del Sol. Aunque también debía considerar que en un sitio cerrado, y con altas temperaturas en el ambiente, no iba a dejar de tener calor. Y por supuesto no quería estar sudorosa. No, no mejor algo destapado de arriba, al menos. Tal vez no muy despampanante, sino elegante pero sensual. Que la sorpresa vaya debajo de la ropa exterior. Y el pubis... bien depiladito. ¡Dios, estaba nerviosa, como si de veras tuviera que conquistar a XY!
Cuando Andrés pasó a por mí, comprobé que mi atuendo había sido una buena elección. Tanto él como mi marido me miraron boquiabiertos al salir del dormitorio. Ambos, con cara del que disfruta observando el pastel que luego se va a comer. Aunque uno sólo iba a jugar a que ya lo había probado...
De camino al local, no sabíamos muy bien qué decir. Si empezar a hablar como una pareja, planificar nuestra actuación posterior, o charlar con normalidad. La cosa se centró bastante por iniciativa mía:
-Y a ti... ¿te excita todo esto? Quiero decir, desde ya; prepararlo, empezar a llevarlo a cabo, saber que ellos ya están juntos y verte tú aquí conmigo...
-Pues... llevo cachondo desde que surgió el tema -o algo así me contestó-. ¿Y tú?
-Yo más bien estaba nerviosa. Cachonda, lo que se dice cachonda, estoy desde que XY se ha metido a la ducha conmigo, el muy cabrón. Ya se ha ocupado él de bajarme los nervios, ahora los tengo todos concentrados en los bajos.
-¿Te ha picado?
-Me ha follado. Pero sólo un poquito. Hijoputa...

De camino al sitio, y sin preguntar, él decidió parar en otro parecido que había en esa misma zona. Para ir entrando en terreno, y meternos más en nuestro papel. Bueno, me vendrá bien una copa, pensé. Aunque al final fueron dos. Entraban muy rápido, supongo que por la tensión, y las ganas de ponerme a tono. Entre tanto él me contaba lo emocionado que estaba por hacer algo así, "diferente", dijo. No es que hubiera dejado de disfrutar del sexo con Eva, pero tenía ganas de morbo. Ah, pillín, ya te lo habíamos notado nosotros...

Cuando llegamos al club estábamos ya bastante sueltos. Unas risas en la puerta, a santo de no sé qué, nos hicieron entrar con más confianza. Realmente parecíamos una pareja que frecuentaba el lugar. Incluso saludamos a la chica del guardarropas como si la conociéramos de siempre, a lo que ella respondió también como si tal. Perfecto.
-Cielo, ¿vamos a entrar hoy también al jacuzzi?
-Depende de a quién nos liguemos... y si les gustan las burbujas.
Nos reímos. No sabíamos hasta que nos ofrecieron los albornoces que el local tuviera zonas de baño.

En concordancia con nuestro aparente dominio de la situación, entramos decididos hacia el fondo del local, de donde oíamos salir una música más animada. Parecía a priori una zona más light, como para empezar con unos bailes. Pero no duramos ni diez minutos, la gente allí estaba muy lanzada y nos entraban a matar dos de cada dos parejas que todavía no habían pillado. Por supuesto, ninguna era de nuestro agrado: teníamos claro lo que buscábamos.
De vuelta a la sala principal, hicimos un esfuerzo por no rebuscar en todas las mesas y, sobre todo, sillones, a nuestros en silencio respectivos. Lo cierto es que temía encontrarlos demasiado acaramelados, o muy entretenidos con otra pareja, o qué sé yo qué más hubiera pensado si no los llego a ver en ese instante en una de las mesas del lateral, bien solitos y guardando las formas. Creo que casi a la vez, Andrés les vio también, porque los dos hicimos una pequeña pausa en nuestra marcha. Intentando que no se notara mucho, aunque seguramente se nos vió en las caras, procedimos con indiferencia:
-Cariño, ¿nos sentamos por aquí?
-Lo que tú mandes, corazón.
Era un sitio perfecto para iniciar el juego de miradas. Entre nuestra mesa y la suya había otras 3 ó 4, pero colocadas en semicírculo, de modo que todos nos veíamos bien a todos. No estaba a rebosar, pero sí había alguna parejita a las que echar un ojo. Intentamos coquetear, pero nos daba la risa más que otra cosa. Lo cierto es que ni siquiera recuerdo si eran atractivos o no, no entraba en mis planes dedicar demasiado tiempo a mirar a quien no fuera XY. Pero entonces XY clavó sus ojazos en mí y bastaron dos segundos para que se me subiera el estómago a la garganta.
-Mírame, Andrés, por Dios, que no se me note que estoy de los nervios -dije susurrando-. ¡No!, mírales a ellos, ¿qué hacen?
-Pues están mirando para acá muy coquetos, se ve que tienen la situación muy controlada. No consientas ahora que te dejen por cagada, que no se te vea dudar -intentaba tranquilizarme a la vez que incitarme-. Relájate y disfruta, que a eso hemos venido- y se sentó más cerca de mí.
No era cague, de veras, era más bien ansiedad. La excitación me hervía dentro desde hacía ya unas horas, y cada vez más; y a eso se unía la intriga de no saber lo que iba a pasar, cómo empezaría el acercamiento y cómo terminaría (de ninguna de las dos cosas habíamos concretado nada...). Pero esa actitud decidida de Andrés, apoyando un brazo en el respaldo del sofá por detrás de mí, junto con la suave fragancia de su aftersave que ahora me invadía, me tranquilizaron un poco. Cerré los ojos por un instante. Le di un trago a mi copa, me encendí un cigarro y volví a meterme en situación.
-Está la cosa tranquila hoy, ¿no? Mucho cincuentón y pocos de nuestro gusto, vamos a tener que cambiar nuestro perfil habitual si no se amplía el mercado. Así, a botepronto, diría que en todo el local sólo hay un par de parejas a las que me interesaría acercarme -ya me sentía más segura y lanzada-. A ver, a ver, ¿qué te parecen aquellos de allí? -comenté señalándoles con un gesto de cabeza-. Vaya tía, esa viene pidiendo guerra. ¿Has visto qué escotazo? Gasta buena delantera...
Debo confesar que sus tetas me parecían demasiado grandes y poco escondidas para estar tan cerca de mi hombre. Esperaba que a él no le parecieran tan apetecibles como a mí; yo no podría apartar la vista de su canalillo si estuviese sentada con ella. Y parece que a Andrés sí le resultaban también muy tentadoras, pues se le dibujó una amplia sonrisa por unos segundos. Aproveché su embobamiento para seguir incitándole:
-Y mira, mira, asómate tras la mesita. Esa falda requiere muy poco esfuerzo para levantarla apenas un palmo y dejar verlo todo. ¿Crees que llevará bragas? -yo también me iba encendiendo mientras hablaba, así que mis palabras se iban ralentizando-. Me da a mí que esta noche lo comprobamos, ¿qué dices?
- Pues digo que pagaría por que fueses tú quien lo comprobase, y no sé hasta qué punto vamos a terminar la noche jugando los cuatro juntos, así que más vale que controles un poco tu sucia verborrea -contestó pegado a mi oreja.
Zas, hachazo y momento de tensión. La historia podía tomar otro rumbo si no nos andábamos con cuidado. Por suerte, una tipa que ya se nos había acercado antes en el otro salón vino de nuevo hacia nosotros con la original excusa de pedir fuego, y rompió por un momento el aire petrificado que nos rodeaba. Nos preguntó si habíamos visto a su marido, mientras repasaba con descaro el esbelto cuerpo de Andrés, que debo reconocer que no lucía nada mal. Un "lo siento, guapa, mi vista está concentrada en aquella mesa y no he visto a nadie más" le dejó bastante claro que debía dejar de darnos la murga ya. Y me hizo volver a mirar hacia allí, y engancharme a los ojos de XY, que seguía echando miraditas.
Andrés no se llegó a separar mucho, seguía hablando en susurros:
-Entonces qué dices tú... ¿voy a poder ver cómo seduces a aquellos dos? Porque para mí que te gustan los dos. Si quieres, te dejo hacer a ti. ¿A cuál le entrarías primero? Igual hoy no hay ni intercambio, sólo vosotros tres saboreando algo nuevo; yo me conformo con poder verlo. ¿Dejarías que él te desnudase, mientras tú haces lo propio con ella? Mira que los dos están bien buenos...
Y justo en ese instante se levantó Eva hacia la barra, dándose un pequeño tironcito de la falda hacia abajo, pues sentada en ese sofá bajo y con sus largas piernas cruzadas, la ya de por sí pequeña prenda se había ido subiendo hasta niveles intolerables para la salud pública. Y por supuesto, nuestros ojos se fueron detrás de ella.
Como Andrés estaba ya bastante lanzado (yo también me moría de ganas por pasar a la acción), me dispuse a picar también a XY, que no se quedara atrás. Acerqué mis dedos jugueteando a la mano de mi acompañante, y le sonreí diciendo:
-Desde luego, "cariño", sí que te gusta la chavala esa. Vamos a intentar ligárnosla esta noche. Si tú solito no puedes con ella, no te preocupes que yo te ayudo.- Me giré hacia XY, arrebatador por arriba y por abajo, del derecho y del revés, y le lancé otra mirada coqueta. -Creo que el guapo que la acompaña puede tenerme bastante entretenida, pero no te digo yo que no podamos echarte una mano con ella entre los dos.
Miré de nuevo a XY. Lo cierto es que sabía que no le importaría en absoluto terminar como orgía lo que en principio no iba a ser más que una forma distinta de acabar follándose a su mujer. Desde luego que sin saltarse este escalón: después de cómo me había puesto en la ducha, y viéndolo así, de lejos, con esa planta de chulo que me enloquece, recordándome los tiempos en los que apenas le conocía y me moría por tirármelo, no iba a consentir que no me diera buena sesión de lo que yo sé que él tiene para mí. Después de mi ración de polla, si quieren, ya cataré las suaves carnes de Eva. Y las de Andrés, si se pone tonto, también. Pero a mi amante perfecto que no me lo quiten. Me muero por él, y lo quiero ya. ¡Ya!
Apenas me di cuenta de que Eva pasó por nuestro lado, casi rozándonos, para volver a su mesa con una nueva copa en la mano. Andrés si se había percatado, y sus pupilas seguían todavía pegadas al culo de su chica cuando esta estaba ya llegando a su asiento.
-Se te van a salir los ojos- le dije, dándole un manotazo en el hombro e intentando distender de nuevo el ambiente, aunque también aproveché para descargar algo de tensión con el revés que le solté. Él reaccionó, giró la cabeza hacia mí y me dijo:
-Puedes darme más fuerte si quieres, ahora no siento frío ni dolor. Me tenéis entre las dos que no respondo, más vale que la tontería vaya acabando o cuando por fin alguien me toque la polla se va a evaporar, y nos vamos a quedar cojos en esta bonita historia de parejas.
Me dio por reír, y el se contagió conmigo mientras resoplaba, reescuchando para sí sus propias palabras, y reafirmándose en lo ciertas que eran.
-No te preocupes, creo que nunca un calentón ha llegado a tal punto; y creo que cuando hablan de la combustión espontánea no se refieren tampoco a movidas de estas. Pero lo cierto es que tenemos que relajarnos un poco, o cuando estamos a medio metro de ellos nos los vamos a comer.- Ellos seguían mirándonos insinuantes, a veces uno a veces otro, mientras parecía que escuchaban desinteresados lo que el otro estaba diciendo- Relax, que aún queda mucha noche, y ya que nos hemos puesto a esto, debemos hacerlo bien. Hay que ir hasta allí, con tranquilidad, seducirles, ponerles tan cachondos como estamos nosotros, arrancarles de la mesa, llevarlos a un privado, follárnoslos como locos...
-¡Eh! -interrumpió él-, ¿dónde está la tranquilidad, bonita?
-Se ha ido a tomar por culo. Vamos, Andrés, vamos a tomarnos algo con los de aquella mesa -dije, mientras me levantaba hacia ellos.

(Continuará)

Fdo.: XX

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4 Febrero 2006

XX - En el restaurante (paréntesis entre la 1ª y la 2ª parte)

Cuando alguien no ha intentado nunca hacerlo puede que le suene irreal. Si jamás has pensado que puede ser algo más que una fantasía, por supuesto lo consideras imposible. Pero señores, no saben lo que pasa cuando te decides a hacerlo.
No es que fuera la primera vez que nosotros hacíamos una locura de estas. Sólo lo comentaba aquí porque hay quien, después de leer el inicio de esta historia, apuntó que cualquiera de las guarradas que a mí se me pasaron por la cabeza le parecían eso, "irreales". Irreal puede ser que él/ella se atreviera a hacerlas. Pero no ha leído aún todas las cosas que XY y yo tenemos por contarles...
Tal vez sea el miedo a lo que pueda pasar si se hace. Y ¿qué puede pasar? ¿Que la gente se escandalice? ¿Que alguien se vaya diciendo lo inmoral que es la juventud de hoy en día? ¿Que algunos se exciten y se queden embobados mirando? A nosotros no nos asusta nada de eso; por eso yo no tuve ningún reparo en continuar con la escenita que había provocado, y él tampoco (ni mucho menos) hizo nada por evitarlo.
Pronto continuaré con la narración.

Fdo.: XX

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26 Enero 2006

XX- En el Restaurante (1ª parte)

¿Qué hace que no me ha sacado ya de aquí? Llevo toda la cena intentando ponerle cachondo. Hasta los camareros se han dado cuenta, noto cómo nada más salir de la cocina con su bandeja en la mano me ponen los ojos encima y no me los quitan ni mientras sirven su mesa, aunque esté al otro lado del salón.
Ciertamente esta noche visto muy provocativa. He hecho todo lo posible por llegar a desquiciarle, incluyendo los tacones altos y un escote como los que no me pongo desde el verano. Me había dicho alguna vez incluso que no quería que saliera con esta falda, que me miraban demasiado. Pero hoy me da igual, cuantos más me miren más cachondo se va a poner.
Dios, me miran hasta las camareras. Con las mamadas que le he pegado a los espárragos, no me extraña. ¿Pero es que él no se da cuenta? Cojo otro y le mojo la puntita en mayonesa; a ver si mira... y entonces me lo meto en la boca.
Joder, si lo llevo haciendo toda la noche. Desde que empecé jugando con las aceitunas clavadas en su palito, lamiéndolas y acariciándome los labios con ellas antes de comérmelas. Y había que verme mordisqueando los pepinillos, y después succionando las gambas. Todo esto bien acompañado con un cava muy frío, que quién sabe por qué pero me excita un montón cenar con cava.
A nuestra izquierda, en la mesa número 6, una pareja que decide saltarse el postre para irse cuanto antes a casa. Creo que mis continuas insinuaciones han llegado hasta ellos y les han dado pie a una conversación que les ha provocado mucha urgencia. Ya están pagando.
A la derecha y un poco a mis espaldas, mesa 9, cuatro tíos no dejan de apostar por quién me haría la guarrada más salvaje. Desde su posición pueden ver perfectamente cómo mi faldita se escurre piernas arriba y sé que les lleva locos. Y hay que ver cómo me han mirado todos cuando me he contoneado hasta el aseo...
Cojo otra gamba y aprovecho para chupar descaradamente mis dedos con la escusa de saborear la sal y el limón. Un sensual "Mmmm..." saliendo de mi garganta... no puede deberse sólo al estupendo sabor del marisco a la plancha, obviamente estoy siendo descaradamente guarra. Y no sólo meto el dedo en mi boca, sino que también saco la lengua para lamerlo. Qué descarada descaradísimamente guarra.
Y él ahí, todo el rato hablando de no sé qué película, como si no fuera de cinco estrellas la que le estoy montando yo. No parece que esté muy por la labor, pero yo hoy quiero escenita y me la va a tener que dar.
Así que paso a las duras, y a pesar de que los manteles de las mesas son cortitos y apenas tapan debajo, no me corto en quitarme el zapato y meterle un pie en la bragueta. Entonces se produce un parón en seco, como si la Tierra hubiese dejado de girar: él deja de hablar de repente, tan bruscamente como yo dejo de respirar. Hijo de puta, tiene la polla más empalmada que entre los 4 babosos gilipollas de atrás juntos. Sigo sin respirar. No me lo esperaba. Entonces, tranquilo, sonríe con cara de bueno (qué cabrón) y me dice:
- ¿Qué pensabas, pedazo de guarra, que ibas a tener a todos enfermos mientras yo, que soy el único que te va a follar, me quedo imperturbable?

Y mi pie ahí, cristalizado, entre sus piernas. No puedo quitarlo, está como hipnotizado por el contacto con algo tan duro. Y palpitante. Golpea mi planta del pie. A cada golpe parece que se pusiera más dura todavía, aunque sé que es imposible. No puede ser, está a reventar. Va a reventar. Le va a estallar el pantalón. Va a reventar. Sigue golpeando, Dios, no para. Le va a reventar. Se le va a reventar.
¡Clinnn! Ah.. eee.. ¿qué...? A un pavo de la mesa 9 se le ha caído la copa sobre el plato, y casi la baba también. Menos mal que algo me ha sacado del trance, podía haber quedado así enganchada mientras le durara la erección.
Que cerdo asqueroso, caigo en la cuenta ahora que puedo. Me estaba dejando comportarme como una zorra sin decir nada. Permitiendo que todo el mundo a nuestro alrededor se pusiera a mil a mi costa. Cómo lo disfruta. Y sigue sonriendo.
¿Eso quieres? Miro a mi alrededor con los ojos entrecerrados, buscando con complicidad a alguien que estuviera siguiendo aún el espectáculo, con vista suficiente debajo de la mesa. Los hay que hasta agachan la cabeza con descaro cuando doy el siguiente paso: empiezo a mover mi pie arriba y abajo. Un movimiento muy evidente, debido al gran tamaño de la polla que acaricio; largo recorrido el que tengo que hacer desde el capullo hasta los huevos, y no pienso dejar nada sin tocar, ni mucho menos se me ocurre hacerlo con disimulo. Tampoco parece que lo quiera él, que mete ahora la mano bajo el mantel para apretar más aún el pie contra su paquete.
- No pensabas encontrarte esto aquí, ¿eh? Y ¿qué vas a hacer ahora?
Mierda, sí, ¿qué hago yo ahora? Se amontonan las ganas en mi cabeza, le haría tantas cosas que no me decido. Puedo tirar las copas y los platos de un manotazo y tirarme a por él. Puedo llevármelo al baño y hacer que me folle sobre el lavabo. Puedo meterme debajo de la mesa y comerle la polla aquí mismo. O desbordar su gran erección abriendo la cremallera, sentarme encima de él con la falda por la cintura y tirármelo en su silla, hasta que nos echen del local.
No sé qué hacer. Él está esperando, y todo el restaurante también. El ambiente huele a ropa interior mojada. Y decenas de ojos siguen clavados en mí. Sobre todo dos, dos ojos rasgados que me empiezan a intimidar. XY no está dispuesto a esperar más, quiere lo suyo y yo quiero dárselo. Voy a lanzarme. Voy.

Fdo: XX

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15 Enero 2006

XX - Creo que lo sé

No sé si ocurre de veras, no sé si se trata sólo de algo que me gusta creer, pero me encanta pensar que puedo advertir cuándo él está excitado.

Cuando conoces bien a alguien puedes verlo, aún sin intención por su parte de hacerlo saber, sin que se percate siquiera de que tú lo sabes. Por una mirada perdida, o muy fija y penetrante; por un temblor en el pie, la pierna, o por darse palmaditas en la rodilla; por una respiración agitada o todo lo contrario, un suspiro muy profundo; por un morderse el labio, generalmente el inferior, bien por un lado, algo más recatado, o bien todo él, cuando la pasión es más incontenible.

Pero sin duda lo más satisfactorio es detectarlo en la manera en que te mira. Esa mirada que te absorbe, que casi intimida, atravesando tus ojos para llegar a tus pensamientos y leer, porque así quiere él que sea, las mil guarrerías que andan rondándote le cabeza. Puede parecer sólo una mirada fija, pero tú sabes que busca eso. Así que le correspondes despistadamente con un leve gesto lascivo, como lamerte el labio suavemente con la punta de la lengua, que puede que él ni advierta de forma consciente, pero que es la confirmación de lo que buscaba, y desata ya un deseo irrefrenable.

Y pasa a atravesar ahora con la mirada tu ropa; sabe bien lo que hay dentro, así que lo imagina a la perfección, como si lo estuviera viendo. Esto le enciende sobre todo si hay gente delante, porque te tiene ahí desnuda, entre otras personas, pero sabe que sólo él puede disfrutarlo.

Aunque a solas tiene también su encanto, porque puedes llegar más allá sin escandalizar a nadie, si es que no quieres hacerlo. Utilizar los movimientos de tu cuerpo, no en sí eróticos, pero sin duda sí en este momento: una presión fuerte con la mano en el cuello, como masajeando; un estirar los brazos hacia atrás como desperezándose, apretando bien el pecho hacia delante; abrirse el escote, sacudiéndolo como para bajar las altas temperaturas de tu cuerpo caliente, a la vez que se deja ver tímidamente alguna imagen íntima; rascarse despistadamente un pecho, bordeando el pezón para terminar dándole un suave pellizquito... Y de aquí a una caricia que baja por el costado, atraviesa el vientre, y roza el pubis hasta perderse en el muslo... no hay nada.

Cuando ha llegado a este punto, en el que mezcla la realidad con sus sucios pensamientos hasta casi no percibir lo que es una cosa y lo que es otra, puedes jugar con él descaradamente sin que se dé cuenta, llevándolo hacia donde tú quieres, pues en el fondo estás ya tan excitada como él y quieres sacar partido a la situación; así que empiezas, por ejemplo, apoyando la barbilla sobre la mano, lo que te permite jugar con algún dedo en tus labios. Estos se mantienen primero cerrados, pero pronto los abres y permites que el dedo entre suavemente para acariciarlos por dentro, hasta llegar al momento tan deseado por él en el que tu boca toma parte activa en la jugada y chupa el dedo. Esa ligera succión le transporta irremediablemente a similares movimientos que tantas veces te ha visto hacer en su pene; así que tu dedo pasa a ser, en su imagen mental, la puntita de su polla. Y cada vez que haces entrar y salir el dedo de tu boca, para él en tu boca entra y sale, a punto de estallar, su gran capullo.

Y por supuesto, en tu cabeza ya también. No lamerías así tu dedo si no estuvieras imaginando que es otra cosa. Así que, ya desinhibida, lo lames, lo chupas, lo haces entrar y salir con vigor, lo mordisqueas, y si todavía puedes, vas acercándote hacia él. A mí, generalmente, no me da tiempo; es él quien viene hacia mí, con la bragueta bajada y me mete la polla en la boca, como ambos estábamos deseando. Puede incluso que él crea que me pilla por sorpresa. No sabe cuanto rato llevo conduciéndolo hasta aquí...

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14 Enero 2006

XX - Comienza la obsesión

La primera vez que nos acostamos fue una revolución para mí. Hasta qué punto eso hizo que terminara casándome con él, no lo sé, pero tampoco me importa. Me gusta que mi marido sea quien mejor me ha follado nunca.

Supongo que la gran diferencia, considerando que todavía no habíamos alcanzado esa compenetración que, a mi parecer, mejora tanto una relación sexual, creo que fue la estupenda forma de su polla. Tiene eso que en alguna revista se ha catalogado como “forma preferida por las mujeres” (qué de acuerdo estoy con ello): empieza en una base más estrecha que el resto, y va ensanchándose hasta llegar a un tremendo y prominente capullo, o como yo me imaginaba en ese momento, una gran maza que abarrota de entrada y debe volver a abrirse paso para salir. Eso era lo que se repetía en mi cabeza durante toda la penetración: “arrambla para dentro, arrambla para fuera”.

Lo cierto es que ya se la había visto antes de aquella noche. Un primer contacto sexual en el que apenas hicimos nada, pero que me dejó con la miel en los labios. Era la polla más grande que había visto nunca, más allá del hecho de que él sea un hombre más bien pequeño (aunque, Dios, perfectamente modelado). Recuerdo esa sonrisa estúpida que se dibujaba en mi boca cuando pensaba en ella, lo que sucedía prácticamente a todas horas; ciertamente, cualquier tontería me la recordaba, cualquier objeto lejanamente fálico me evocaba a aquel maravilloso miembro que tanto anhelaba volver a encontrarme delante. Lo que más imaginaba era esa grandiosidad llenándome la boca, quería besarla y chuparla y meterla hasta mi garganta, sintiendo que no me cabía más. Y todavía no sabía lo que “eso” podía ser follándome...

“Joder”, esa era la palabra que él utilizaba. Lo prefería a “follar”, no recuerdo muy bien por qué. A mí “joder” me suena a algo más guarro, pero no me parecía en absoluto desafortunado; de hecho, yo me sentía más guarra que nunca con aquello delante. En realidad él me gustaba no sólo sexualmente, era un tipo que me interesaba se verdad, pero cuando me jodía no sentía nada más que su polla jodiéndome. Sí, jodía con él, y en el antes o en el después ya me encandilaría con sus conversaciones. Pero jodiendo, sólo me estaba jodiendo. Y, ¡joder!, como nunca me habían jodido.

Fdo: XX

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