La Coctelera

Relatos eróticos de una pareja

Categoría: Escrito por XY

3 Febrero 2007

XY - Para una vez... (III)


No me parece que tenga gracia alguna leer éste relato sin haber leído antes la parte I y la II



- Es buena.
- Joder si lo es...
- La habéis dejado perdida, mamones.

Marta se inclinó sobre XX, que se miraba el cuerpo embadurnado de semen como si aquellos dos no se hubieran corrido en mucho tiempo; había agachado la cabeza, y ahora, con los ojos cerrados, iba dejando que su respiración se relajase, tocándose lentamente, esparciéndolo lentamente con expresión atontada.

Sintió un dedo, el de Marta, en su barbilla, atrayéndola hacia arriba. Al abrir los ojos, se encontró con la asaltante, que la besó suavemente sin obtener respuesta. Marta se detuvo un instante, mirándola así, muy de cerca, cambiando ligeramente la dulce expresión de su cara; “soy la buena aquí, pero no me ha gustado eso”, parecía decir. XX avanzó un centímetro sus labios para besarla, y la dueña de la situación introdujo su lengua con avidez en la boca de mi mujer.

- Mmhhh... qué lengua tienes, preciosa... - ...pero mira cómo está. - dijo, dirigiéndose a sus compañeros, pasando su dedo por el cuerpo de XX. - Va a haber que limpiarla, pobrecita.

Se sentó a su lado, y estuvo un buen rato acariciándole la espalda mientras ambos hombres bebían y miraban a mi mujer, cabizbaja. Pasado un buen rato, Marta se puso a hablar con ellos... parecían rememorar un robo, y hablaban de algunas cosas que XX no debió entender muy bien, salvo lo que se refería a cuando salir de allí sin ser vistos; así que, tal como estaba, parecía estar evadiéndose lejos, mirando en ocasiones a su alrededor, como para comprobar que no había cambios en la situación y que no hacían amago de acercarse más a ella. Comenzó a sentir que se habían calmado y también ella se calmó, poco a poco.

- Voy a limpiarla, chicos... no os importa, ¿verdad?
- Al contrario, compañera. Date el gusto y déjanosla a punto.

Cuando Marta se levantó y atrajo a XX hacia sí, mi mujer pareció refugiarse en ella, mirando de reojo a Víctor y Carlos. Ambos las siguieton con la mirada mientras ellas andaban hacia el cuarto de baño y Víctor sonreía con gesto de satisfacción. XX se atrevió a hablar cuando salieron del salón:

- ¿Van a parar?
- Cariño... - dijo Marta, dejándole pasar y acariciando su espalda con dos dedos - ... ¿no querrás que termine de verdad, no?
- Me han violado. - replicó mi esposa, en voz baja.
- Ya. Claro. - dijo Marta, con sorna, llegando al final de su culo y metiendo su mano entre las piernas de XX para hacer que se detuviera, agarrándola con fuerza con la mano - Claro.

El agua estaba muy caliente, casi ardiendo; XX se mojó un poco con el grifo mientras Marta echaba jabón en sus manos. La miraba mientras el jabón se escurrió un poco entre ellas y comenzó a frotarla. Primero, claro, enjabonó sus pechos, hinchados y erectos, pellizcándolos. Mi mujer no parecía violada ahora. Miraba las manos de Marta como intentando decirles por dónde pasar;acariciaba con lentitud todo su torso, subiendo hasta su cuello para erguir su cabeza y que la mirase. Bajaba por su vientre hasta sus muslos, cogiéndolos con las dos manos, evitando tocar su coño de nuevo. La acariciaba con placer, sabiendo que sus caricias eran bien recibidas. La había visto con Víctor y Carlos. Sabía que no tardaría en pedirlo. Veía sus pechos ascender con la respiración agitada de la que comienza a encenderse más, aún caliente por lo que había pasado hacía poco; y notaba su mirada, ya clavada claramente en sus ojos, buscando que lo entendiese sin tener que decirlo. Pero era parte del juego recorrer todo su cuerpo, sobar sus pechos, agarrar sus caderas al pasar, introducir sus manos entre sus muslos haciendo el camino hacia su coño para irse justo antes de llegar, o bien rozándola ligeramente, sin llegar a tocar lo que más ardía. Mi mujer empujaba levemente las manos de Marta hacia el interior de sus piernas, pero ésta se negaba.

- Tócame. - sollozó XX. - Es lo que quieres.

Marta no respondió. Separó sus manos para quitarse la ropa con lentitud; para que XX la viera bien, y se metió en la ducha, cerrando la mampara tras de sí. Le quitó el teléfono de la ducha a XX y lo colocó sujeto a la pared.

Enfrentándose a mi mujer, le cogió ambas manos y las llevó a su cuerpo. XX, intentando calmar al principio su excitación, exploró a su violadora con avidez, comiéndole la boca y el cuello, la cara y los hombros; mientras Marta la agarraba por la cabeza para atraerla hacia abajo, arrodillada en la ducha bajo el chorro incesante de agua. XX la hizo sentarse en la repisa de la bañera, la abrió de piernas y enterró la cabeza entre sus piernas, apretando su cara contra ella, para comenzar a darle lametones que torcíeron la espalda de Marta hasta que apoyó su cabeza en la pared. Se agarró con ambas manos a la mampara y el piso para subir las piernas por la espalda de XX. La escenita con Carlos y Víctor la había calentado mucho y no necesitaba nada para entrar en calor. Se apretaba contra la boca de mi esposa, que la devoraba glotonamente, como quien tiene verdadera hambre, como si se la fuera a comer de verdad y gimiendo mientras llevaba las manos a su culo.

- Cómetelo todo, preciosa, así... buena chica... - decía, acariciándole la cabeza, pasando una mano por su espalda para atraerla. - ... qué joya de lenguaaahh ...
- Mmmppphhh... - gemía mi mujer. Tan centradas ambas en su festín, no oyeron abrirse lentamente la puerta del baño, accionada por Víctor.

Éste permaneció un poco de pie, mirando las siluetas a traves de la mampara, con el baño lleno de vapor. Los gemidos de Marta resonaban en toda la plenitud de sus graves a tavés de ella, y Víctor se acercó lentamente a la bañera. Al abrir la mampara, se detuvo para ver el agua caer sobre los cuerpos de las dos mujeres. XX arrodillada entre las piernas de Marta apenas levantó un momento la cabeza para ver a su agresor, mientras Marta sí le miraba arrodillarse en la bañera y dirigir sus manos al culo de mi esposa. Miraba su cabeza hincarse entre las piernas de Marta, con el agua respalando por su espalda y sus piernas. Una visión increíble. Víctor acarició el culo de XX y con un dedo presionó sus dos violados agujeros con suavidad. Ella respondió inmediatamente, buscando su mano, arqueándo la espalda para ofrecerle su trasero más empinado hacia arriba. Vïctor sonrió ante su actitud, y comenzó a darle pequeños golpecitos que recorrían el cuerpo de mi mujer como una sacudida eléctrica.

XX lamía con placer y esperaba con avidez cada golpecito, mientras Víctor metía a veces un dedo en sus dos agujeros, alternativamente. Mi mujer estaba en el cielo y por su mente pasaba mi polla entrando y saliendo de sus agujeros. Parecía ajena a la situación... y justo cuando comenzaba a sentir que llegaba cerca del climax, escuchó la voz de Víctor.

- Secaos y salid. - dijo; suave, pero también secamente, para que quedase claro que estaba dando una orden.

Las dos mujeres, ahora sí, le miraron al tiempo, para ver que se levantaba mirando a XX, con media sonrisa... y se daba la vuelta para marcharse. XX miró a Marta, como preguntando si tenían que irse; a lo que ésta respondió con una sonrisa y un beso, levantándose ante ella para coger el albornoz. Parece que la interrupción no hubiera sorprendido a la asaltante, aunque mi esposa sentía ganas de acabarse de la forma que fuese y estaba jodida por el corte, sin dejar de permanecer tremendamente excitada.

Marta se vistió tan sólo con la ropa interior y una camiseta, indicando a XX que no se vistiese, que para qué. Tranquila, le dijo... que no hemos acabado contigo.

Se dirigieron de nuevo al salón, y se sentaron ambas en el sofá, juntas. XX se sentó con las piernas cerradas, apretadas, el cuerpo echado hacia adelante para taparse la cara con las manos, apretando el culo contra el sofá. Respiraba agitadamente y una expresión asomaba a su cara, inequívoca para mí, de fútil intento de calmar rápidamente la excitación.

Carlos fue el primero de los dos hombres en hablar, que las habían observado entrar, silenciosos - Vaya vaya... te ha dado lo que querías, o no, putilla? Porque nosotros hemos sido malos... no te hemos dado lo que hubieras querido. Espero que se haya portado mejor, aquí, nuestra amiguita.
- No os he pedido nada. No quiero nada de vosotros. - respondió XX, con soberbia.

Victor sonrió y sacó la navaja, dirigiéndose hacia mi mujer; se la pasó por el cuello. Carlos no perdió el tiempo y se dirigió al otro lado, levantando con prisa a Marta para ocupar su lugar; parecía divertida al ver la reacción de los dos machos, de nuevo a punto tras un rato y la visión o la imaginación de las dos mujeres en el baño.

XX se retrajo ante el repentino acoso de ambos, echándose hacia atrás, sacando el pecho para apoyarse más sobre el sofá, huyendo del filo. Carlos no pudo resistir ni un segundo la imagen de verla con el culo hincado en el sofá y sus grandes tetas apuntando al techo, y se lanzó a comerle una.

En ese momento, Marta, se acercó, poniéndose frente a ella. Se inclinó, abriendo los asientos de nuestro sofá, que se sacan bastante y dejan un espacio suficiente para cualquier cosa. XX, al tirar con ella de los cojines, quedó tumbada completamente.

- No habéis bebido casi nada, chicos, ocupados con el juguete. A ver si van a ser los vasos...

Y diciendo esto, inclinó la botella de ron sobre XX, regándola lentamente de ron. Una imagen increíble, verla arqueada sobre el sofá, brillando regada por la bebida. Victor apartó la navaja y dio un pequeño lametón. Carlos hizo lo mismo, y comenzaron a limpiar su cuerpo con ganas. Martaestaba aún encendida y no iba a dejar de disfrutar el trofeo de la noche, y se puso encima suyo, a horcajadas, levantándole una pierna y sentándose en el sofá, acercándose lentamente, hasta engancharse en tijera con mi esposa. Con la única barrera de la fina tela sedosa de las bragas de Marta, ésta comenzó a moverse contra XX, frotándose lentamente.

- Ni se te ocurra moverte. - dijo Víctor
- Seguro que has hecho esto un montón de veces, eh? - dijo Marta

Victor y Carlos seguían lamiéndola incesantemente, mientras XX cerraba los ojos y apretaba los labios, ya liberada de la navaja pero igualmente echada hacia atrás. Casi se hubiera dicho que presionaba sus tetas contra las caras de los dos hombres mientras con ambas manos se agarraba con fuerza al sofá.

Víctor se acercó a su oído.

- Puedes gemir, guarra. Lo estás deseando. No le vamos a decir a nadie que eres un putón, no te preocupes. Sé que sabes moverte con mi amiga, no le dejes todo el trabajo.

Marta se movía contra ella cada vez más desenfrenadamente, y XX comenzó a acompasar sus movimientos, frotándose más. Marta se echaba hacia atrás, o arqueaba su cuerpo hacia delante. Al recostarse, buscó con las manos a los dos hombres que lamían a mi esposa, agarrando sus muslos. Sus movimientos comenzaron a volverse frenéticos y ella no dejaba de gritar, mientras XX había abierto la boca, dejando escapar ligeros quejidos y sollozos.

Marta llevó sus manos hacia las entrepiernas y comenzó a pajearlos, mientras sus gemidos se transformaban en gritos, reducía la velocidad y aumentaba la presión. Carlos se agarró al respaldo para llevar su polla hacia las tetas de XX para masturbarse contra ellas. XX sintió eso e instintivamente abrió sus fauces de par en par, soltando los cojines llevó sus manos hacia atrás, apoyándose en el respaldo y soltando un “aaaaahhhh” prolongado y quejoso que no dejaba duda de que podía haberse corrido en cuanto hubiese querido. Miró a Víctor por un segundo, y éste le mantuvo la mirada. Giró la cabeza para agarrar la polla de Carlos que se restregaba contra su pecho; la cogió y la atrajo hacia su boca para volver a comerle la polla a su violador. Gemía sin ningún pudor como si yo mismo le estuviese follando la boca.

- Dios... cómo me gusta esa cara de guarra - dijo, dirigiéndose a mi mujer. - Marta, córrete, coño, que a esta maravilla la voy a acabar yo.
- ¿Puedo? ¿Puedo? - preguntó, con los ojos como platos.
- Sí, joder...
- Mmm... mmm... mm.. mm... a..aa.. aaaaaahhhh!!!! - gritó Marta, corriéndose contra XX como un cohete y cayendo sobre sus manos más cerca de su cuerpo.

- El premio gordo, joder... vaya perrita preciosa nos hemos encontrado esta noche... no podía haber ido mejor ni con la pasta – dijo Víctor, mientras apartaba a Marta y se enfrentaba a mi mujer. Tenía una expresión descompuesta por vez primera; y se encaró con XX, apuntándola con su polla .

- No, eso no, por favor. He hecho todo lo que has querido. - dijo, soltando la polla de Carlos de sus fauces.
- ¡Ja! ¿Qué cojones “eso no”? - dijo Víctor - ¿Que te puedes portar como una cerda restregándote el coño con una tía que te estaba forzando y no te voy a follar yo? Que te lo has creído tú, bonita. Te voy a llenar el coño pero ya mismo. Te vamos a follar por todas partes, y más te vale portarte como la campeona que ya sabemos que eres o te juro que lo pasarás peor.

Víctor la cogió del cuello y la tumbó sobre el sofá, le abrió las piernas mientras ella intentaba resistirse.

- No te resistas o será peor. Te voy a follar por las buenas o por las malas. Me lo estabas pidiendo en el baño, preciosa.

Carlos le agarró una pierna, mientras Marta la cogía por los brazos. Víctor no tardó ni un segundo en lanzarse sobre ella, y apoyando su polla en la entrada, la miró mientras la penetraba de un movimiento rápido y hasta el fondo mismo del coño de mi esposa. XX llevó la cabeza hacia atrás, en un gemido estruendoso. “AAAAAhhhhhhhh... joodd... mmm”.

Víctor, una vez ensartada, la agarró de las caderas y se echó un poco sobre ella, penetrándola lentamente, pero con una energía enorme. A base de verdaderos pollazos le iba sacando gemidos cada vez más fuertes y liberados. “Le gusta, joder, le gusta”, “seguro que lo estabas deseando, cerda, y te resistes”. XX gemía como loca y Víctor seguía insultándola. “¿Te estoy violando, cerda, es eso? ¿Me vas a decir que estoy violando un chocho que chorrea de ésta manera? Te gusta puta... ¡dime la verdad!!”; “síiii.. jodeerr... me gusttaaaa” respondió; “Te gusta que te violen, es eso, eh? Eh? Porque no querías, puta, verdad? No querías y te estoy violando, y te gusta...” “Joder, sí, me gusta, viólame, diosss... reviéntame por favorrr...”

Carlos volvió a metérsela en la boca, viendo que no se resistía en absoluto, y le follaba la boca como un animal, ella abrazaba el culo de Víctor con las piernas. A mi mujer se le deshacía la lengua y chupaba los huevos de Carlos como si le fuera la vida en ello. “Aaahhh .... joder... me vais a matar... aaaahhhhh!...!” “... pero no, no te corras, no...”

Víctor la atrajo hacia sí, sentándose en el sofá y poniéndosela encima. Agarró a Carlos de un brazo y lo atrajó... sin decir nada, que ninguna falta hacía. Mi mujer miró hacia atrás y alargando un brazo lo cogió de la polla, dirigiéndolo hacia su culo. Entró de un golpe, arrancándole a XX un rugido de placer. Levantó la cabeza, penetrada por ambos agujeros, y rugiendo de placer.

- ¿Vas a contárselo a tu marido, golfa? ¿Eh? ¿Cómo te han violado y cómo de cerda eres? ¿Le vas a contar cómo te has portado? Sé que le va a encantar saber lo cerda que eres, seguro que le gusta. ¿Juras que se lo vas a contar?
- Aaahhh siíí... voy a contarle cómo me follas... sí... mientras me da por el culoodioss... mmmmppff... pero no te corras dentro noo.....
- Quieres que lo haga...
- No... aaaaahhh.... sí... joder, nooohh dioss quiero que me llenéis, sísí...
- ¿No quieres verte llena, llena de semen por todas partes... seguro que sí... te pienso llenar hasta arriba... empaparte...
- N... aaahhh.... dioosss...
- Córrete cerda, córrete...
- Sí, lléname, llenadme, modajme enteraa llénameee!!!... aaaahhh!!!!... - decía, mirando a Víctor. Éste buscó su boca y ella respondió comiéndole la boca como si fuera la mía. Gemía absorviendo la lengua de su violador, que la metía y la sacaba al mismo tiempo que la penetraban y mantenían encima los dos hombres.

Se encontraba aprisionada entre los dos hombres, con ambas pollas hincadas hasta el fondo, llenándola, y abrazaba a Víctor, besándolo con verdadera pasión... “No puedo más, no puedo más..” dijo, poco antes de que el bombreo de ambos en sus dos repletos agujeros se convirtiera en violentos golpes que la sacudían hacia arriba , avisando de que no iban a moverse para sacar sus pollas al acabar. XX sintió como se corría cuando ambos empezaban a soltar semen, golpeándola y llenándola de un orgasmo lleno, emparedada y sintiendo los chorros de semen dentro de todo su cuerpo. Con un maravilloso alarido de placer, XX explotó en un largo orgasmo em brazos de sus "violadores", agarrándose al cuello de Víctor y mordiéndolo con pasión, para echarse hacia atrás y aullar de placer, contrayendo su interior contra las dos bombas de placer que acababa de recibir. Permaneció unos segundos así, disfrutando del momento, echando la cabeza hacia atrás; parecía descansar completamente en sus brazos, mirando a Víctor con los ojos semicerrados.

...

Y así le miraba, aún, cuando la recostaron en el sofá, con los ojos semicerrados y como dejándose vencer por el sueño. Víctor le acarició la cabeza y sonrió. “Duerme, preciosa”. Y que no pase nada más hoy, le dijo el jefe de los asaltantes.

Miraron a mi mujer acurrucarse en el sofá. Los tres se miraron, sonrientes, y cogieron sus ropas con cuidado de no hacer mucho ruido. Todos salieron del salón hacia el estudio, donde Marta y Carlos comenzaron a vestirse.

- Gracias, chicos – dijo Víctor.
- ¿Gracias? No me las habían dado tan impropiamente jamás.
- Gracias a ti, “Víctor”, dijo Marta. Me encanta esta mujer. ¿Ha estado su regalo a la altura de lo que esperabas?
- Claro – respondió Víctor.

Me despedí de ellos satisfecho. Al volver, me desvestí, besé a XX y se recostó sobre mi brazo. Siguió durmiendo plácidamente.

servido por pareja 12 comentarios compártelo

2 Julio 2006

XY - Para una vez... (II)



XX teía la cara vuelta hacia la izquerda, con los ojos cerrados, atrapada entre los dos hombres.

- Si...
- ¿Sí qué?
- Que lo entiendo, joder, per...
- ¿Pero qué?
- Que no me gusta que me toques.
- Claro que sí... - dijo Victor, metiendo de repente sus dedos dentro del coño de XX, que abrió subitamente los ojos, de par en par - ¿O qué mierda es esto? - añadió, alargando su mano hasta llegar a su cara poniendo los dos dedos que había metido en su coño apoyados en su boca.
- Ha sido antes... ha sido ella.
- Ahh.. bien, que a la mujercita le gusta hacer la tijera. ¿Lo sabe tu marido? - dijo Víctor, comenzando a mover sus dedos dentro de ella.
- Sí
- Vaya vaya... ¿te follas guarrillas delante de él?
- S.. sí... siempre con él.
- Vaya, qué buena chica. - Víctor sacó los dedos de su coño y la volteó de nuevo, poniéndola de frente a él, mientras Carlos contemplaba su culo y le quitaba la falda.
- No, déjala - le interrumpió Víctor. Bajó su mano de nuevo a su entrepierna. - ¿y qué hace él, golfilla?
- ... primero mira, y luego, a veces, se une...

Mi esposa siguió contando, entrando cada vez en más detalles, haciendo malabarismos para entretenerles y que quedasen algo complacidos. Mientras XX hablaba, Víctor la masturbaba, y Carlos le sobaba el culo y las tetas desde atrás, pegándose a ella con todo su bulto en apogeo. Ella trataba de que la narración no resultase demasiado excitante porque notaba cómo ambos se ponían crecientemente cachondos a medida que iba hablando, Víctor la masturbaba más rápidamente y Carlos se apretaba más y más. En un momento, Víctor se dio cuenta de que mi esposa, al hablar e intentar evadirse, parecía relajarse ligeramente, y que incluso movía su cuerpo ligeramente al compás de la masturbación. Pero no podía estar seguro, porque veía cómo Carlos la follaba virtualmente (“será capaz de correrse ya”, pensó). Ella seguía hablando, y él metía sus dedos con facilidad. De repente los sacó.

- Y me... - XX cortó y abrió los ojos de par en par, encontrándose con una incipiente sonrisa de Víctor, trinunfal. Inmediatamente se acercó a su cara y volvió a hundir sus dedos en ella.
- Sigue contando, zorra. Como no me guste la historia te juro que vas a tener más carne que mis dedos en tu coño y donde se me ocurra. Habla y no nos pasaremos de la raya. - dijo, sin borrar la sonrisa triunfal.
- Entonces...
- Estás mojada, cerda. Te gusta que te soben, no lo niegues. - la interrumpió Víctor.
- No me gusta que me toques tú.
- Mentira.
- No...
- Pues qué mala suerte, porque me perteneces esta noche... esperaba que disfrutases. - y diciendo esto la agarró con toda la mano entre las piernas, empujándolas hacia fuera, y comenzó a follarla con fuerza.
- A ver cuanto aguanta la zorrita, Carlos. Vamos a comérnosla a ver si se le pasa el enfado. - ordenó Víctor. Acto seguido, Carlos se agachaba lamiéndole la espalda hasta llegar a sus nalgas. Las mordía y lamía mientras Víctor agarraba con la boca el pezón izquierdo de XX y bajaba sin dejar de masturbarla. Así bajó por su cuerpo hasta llegar a su hinchado clítoris y alargar la punta de su lengua hacia él. XX sintió ese leve roce al tiempo que la lengua de Carlos se metía entre sus nalgas hasta llegar a su agujerito, acosado ya durante un buen rato.

A mi esposa se le escapó un pequeño gruñido y cerró los ojos, mordiéndose el labio, cuando comenzó a sentir las lenguas recorriendo su sexo de arriba a abajo, con tres dedos follándola enérgicamente. Se arqueó ligeramente y tuvo que apoyarse sobre los hombros del tipo que le comía el coño.

- Yo quiero un castigo como ese – dijo Marta desde el sofá. XX abrió los ojos un momento, para verla con la mano entre las piernas, recostada en el sofá con el cubata en la mano. Volvió a cerrar los ojos, y parecía por su cara que le estuviese doliendo lo que le hacían, aunque su respiración se había convertido en frenética, moviendo su pecho igual que si estuviese excitada. Carlos pasaba su lengua arriba y abajo, y jugaba en círculos sobre el ojo del culo de XX, mientras Víctor chupaba y presionaba su clítoris moviendo la cabeza a un lado y otro, sin dejar de follarla manualmente.

- Mmfff... - era lo único que se oía a XX, que negaba con la cabeza al mismo tiempo. Sus manos se cerraron sobre los hombros de Víctor como garras, mientras comenzaba a abrir ligeramente las piernas. Se irguió ligeramente, para apoyar su otra mano en la cabeza de Carlos para estabilizarse, notando como su capacidad para mantenerse de pie por sus propios medios se reducía. Carlos introducía ligeramente su lengua en el culo de mi mujer. Víctor apretó su lengua contra el clítoris de mi mujer y comenzó a mover rápidamente su lengua, mientras introducía un cuarto dedo en su coño y los clavaba, dejandolos quietos, hasta donde llegaban. Ella gruñó, mientras desde fuera podía verse cómo llevaba su mano desde el hombro de Víctor a su cabeza; a la parte posterior de su cabeza, no buscando apoyo, sino apretándole contra sí, y haciendo lo mismo con la cabeza de Carlos que tenía detrás.

- Aaaahh... yaaa... mierda!... - dijo XX, abriendo los ojos de par en par y emitiendo un suspiro que para mí no deja lugar a dudas sobre lo que acaba de pasarle. Y Víctor le pasó la mano mojada de flujo por el vientre, separándose de ella con esa misma sonrisa triunfal, acentuada, y Carlos la atraía hacia el sofá, dejándola allí, con los ojos como platos y el ceño fruncido, mirando con ira a los dos hombres.

- Te ha gustado, cerda. Ahora vas a portarte bien y vas a hacer algo que seguro que sabes hacer de lujo. O más te vale aprender aceleradamente.

Se acercó. Cogió su mano y la llevó a su bulto. Ella se resistía respirando aún entrecortadamente, cuando Carlos hizo lo propio. XX no se movía, sólo mantenía las manos sobre los pantalones de los dos tipos. Victor acercó la navaja a su cuello. “No estoy de broma, puta. Te vas a arrepentir de no obedecer.” La pasó por sus pechos hasta llegar a su estómago. La agarró del cuello. “Te juro que no me voy a cortar para cortarte a ti”. Y diciendo esto, con la navaja paseándose por su ombligo, hizo un rápido movimiento sobre su estómago, cortándole ligeramente.

Pasó un dedo por la herida y con el hilito de sangre manchó su dedo, llevándolo a la boca de XX. Ella no cerró la boca, mirando con ojos como platos a la cara de Víctor, que introdujo su dedo en la boca de mi esposa; “chupa”, ordenó. Vacilando por un segundo, pero haciendo después lo que tenía que hacer para que todo saliese bien, chupó su dedo, y empezó a jugar con su lengua sobre él como tan magistralmente sabe hacer.

XX activó sus manos. Primero agarró los paquetes con fuerza sobre la tela vaquera, y mirando a un lado y a otro, fue poco a poco desabotonando los botones de ambos.

- Muy bien, golfilla. Mejor será que no te diga lo que queremos que hagas, o lo pasarás mal.

XX no es estúpida. Lo sabía, y había visto que no se andaban con tonterías. Metió sus manos dentro de los pantalones, agarrando con fuerza las dos pollas, momento que Víctor aprovechó para levantarse, seguido de Carlos. XX siguió el movimiento con sus manos, y bajó la ropa interior de ambos con maestría, dejando salir ambas pollas, de buenas dimensiones; primero las cabezas, y con un primer movimiento descendiente, recorriéndolas completamente hasta la base para hacerlas salir del todo. Recordó las palabras, las bromas, repetidas mil veces con alguna amiga “en caso de violación, relájate y disfruta”, y nuestros habituales juegos de resistencia a la follada. Observó que ambas pollas estaban limpias, relucientes salvo por el semen fresco que la excitación había puesto inevitablemente... y pensó que ese par de cabrones no habían hecho ningún viaje largo con esas pollas dentro del pantalón... a ver si lo tenían todo preparado, los muy hijos de puta...

... y comenzó a masturbarles, evitando mirar a los hombres a la cara. La mano de Víctor había llegado ya a su cabeza, acariciándola y atrayéndola. Con movimientos rítmicos, apretando con fuerza y cerrando sus manos sobre el capullo al subirlas, aprisionándolos y presionando para que sus manos opusieran resistencia al movimiento de bajada. Víctor levantó su barbilla para que le mirase, dejando claro que quería también ese contacto visual.

XX siguió masturbándoles, y retiró por un momento la mirada de Víctor para, rápidamente, meter en su boca la polla de Carlos, más gorda en la base que en la punta; inmediatamente volvió a clavar sus ojos en Víctor, apretando su polla con más fuerza que antes. La de Víctor era como la mía, más gorda en la punta, de respetable dimensión como ya he dicho, y al sacar de su boca la otra para engullir ésta, se hubiera dicho desde fuera que me estaba comiendo el rabo a mí. La tragó casi hasta la base, porque más no le cabía, y paró ahí, masturbando a Carlos y sacando aún la lengua para llegar a la base de lo que se estaba comiendo.

- Aaaahhh dioss... - gemía Carlos.
- Parece que sabe lo que le conviene... uff... parece que hasta la va a gustar esto, eh? - dijo Víctor, acariciándole la cabeza. Ella levantó la vista y lo miró con ojos de rabia; pero cuando esa rabia se ve en un rostro como el de mi mujer mientras te lame el capullo, puede confundirse con lujuria. XX pareció decidir que quería que acabasen rápido y siguió chupando cada vez con más frenesí; soltó sus pollas, que no necesitaban soporte alguno, para tirar de sus pantalones hacia abajo y agarrar por el culo a ambos tíos. Chupaba como una diosa felatriz. Masturbaba una polla y la otra, muy cerca, e incluso las acercaba para lamer ambas prácticamente al tiempo. Les acariciaba y presionaba los huevos, como hace conmigo, cogiéndolos en su mano mientras la engulle magistralmente.

- ¿Tienes ganas de recibir leche, verdad? ¿Eh? ¿Tienes prisa? - dijo Víctor. XX pensó en lo que querían que respondiera y dijo “sí, dadmela ya, ya!”. Aceleró la masturbación, lamiendo las puntas alternativamente, y atrajo a los dos hombres hacia sí. Pegó las pollas a sus pechos y llevó su boca hasta la base de ambas, chupando y mordisqueando el inicio de ambos rabos, masturbándoles ya sobre sus tetas, en busca de que la corrida cayese sobre ellas. “Vas a limpiarme el rabo, zorra.”. Carlos la agarró por el cuello mientras Víctor le metía el dedo en la boca, y ella suspiraba agitada mientras sentía enormes borbotones de semen estrellarse contra sus tetas, su cuello, sus ya muy sensibles pezones.

(Continuará, por supuesto: y seguro que más de uno necesitará llegar al final para pillar el truqui)

Fdo.: XY

servido por pareja 5 comentarios compártelo

15 Abril 2006

XY - Para una vez... (I)



XX me dejó en la estación de tren sobre las nueve. Esa noche yo salía para Barcelona por motivos de trabajo. Un par de días solita en casa, que pasarían más rápido gracias a su curro.

Pero esa noche XX pasó antes de volver por el local de Elena para recogerla y tomar unas cervezas. Muy probablemente, a ésta se le pusieron los ojos como platos cuando vio a XX en la puerta. De cerveza a cerveza, y a sabiendas de que yo estaba fuera, Elena debió desplegar todas sus armas de seducción en la esperanza de ocupar mi sitio en la cama aquella noche, con XX para ella sola. El sentirse tan deseada por Elena la excita y alegra enormemente, y quizá por ello, simplemente para llegar a casa sintiéndose bien, la fue abuscar. La cuestión es que al cabo, tras unas cervezas, un par de besitos de contenida sensualidad y unos piropos y carantoñas, Elena acompañó a XX hasta la puerta de casa.

- ¿Puedo subir? - preguntó. - Así no duermes solita.
- Noo, que tengo que dormir - respondió XX sonriendo y acariciándole la barbilla.
- Dame un beso de despedida, entonces.

Y en la acristalada puerta de casa, de forma perfectamente visible desde el interior del portal, Elena hizo un último ataque. Se besaron apasionadamente; el beso se humedeció y transformó en un juego de lenguas. Las manos de Elena fueron del cuello de XX a sus pechos, entre sus piernas, explorándola con avidez.

- Veenga, tranquila - dijo XX, separándola con dulzura. - enseguida estará aquí XY y quedamos. Si quieres lo recogemos juntas, le aviso para que intente no venir muy cansado y abrimos una botella de vino en casa.
- Vaale, como quieras. Pero esta noche todo lo que hagamos Irene y yo será en tu honor, no te olvides.
- Yo tampoco me voy a dormir en cuanto llegue a la cama... que no soy de piedra, joder... hasta mañana, si quieres.
- Adiós.

XX se despidió y abrió la puerta.

- Buff... ha faltado un pelo... - dijo mientras subía la escalera.

Pulsó el botón para llamar al ascensor, y escuchó algo. Una milésima de segundo después, antes de que pudiera procesar la información y su cuerpo se pudiese poner rígido, una mano le tapó la boca y sintió algo frío por la espalda.

- Es una pistola. - dijo una voz.
- Y esto una navaja - añadió otra, mientras entr XX y la puerta del ascensor aparecía una mano provista de una mariposa de respetables dimensiones. XX se quedó inmóvil, conteniendo la respiración.

- Tranquila. Si colaboras, no te haremos daño. Déjame adivinar. - dijo la primera voz, pegada a su nuca. - ¿A que tu marido no está en casa?
- No, no está. - Dijo, tragando saliva.
- Si estuviera no te irías morreando y dejándote sobar por tías en el portal, ¿verdad? ¿Y cuando vuelve?
- Dentro de dos días.
- Pues vamos a subir a tu casa, a ver qué nos encontramos. Y espero que colabores. ¿Tiene que venir alguien esta noche a tu casa?
- No.

Abrieron la puerta del ascensor y subieron. Los dos tipos iban a cara descubierta. Ambos llevaban la cabeza rapada. El de la pistola era bajo, y el de la navaja bastante más alto. Los dos delgados pero fuertes, y con cara de no ser demasiado recomendables como yernos. Antes de salir del ascensor volvió a hablar el bajito, de la pipa.

- Ahora nos vamos a guardar el hierro. Pero sólo a guardarlas, hasta que entremos en tu casa. Si vemos a algún vecino saludaremos todos con normalidad. Y si no haces ninguna tontería no nos lo tendremos que cargar y, por tanto, no tendrás que tener un cadáver en casa. ¿Está claro?
- Clarísimo.
- Al llegar, irás habitación tras habitación cerrando puertas y ventanas; te seguiremos y estarás encañonada todo el tiempo. No hagas tonterías, te lo repito. ¿Entendido?
- Entendido. - respondió XX, templada.

Al llegar, XX cerró todas las puertas y ventanas. Desconectaron también los teléfonos, salvo uno, el del salón, y guardaron los cables. Le confiscaron el móvil.

- ¿Hace falta que te ate?
- No.
- Bien. Dinos dónde hay dinero, joyas, etc. Cuando acabemos con lo que nos digas, buscaremos nosotros. Y reza porque no se te "olvide" nada que vayamos a encontrar después.
- En las lejas...

En nuestra casa no hay gran cosa, la verdad, salvo a veces dinero en efectivo. XX llevó haste el estudio al tipo alto, llamémosle “Carlos”. Al entrar, XX se volvió desafiante tras una palmada en el culo.

- ¿Qué pasa? - Dijo él, alzando la navaja. - Tira palante. - lo que XX obedeció.
- Vaya par de tetas – dijo de nuevo, alargando la mano para coger el dinero. - Anda, desfila para el salón. - añadió. Se hizo ligeramente a un lado, dejando poco espacio entre él y la pared. Cuando XX intentaba pasar, la paró con la mano en el vientre, muy abajo, y se acercó a su cuello para darle una lamida. - Porque nos tenemos que largar, preciosa... que si no te ibas a enterar de lo que es bueno.

XX sabía en qué situación se encontraba. No hizo ningún gesto de rechazo. Se quedó inmóvil hasta que él permitió que continuase de vuelta al salón. Al llegar, el de la pistola estaba hablando por teléfono.

- ... ¿Que qué? Mierda... Espera un poco, anda por la avenida para dar un rodeo y vuelve por la calle de la iglesia. Ve muy lenta por ahí hasta llegar al portal, por si te los tropiezas. Intenta no entrar si están cerca. Es el 4º Dcha. Pero si te los cruzas, los miras, ¿estamos?... vale... tranquila, hasta ahora.

- Es Marta, que viene de camino. Dice que hay dos coches de nacionales dando vueltas por ahí.
- ¿Buscándonos?
- Puede ser.
- Pues vamos a esperarla y hablamos. Jodeeer... - parecía que comenzaba a ponerse nervioso.
- He visto que tienen ordenador. Vete a mirar páginas guarras y te relajas. Déjanos solos mientras Marta viene.
- Coño, mejor me quedo yo con ésta y me relajo más.
- Anda, lárgate.
- Vale, pero no hagáis nada malo sin mí.

XX se quedó a solas con el de la pistola. Llamémosle “Victor”. La cabeza gacha, pensando mira tú qué casualidad, justo el día en que me quedo sola. Se descubrió a sí misma tranquila y templada. ¿Porqué no iba a estarlo?, se dijo. Su propio temple y el alcohol que había bebido daban para eso y más. Sólo había que obedecer y esperar. No la habían golpeado, ni hecho el amago, todavía.

Victor paseaba por la habitación, seguramente intentando calmarse. Idea, pensó XX.

- La policía patrulla mucho por aquí. No creo que os estén buscando. - dijo XX.
- Cierra el pico, golfa – respondió él, airado. Hasta ese momento parecía el más calmado, amén de dar órdenes al otro. - No me mientas o la vas a liar gorda. Me gano la vida así, de manera que no me tomes por imbécil.
- Bonita forma de ganarse la vida – se le escapó a XX, en voz no lo suficientemente baja como para que Víctor no la oyese. Se quedó parado mirándola. XX se retrajo, como con miedo, bajando la mirada consciente de su error.
- Quítate la camisa.
- ¿Qué?
- Que te la quites, por bocazas. - dijo, apuntándola – Vas a pasar vergüenza por lengua larga.

Se quitó la camisa, sin poder evitar una actitud desafiante.

- Buena delantera.
- Que te follen.
- Cuidado con lo que dices, a ver si te tengo que tapar la boca.

Tocaron a la puerta de casa. Victor se acercó a la entrada del salón. Carlos abrió la puerta.

Apareció una chica no muy alta, joven, de pelo negro y corto. XX pensó que en otras circunstancias le hubiera producido una confianza total. Parecía una niña bien, y además venía asustada.

- Joder qué mal lo he pasado... – entró diciendo, hasta mirar a XX – ahí va, cómo os lo estáis pasando vosotros, no?
- Oye, tío, que te he dicho que no hicieras nada – dijo Carlos, entrando también.
- No hemos hecho nada, y no me toques los cojones. ¿Te los has tropezado... Sonia? - y ambos sonrieron ante el nombre improvisado.
- Sí. Y se me han quedado mirando los cabrones.
- Les habrás gustado.
- ¿Y qué coño hacemos, eh? Me acojona salir.
- Pues nos quedamos aquí esta noche, y ya saldremos por la mañana. Nos turnamos para dormir y ya está. - zanjó Víctor. Los otros dos lo aceptaron con absoluta confianza y cambiaron su expresión cuando él acabó de hablar. XX supuso que no debía ser raro que fuese él quien solía mantener la calma.

“Mierda”, pensó XX. “¿Toda la noche aquí?”.

- Pues habrá que quedarse aquí. - secundó Carlos finalmente.
- Al final vas a pasar la noche acompañada, golfilla. - añadió Victor mirando a XX - Sácanos algo de beber, anda.

XX se levantó, obediente, pensando en toda la noche sola con los tres personajes. Supongo que todo puede pasar sin males mayores, se dijo. Vienen, roban, pasan la noche y se largan. Si van a cara descubierta no les preocupa mucho que les identifique. Porque se van muy lejos... o porque no me piensan dejar en condiciones de identificar a nadie. Mierda. Su expresión cambió por el miedo tras ese pensamiento. En ese momento, al acercarse al botellero, sintió que le paraban por detrás. Era la tal Marta, junto a Carlos. Se habían levantado tras ella. La rodearon y él, con una mano, abrió el botellero. “A ver que tenemos aquí”, dijo ella. Una mano se abrió paso por su estómago hasta sus pechos. Carlos, mirando con guasa el botellero, y añadiendo “no está mal, a ver...” mientras le agarraba una teta y la apretaba, fugazmente. “Sácate el Whisky o el vodka, lo que quieras”. Se dio cuenta de que él se retiraba. La tipa aún, antes de seguirle, le pasó un dedo por el cuello a mi mujer. “Para mí la ginebra, si no es molestia, nena. Y sírvete algo tú también, que si no nos acompañas bebiendo algo me van a dar ganas de dar hostias esta noche”, terminó con una absurda salida de tono. XX respiró, miró el botellero, se concentró y dio con las botellas procedentes. Se dirigió con ellas a la cocina.

- Voy a dar otra vuelta por la casa mientras tanto, dijo Víctor.

Carlos pasó un rato hablando con la tipa, mientras XX servía las bebidas entre palmadas en el culo y besos lanzados e intentaba sentarse lo más lejos posible de ellos. Intenaba llevarlo todo con la mayor indiferencia. De igual forma, pensaba, voy a estar asustada... cuanto menos se note fuera, mejor.

“¡Ey!” se oyó la voz de Víctor a través del pasillo, “¡Mirad lo que he encontrado!”. XX bajó la cabeza. Lo sabía. Cuando el tipo volvió al salón, sonriente, llevaba en la mano sus juguetes: una caja con un par de vibradores, un molde de mi polla, unas bolas chinas y una polla doble, de esas que tienen capullo por ambos extremos. Para juegos de chicas.

- Vaya con la niña... y eso no es lo mejor. En el armario he encontrado un cajón que sólo tiene ropa para matar. De esa que no se compra ni en lencerías decentes.
- Vaya, vaya, guarrilla – añadió Carlos, cogiendo el pene doble -... te podías haber subido a tu amiguita para enseñarnos cómo se usa. Mira Marta.
- Sé como se usa, enfermo.
- ¿Ah, sí?
- Sí, y ya lo he gastado, además.

Víctor se acomodó junto a Marta, y Carlos se sentó junto a ella, examinando los juguetes. Aunque en seguida los dejó de lado para comenzar a dirigirse a XX, “¿me vas a enseñar cómo se usan estas cosas, belleza, eh?” “Tú te lo pasas bien con tus juguetes y yo mirándote, eh? ¿Qué dices?”. XX bebía pensativa, la cabeza gacha, como ignorándolo todo hasta que fuese irremediable. Casi no tenía duda de lo que la esperaba. Hizo una mueca de furia pensándolo.

- ¿Le puedo tocar las tetas otra vez?
- Si ella se deja, claro.
- ¿Te dejas?
- No.
- ¿Y si no se deja?
- Pues también puedes.

Carlos alargó su mano y la metió dentro del sujetador. XX dio un respingo. Víctor se levantó con la pistola en la mano, apuntándola. Se puso frente a ella.

- Venga, coño, que no va a hacerte daño. Déjale tocar un poquito. O se pone la cosa fea de verdad. Lo que tú quieras.

La tal Marta se acercó por detrás a Víctor y le rodeó la cintura, mirando fijamente a XX, que sentía en el cuello el aliento de Carlos mientras le sobaba ambos pechos a dos manos. Ella se retraía y parecía encogerse.

- ¿Cómo podéis tener ganas de fiesta esta noche, con la que está cayendo?
- Hay que afrontar las cosas con optimismo y calma. Y lo que calma, calma. – respondió Víctor.
- Pues relájate y disfruta, nena, que no son malos machos. Te lo juro.

Víctor se sentó a su lado, y le acarició rudamente la cabeza.

- Quítale el sujetador, coño, que se las vas a desgastar sin que pueda vérselas.

XX intentó levantarse. Víctor la sentó de golpe.

- Quieeta... no te vamos a hacer daño, preciosa. Si colaboras no nos propasaremos demasiado.

Mi esposa recibía el sobe de Carlos lo mejor que podía. Víctor se agachó y le abrió ligeramente las piernas, paseando la pistola por el interior de las mismas y mirando a XX fijamente a los ojos. Ella le aguantó la mirada por un momento, pero en un chispazo de lucidez miró al techo, tratando de adoptar una actitud como impasible ante el repaso que le estaban dando, y que incluso la hacía tambalearse sentada en el sillón.

- Quiero verte bien el culo, nena. Levántate. - XX respondió con una mirada colérica, pero se levantó. Carlos se levantó con ella y sacó sus tetas fuera del sujetador mientras XX lo miraba con odio - Date la vuelta que te vea bien, coño... - añadió Víctor, empujándola para que se voltease.

Levantó un poco la falda, y se agachó. Metió su cabeza entre las nalgas de mi mujer, oliéndola. La agarró de los tobillos sin quitarle las botas de tacón alto, y subió acariciando las rodillas, los muslos, apretando cada vez más el tacto, hasta llegar a las bragas, levantando la falda. Una vez ahí, le separó las piernas y le agarró el coño con una mano, mientras le levantaba la falda y le sobaba el culo como un cerdo. Carlos no había parado de mesarle las tetas, y ahora le daba pequeños besos y lamidas.

- Una falda facilita de quitar, eh? - le siseó al oído - Joder con la esposa, cómo se pone para salir por ahí cuando se va el pariente. - Le apoyó la mano en la espalda, y de un fuerte tirón arrancó la mitad de las bragas. XX cerró los ojos y se impulsó hacia delante, empujada y huyendo, contra Carlos, que la sostuvo contra su cuerpo. Pudo notar por primera vez una enorme erección.

- ¿Quieres que se enteren de que estás mojada todavía? ¿Eh? - le dijo Víctor al oído. - ¿O te estás mojando más?

Para decir esto se le pegó completamente, acercándola a él. Carlos se agarró a su teta y bajó la mano hasta su entrepierna, besándole el cuello.

¿Qué pasa? ¿Se te deshace cuando te tratan como te mereces, eh? -a añadió Víctor.
-De... dejadme... - dijo con voz entrecortada XX.
- No quieres que te dejemos... y si quieres dejarás de querer, ya lo verás preciosa. Si no te portas esta noche como una buena puta y nos dejas a gusto no vas a ver amanecer, ¿te enteras?
- s.. sí.

(Continuará, claro)

Fdo.: XY


servido por pareja 10 comentarios compártelo

18 Febrero 2006

XY - Todo para ti (II)



Me aseguré de que el caserón quedase sólo para nosotros. XX y yo llegamos el Viernes por la noche, bastante tarde. Si todo iba según lo planeado, todos los demás, debían estar ya allí. Pero nos cruzamos con Juan Vicente y María.


- ¡¿Pero qué hacéis vosotros aquí?! - exclamó XX, dirigéndose hacia ellos.

A Juan Vicente y María los conocimos por internet, y no habíamos pasado de un par de cenas y alguna insinuación. Nos había parecido siempre que a María le apetecía, ante todo, explorar su bisexualidad con XX. Y XX se sentía siempre halagada por ese punto de timidez que aún conservaba María, siendo siempre especialmente cariñosa y dulce con ella. Evidentemente, no estaban ahí por casualidad. Y a buen seguro, XX llegó a pensar que yo les había traído para que, al fin, algo pasase, aunque no llegó a comentarlo, probablemente por falta de seguridad.

Muy convincentes y sorprendidos, explicaron lo acordado: que habían visto una oferta en la red y que habían tirado de abuela para dejar al nene, que guay, fin de semana romántico y relajante, y que mira tú por donde, vaya casualidad, qué maravillosa sorpresa encontraros aquí. Pero que ya que nos habíamos visto (que ni hecho a posta, añadió Juan Vicente) pues que lo pasáramos juntos, y tal. Pero estaban muy cansados del viaje y les apetecía mucho irse a dormir. Se levantarían temprano. Casualmente, como nosotros. Esa noche, las fantasías de XX con María la dulcificaron sumamente en la cama.

[...]

Al día siguiente nos despertamos temprano. Yo, por supuesto, no me desperté de buenas, porque apenas soporto habitualmente que me dirijan la palabra antes del primer café. XX se metió a la ducha, mientras yo, para no largarme antes que ella, perdiéndome los segundos anteriores a la sorpresa, me preparé un carfé soluble, aún en la preciosa y enorme habitación; con su enorme cama. Me senté a verla ducharse, café y tabaco ya mediante. Adoro verla mojada.

- No he dicho nada - dije - porque me apetecía verte en la ducha, pero ahora después nos vamos a la piscina y/o al jacuzzi.
- ¿Sabes si hay mucha gente en la casa? Parece un hotel pequeño, más que una "casa rural".
- Está preparado para un máximo de 18 personas, pero el Miércoles me dijeron que sólo habría catorce.
- Bueno. Me da igual que me oigan gritar - dijo haciendo preciosos pucheritos y con una maliciosa (también preciosa) sonrisilla.
- GUAPA.

Acabó de ducharse, y salimos, atravesando el pasillo del piso superior, grande y empedrado como toda la casa. Las habitaciones y la sala de juegos estaban allí. Esa sala, abierta, tenía un par de billares y futbolines, una mesa de pin pon y silloncitos con pequeñas mesas. Descendimos por la escalera hasta el piso inferior, pasando a un enorme salón, dominado por una chimenea que hacia estancia con tres hermosos sofás de cuatro plazas. Había otros dos grupos de sillones y sofás, en alturas levemente distintas, destacando, en el centro, una mesa grande, redonda gruesa y de madera tan oscura como la del suelo.

Lo atravesamos, pasando junto a la puerta que daba al pabellón de los jacuzzis, saunas y piscinas. Al pasar, mis ojos se clavaban en la puerta. Espera un poco, pensé. Atravesamos también el vestíbulo donde habíamos encontrado a JV y María por la noche, para llegar a la cocina.

Preciosa. Estaba preciosa, con esa expresión anonadada y alegre, abriendo cada vez más esos ojazos como ventanas, conforme iba reparando en Carlos y Álvaro (una pareja de maricones amigos nuestros, Carlos, además, mi abogado), Eva y Andrés, Elena e Irene, David y Ángela, Pedro y Ana, y también Juan Vicente y María; salvo estos últimos, todos, en alguna ocasión, compañeros de juegos además de amigos.

El saludo fue general: nos esperaban, y XX, claro, lo supo inmediatamente. Me miró y me sonrió, exultante, me besó y fue saludándolos a todos entre los preparativos del desayuno; que como te va la vida, que cuantos meses sin vernos, que a ti casi no te conozco con tanta ropa, y esas cosas.

Estaba gratamente sorprendida, así que respiré. Siempre me ha aterrorizado preparar una sorpresa y que no resulte grata. Lo cierto es que me lo curré. Conseguí traer a casi todos los que me propuse, hablándoles de la ilusión que le iba a hacer, que si era mi regalo atrasado de cumpleaños... pero todos los que estaban allí, ante todo, habían aparcado compromisos ese fin de semana, y habíanse dejado la pasta, porque además de ilusiones y aniversarios, les había contado lo que quería de ellos ese fin de semana. Y claro, a mi propuesta era difícil resistirse.

- Te quiero - me repitió cien veces, durante el desayuno, mi esposa.

Tal como habíamos hablado, fueron sutiles y cuidadosos para echarle piropos o hablarle de lo guapa que estaba, no fuera a ser que se descompusiera de rubor ante tanto halago. Que si qué guapa, que lo que te has hecho en el pelo te sienta de muerte, etc.

Unos cuantos cafés más tarde, Carlos y Álvaro dijeron que sí, que muy bien, pero que ellos se largaban al jacuzzi, y Ángela y David hicieron lo propio. XX charlaba animadamente con Irene y Elena, que en más de una ocasión acompañaron sus piropos de cariñosos y estrujados besos en los morros. Juan Vicente y María se unieron al corrillo mientras yo me levantaba para ir a la habitación, a por ropa de baño, toallas y la cámara de fotos. De camino, me crucé con Eva, que andaba en la misma operación.

- Que sepas que me parece precioso. - me dijo, deteniéndome.
- ¿Esa es la palabra? - pregunté, sinceramente. - Supongo que depende de por donde se mire.
- Puede ser muchas cosas, pero no deja de ser precioso. Y para más de uno de nosotros es también una alegría personal... que sé que hay alguna por ahí que se va a estrenar con tu joya.
- Ya sabes que me gusta mirarla. Me importa lo que ella disfrute, sea como sea.
- No seas tan tiquismiquis, anda. Que también te va la marcha.
- Tira por ahí. - le dije, disponiéndome a entrar en la habitación.

Y luego, volviéndome, añadí desde lejos que bueno... que una cosa no quita la otra.

[...]

Cuando le llevé las cosas de baño, ya andaban, además de la parejita de lesbianas y JV con su chica, Pedro y Ana haciendo corrillo charlando con XX. Al llegar, la besé en el cuello y le dije que se preparase, que nos íbamos al agua también. Agarró las cosas enseguida, y se disculpó. Pero casi todos mostraron también su interés por las burbujas, produciéndose un éxodo generalizado a las habitaciones.

Al traspasar la puerta del gran salón que daba al pabellón, habia una separación teórica entre los vestuarios de hombres y mujeres. Pero, como suponíamos, sólamente se oía ajetreo en un vestuario (concretamente, el de chicas). Entramos en él y lo encontramos vacío. No obstante, en una de las duchas se escuchaban impúdicamente los inconfundibles y agudos grititos de Ángela. X les golpeó la portezuela: “chicos, que aproveche, a ver si acabáis antes de que salgamos del jacuzzi”. Una pequeña ralentización de los gemidos y un “joder sí, no puedo más” fueron la respuesta. Nos dispusimos a cambiarnos. XX se despojó de la ropa y sacó el bikini. “¿Me pongo todo, nada o la parte de abajo? Supongo que con la gente que me has traído no tendrás reparos.” Sonreí, mientras mi media erección mañanera se convertía en completa estaca. “Haz lo que quieras”, comenté, mientras los gemidos de la ducha se escuchaban aumentando de ritmo, haciendo a XX prestarles atención. “Han empezado pronto”, me dijo. “No nos vamos a quedar atrás nosotros, ¿no?”. Me acababa de quitar el pantalón y andaba con el bañador en la mano, que no me dejó ponerme.

Se dirigió al centro de vestuario, se apoyó en el banco central, ofreciéndose desde atrás y mirando a la ducha ocupada. No me hice de rogar y me dirigí hacia ella, agarrándole fuerte de las caderas, buscando su precioso agujerito y empujando. Tenía el coño deliciosamente apretado, aunque húmedo. Apoyé mi polla en su entrada y la fui penetrando, acompañado de un fuerte “aaaahhhssííí” por su parte. Notó el enorme gusto que me daba su coñito apretado y me succionó más, con su maravilloso control de los músculos vaginales. Podría haberme quedado parado así, dejando que ella contrajese para correrme en apenas un minuto, pero seguí empujando mientras ella elevaba el volumen extrañamente. Los grititos de Ángela se relajaron, y se oyó que le decía algo a David, nada claro, dentro de la ducha. De repente, y cuando yo ya andaba venciendo su “resistencia” para metérsela hasta el fondo, la portezuela de la ducha se abrió de un golpe, lo justo para ver cómo David, un verdadero mostrenco musculado, la había abierto para volverse de nuevo hacia Ángela, que estaba de lado con respecto a nosotros, morenilla, pequeñita y enjuta: parecía siempre un juguete en manos del animal que tenía por novio.Andaba apoyada en la pared de la ducha, sonriente, mirándonos. “¿Te han entrado las prisas al oírnos, eh? No tienes arreglo, guarrilla”. “Me encanta veros”, respondió XX. “Pues mira, mira, y corre que estoy a explotar desde que habéis entrado, jodeeer...”. Segui dándole a XX, agarándola del cuello con una mano y sosteniéndome de la barra sobre el banco con la otra, a golpes pausados y fuertes, mientras ella gritaba “dámelo ya” una y otra vez, alargando una mano hacia atrás para cogerme los huevos. Tuve que hacerla esperar un poco hasta que su desesperación, su presión y el morbo de la situación me exprimieron; la avisé justo a tiempo, se corrió como un cohete junto a David y Ángela, que ya no aguantaban más, y yo me fui sobre su espalda. Me mantuvo agarrado por los cojones, mientras miraba a su amiga y recuperaba el aliento.

- Joder nena... tienes la jeta más maravillosa del mundo cuando te follan. Me pasaría la vida mirándote. - dijo Ángela.
- Anda, claro, y a mí que me den por culo, no? - añadió David sonriendo.
- ¿Qué pasa, que a ti no te gusta? - dije, fingiendo enfado en tono de broma.
- No, no, claro que sí, joder, me encanta – respondió.
- ¿Qué? ¿Estás diciendo que te gusta mi novia, eh? ¿A que te parto la cara? - seguí.
- Tranquilo, cariño, luego me partes a mí el culo si quieres – añadió XX, bromeando, mientras le pasaba a Ángela una toalla por la espalda y se la daba. - ¿Me pongo algo entonces, mi vida?
- Sí, ponte el bikini, que me gusta. Ya te lo quitas cuando yo te diga.
- Vale. Y acuérdate de que me tienes que echar autobronceador, que se me ha ido la cabeza.

[...]

En la piscina, enorme por cierto, de 50 metros de largo, estaban haciendo largos Pedro y Juan Vicente, a los que se unieron David y Ángela en cuanto salieron del vestuario. En uno de los jacuzzis, Carlos y Álvaro se hacían mimos. En el otro se habían metido Eva, Elena, Irena y Ana. María debía andar en la sauna. Al llegar, XX dijo que jacuzzi de nenas y jacuzzi de nenes, que yo me fuera con Carlos y Álvaro, que ella se iba al otro. Jo, respondí. Pero, impúdicamente cortarrollos, me metí en el jacuzzi y les robé un rato. Aproveché para pedirles a ambos algo especial para algún momento del fin de semana. A lo largo de la conversación, escuché un par de veces a XX decir que le estaban metiendo mano, que socorro, y tal, medio en broma medio en serio. Lo que sé es que, cuando por fin abandonó el jacuzzi femenino y se vino conmigo, me sonrió, colorada como un tomate. Supuse que algo había pasado bajo el agua, y que ya me lo contaría. Lo que yo le prohíbo expresamente es que haga nada con hombres sin mi consentimiento.

Se metió con nosotros en el jacuzzi. Venía juguetona de nuevo, y, en medio de una conversación profesional, empezó a masturbarme bajo el agua. Álvaro se dio cuenta y empezó a hacerle aguadillas, diciendo que me dejara en paz un rato. “No me da la gana”, respondió XX. “Te advierto que somos tres contra una”, dijo Carlos. “¿Y qué me pensáis hacer, abusones?”. La abrazé por detrás. “Podemos hacerte lo que queramos o lo que quieras”, le dije. “Estás tú muy tonto hoy, no?, o muy fantasma.”. Carlos y Álvaro se le acercaron despacio, cogiéndola de las manos y las piernas. Yo no tuve que hacer apenas ningún esfuerzo para entrarle dentro, desde atrás. La sostuvieron fuertemente, aunque no hicera falta, mientras yo la movía, sentada encima de mí, arriba y abajo, hasta provocarle de nuevo el orgasmo.

[...]

- No os hartéis mucho de comida, chicos, que el plato fuerte se sirve a los postres. Hemos traído un capazo de bandejas de dulces fríos y normales, hay fruta, cuerno con merengue... así que comed con prudencia, que no os podéis quedar sin hartaros al postre. - Abrió fuego Carlos.

La comida se desarrolló con normalidad. Hablamos de lo estupendo del sitio, nos reímos... y Álvaro volvió a agradecerme que hubiera organizado el fin de semana.

- ¿No te ha ayudado XX? - dijo maliciosamente Pedro.
- No, qué va. Quería que fuera una sorpresa, y sobre todo una sorpresa para ella. - respondí.
- Ella parecía sorprendidísima - comentó Eva - Pero no le disgustó vernos, ¿a que no?
- Qué va, guapa. ¿Por qué me va a molestar? - respondió XX, sonriente.

Elena, que estaba sentada al lado de XX contrario al mío, terminó rápidamente de comer. Recogió sus cosas, las dejó en la cocina y volvió, para posar sus manos sobre los hombros de mi mujer.

- ¿Te doy un masajito, reina?
- Ay sí, que me viene doliendo el cuello. - respondió XX, acariciándole una mano. - Pero no me llames reeeina...
- Pues si vas a ser la reina aquí, ya lo verás.

XX me miró en ese momento de reojo. La firmeza con la que Elena pronunció esas palabras acabó de delatarme, y mi esposa estaba casi segura ya de que todos estábamos ahí por y para ella... y que yo era el culpable, claro.

Comenzó a masajearla, como buena profesional que es (Elena es fisioterapeuta, para más señas, y una buena masajista), mientras los demás seguíamos intentando hacer como si tal cosa. A pesar de los esfuerzos, ya se dejaba ver que la tranquilidad no era la misma. Carlos y Álvaro andaban besándose y haciéndose carantoñas, apartados de la conversación. Eva y Andrés cuchicheaban y de cuando en cuando miraban a XX.

La conversación se ralentizaba poco a poco, y casi todos los platos estaban llenos; lo cual, a pesar de la advertencia inicial de Carlos, no era demasiado normal tras una mañanita de piscina y baños para todos. Algunos cubiertos, incluso, se dejaban caer sobre los platos con excesivo ruido, como queriendo hacer una llamada de atención, oye, que ya hemos comido, ¿cuando viene el postre? Y Elena, pobrecita, llevaba ya un buen rato de cierta calentura sobando a XX, por lo que tenía prisa por llegar al momento en cuestión.

- Chicos... ¿os apetece ya tomar el postre? - dijo.
- Sí, voy a ir sacando las cosas - añadió Alvaro, levantándose hacia la cocina, seguido de su novio.
- ¿Qué hay? - pregunté yo.
- Fruta, bandejas de dulces del tiempo y fríos... y cuerno con merengue.
- Olé. - sonreí. - Me da que voy a tomar postre hoy yo también.

Fueron trayendo las cosas, ya con libres expresiones de excitado júbilo. Elena ya masajeaba a XX con los labios apoyados en su frente, los pechos rozándole la nuca, impaciente.

- Sinceramente, estoy un poco harta de platitos. Me aburren - dijo Eva.
- ¿Hay mejor opción? - preguntó Andrés, con una sonrisilla pícara.
- A ver... - dijo Elena, abriendo ligeramente la parte superior del camisón de XX y acariciando su escote suavemente, con un dedo - ... pues a lo mejor sí que hay un sitio mejor. - XX me miró en busca de aprobación, mientras las caricias comenzaban a hacer que sus pezones se marcasen, y mi sonrisa, todo lo dulce que conseguí dársela, le confirmó mi acuerdo. Aún me miraba con tranquila lujuria cuando dio la orden de salida. Apoyó su cabeza en el vientre de Elena y elevó los brazos, llevándolos hasta el cuello de su amiga, arqueándose sobre la silla.

- Bueno... - dijo - ... si puedo yo ayudaros en algo.
- Ya lo creo, no? - repondió Elena, provocando la aprobación general. Posó las manos sobre los pechos de XX, y deslizándolos hacia el interior, comenzó a desabotonar lo que quedaba del camisón. XX miró, entrecerrados los ojos, a la concurrencia que la admiraba, no sin cierta (supongo, sana) envidia en muchos casos. La abrió del todo, acariciando sus pechos, mostrándolos a la concurrencia.

Eva y Andrés fueron los primeros en unirse, para comenzar a disponer el postre.

(Continuará)

Fdo.: XY


servido por pareja 6 comentarios compártelo

14 Febrero 2006

XY - Todo para ti (I)



A veces tan sólo disfrutamos del sexo, normal, esperando a que llegue la noche, y retozando en la cama, disfrutándonos durante horas con apenas aditamentos, en plan "cuerpo a cuerpo", mano a mano. En otras ocasiones gustamos más de fantasear con situaciones fuera de lo común, pero sólo fantasear. Y durante otras épocas miramos el calendario, saltando día a día de cita mórbida en morboso plan, uno tras otro, colmillos goteantes, pensando en la borrachera de sexo que aguarda. Todo comienza por iniciativa del uno, que arrastra al otro, para repetir el mecanismo pasando a la siguiente ronda. Esas épocas, por supuesto, se mezclan y solapan, y nunca estamos del todo pervertidos ni del todo calmaditos.

En alguna ocasión, cuando XX ha venido observando durante determinado tiempo que el ansia de morbo se apoderaba de mí excesivamente sin demasiadas oportunidades de satisfacer mi suciedad mental, ha utilizado el jarabe de palo, y me ha preparado con sumo cuidado algún fin de semana, alguna noche, de extremismo absoluto, hasta saciarme de golpe para algún tiempo. Una borrachera, que se viene a llamar.

En consecuencia, yo quise hacer lo mismo esta vez. No ha mucho de esto, XX llevaba varias semanas como loca. Siempre excitada, desde que se levantaba hasta que se acostaba. Siempre lista y sin permitir previo alguno. Cuando ella volvía de su trabajo, o yo del mío, me violaba matemáticamente; en cuanto la veía venir notaba que andaba tibia, y tenía la lengua suelta como muy pocas veces, nunca tanto tiempo seguido. No dejaba de decir guarradas, escribía más que nunca... en fin: que andaba revolucionada.

Pasé días pensando en qué podía rondarle la cabeza con más insistencia. Leí sus borradores, que me orientaron ligeramente, aunque sin llegar a dejarme las cosas claras. Jugué a observar e intentar orientarle en las historietas que se montaba para follar conmigo cada día, en busca de algo que la tuviera especialmente encendida. Al final, creí saber qué era lo que más podía apetecerle. Como poco, le resultaría una gran experiencia.

Tardé tan sólo un día en hacer la reserva y las llamadas pertinentes. No hubo ningún problema, pues a estas alturas ya comienzo a tener claro a quién debo contactar para qué.

A XX le hizo ilusión pasar un fin de semana en una casa rural, aunque también me recordó hasta en cinco ocasiones, pensativa, que habíamos quedado con gente para salir el Sábado, y que le apetecía pasarse el Domingo en casa conmigo... en fin, que era evidente lo mucho que le picaban las ganas de juego, debatiéndose entre el fin de semana cerdo que ella había dibujado en su mente y el fin de semana relajante que (pensó) yo le había dispuesto.

Salimos el Viernes por la noche, sobre las nueve. El viaje hasta allí, tranquilo y en tren. Durante el viaje, protegidos ridículamente por abrigos, follamos, escandalizando a un par de señoras mayores que andaban cerca, y que en cuanto se dieron cuenta de lo que pasaba, por supuesto, se levantaron despotricando camino del siguiente vagón. Y joder... en el taxi, con un poco más de disimulo, se acurrucó contra mí, atrayendo mi mano hacia ella para poder masturbarse ella misma, usándola. Lo que yo diga: andaba notablemente revolucionada.

Cuando llegamos al lugar era muy tarde. Subimos, dejamos las maletas, nos dimos una ducha y salimos a dar un paseo cajo las estrellas. Como era verano, follamos bajo las estrellas. Me planteé seriamente si iba a poder llevar a cabo mis planes o si estaba tan exaltada que me iba a atar y amordazar en la cama en cuanto llegásemos, para usarme a su antojo durante el fin de semana sin dejarme rechistar. La imaginé, cual Rambo, tras una trinchera en la puerta de la habitación, impidiéndome salir armada con un arco de flechas bomba.

Pero tuve suerte, cuando volvimos al caserón, y pareció que los dioses habían decidido permitirme llevar a cabo mis planes. Al entrar por la puerta principal de la casa, XX los vio antes que yo.

- ¡Hostia, cariño, mira! - me dijo XX. Miré hacia la recepción y sonreí, viendo lo bien que mostraban su enorme sorpresa de encontrarnos entrando a la casa. Nos habían visto entrar.

- ¿¡Pero qué hacéis vosotros aquí! - exclamó mi esposa con alegría, entrando en recepción.


Fdo.: XY

(Continuará, claro)


servido por pareja 2 comentarios compártelo

12 Febrero 2006

XY - Mi voz y mis muchas manos



No puedes ver nada. Me escuchas susurrarte al oído, diciéndote que te quiero. Que te deseo más que al aire. Acaricio tu cuello y tu cara. Relájate, amor mío. Te beso. Y también te abarco la espalda. Abarco tus hombros y tu cara. Soy yo quien te posee. Estás completamente a mi merced. El aceite ayuda a mis manos a pasar grácilmente por cada centímetro.

Te beso. Beso tus pechos y tus nalgas, con lentitud, mientras masajeo tus hombros; mientras acaricio el lugar donde tu espalda deja de llamarse así, para convertirse en el lugar que también estoy lamiendo. En ambos lugares, en tu cuello y en tu culo; simultáneamente, te agarro por el cuello, mientras te atraigo hacia mis labios y acaricio el empeine de tus pies, casi levantándote bajo los brazos. Te pregunto si te gusta lo que te doy. "Sí", respondes.

Mientras me escuchas, sientes mis manos acariciando tu espalda y tus hombros, tu cabeza... y tapándote innecesariamente los ojos; al mismo tiempo que mis manos recorren también tus muslos, y al mismo tiempo que mis manos masajean tus pies. También son mis manos las que te hacen girar sobre ti misma; y las que te sostienen, haciéndote sentir que puedes abandonarte y no sostener el peso de tu sitiado cuerpo. Todas mis manos te sostendrán. Las que pellizcan suavemente tus pezones y acarician tu pecho desde el exterior para unirse a mis anteriores manos. También aquellas que pasan por tu cuello y tu cara y tus muslos, rodeándolos de arriba a abajo. extendiendo el aceite, avanzando hacia el interior de tus piernas.

Todas ellas son mías: son mis manos, mientras lo único que oigas sea mi voz. Mis dedos se cuelan en ti, pidiendo entrar por todas partes al mismo tiempo. Te susurro. No entiendes lo que digo, pero sí que soy yo quien te da esto.

Fdo.: XY


servido por pareja 7 comentarios compártelo

12 Febrero 2006

XY - Todo esto ocurre a veces, pero casi siempre...

... todo es normal; todo, simplemente, normal. Somos de verdad y ciertamente poco raritos en casi todo: individua e individuo cual millones. Cierto es que hay quien hace trekking, puenting, colecciona sellos raros o juega al rol. Nosotros practicamos, además de una multiplicidad de cosas absolutamente normales, el folling raring o como carajo se diga eso: saliendo, o quedando, o parándonos a fantasear, imaginar... para poner en práctica guarradas de factura propia (algunas relatables, otras no, por una cuestión de interés) o simplemente hacemos realidad los relatos que nos gustaron, o nos parecieron buena idea. Vidas normales con una afición rara, pero con la de gente freak que anda suelta, hasta en eso somos tope normales, mire usté.

Algo ya menos extendido, quizá, es relatarlo. Y lo cierto es que cada vez nos gusta más. Simplemente, porque da gusto escribir algo y saber que lo leen, como hacer y que vean, hablar y que te escuchen... atávico a más no poder, vamos.

Cuanto más releo, más me gusta la forma de escribir de XX, sobre la mía. Ésto se le da mejor.

Fdo.: XY

servido por pareja 4 comentarios compártelo

11 Febrero 2006

XY - Grabación (III y final)


Relato sin reseñable fuste de no mediar la primera y segunda parte del mismo.



Realmente lo hace muy bien. No es sólo que yo disfrute de recibir una mamada y de verla a ella hacerlo, de observar su cara y sus gestos, su lengua, su mirada... es que lo hace muy bien. Sabe bien cuando quieres que actúe o que te deje hacer, y sabe bien dejarse hacer; mueve la lengua llegando a todos los rincones, siempre a la velocidad adecuada, y cuango la engulle, rediós... se la ve disfrutando, gimiendo... una maravilla. Más allá de lo que a mí me guste, como digo, dudo realmente, (y mi experiencia anterior así lo indica), que las hayan mucho mejores.


Sació mi urgencia con violencia, no con velocidad. Comenzó a hacerlo muy lentamente, apretándola con fuerza con una mano, la otra en mis huevos. Estuvo así hasta que comencé a dejar claro que no podía más. La sacó de su boca por un momento, miró a la cámara y alargó la mano hacia ella, atrayéndola, hasta que Pedro estuvo de rodillas en el suelo, con la lente a apenas dos palmos. Le dedicó unas miradas a la cámara antes de acelerar el ritmo y comenzar a hacer ruido al succionar. Pedro grababa con una mano, mientras con la otra se sujetaba el paquete con fuerza. XX se masturbaba mientras yo estaba a punto de explotar... y ella sabía que andaba bien cargado por el tiempo que llevaba sin correrme. Chupó frenéticamente hasta que no aguanté más. Al notarlo, sacó mi polla de su boca, poniéndola justo a la entrada y masturbándome. Al salir , recogió los primeros chorros de lefa en su boca, para cerrarla después dejando que le llenaran la cara y los pechos y volviendo a abrir la boca para tragar más.
- Dioooossss nena que máquina, jodeeer - oí exclamar a Ana, e incluso creo que el "jodeer" lo soltó a coro con Pedro.
XX se dejó caer hacia atrás, apoyándose con las manos en el suelo, arquendo la espalda y girando la cabeza para mirar a Ana. Pedro hizo un barrido de su cuerpo en esa postura mientras yo me incorporaba en el sofá.
- Ven a darme un beso. - le dijo XX a su amiga.
Ana se dejó caer al suelo desde el sillón, gateando un poco hasta llegar a la altura de XX y comenzó a besarla. Le acarició la cara y los pechos con suavidad, extendiendo el semen por ellos. Yo observé que nuestro operador de cámara, por supuesto, no perdía detalle, con los ojos como platos. ¿Le estaría molestando quizá ver a su novia besar a XX, estando empapada por mí? Quizá el sobrecogimiento y el morbo superasen simplemente al mal rollo que pudiera tener en ese momento. Lo cierto es que estaba mudo, con dos balcones por ojos tras el objetivo de la cámara, y petrificado grabando la escena. Con una mano. Con la otra no se soltaba el paquete ni a la de trés. De hecho, ya andaba apretando y frotándose, sin prisa pero sin pausa.
Me levanté hacia XX y la cogí de la mano para sacarla del trance lésbico, que hoy no tocaba. Yo ya la había visto con Ana, aunque Pedro no lo supiera. La levanté, la puse de rodillas en el sofá apoyada en el respaldo con los brazos. Comencé a acariciarle la espalda con una mano, mientras con la otra le abría poco a poco las piernas desde la parte interior. Así comencé a chuparla desde atrás, de arriba a abajo, despacito, durante un buen rato, mientras Pedro me grababa incluso desde abajo, entre las piernas de XX.
Pedro grababa con una calma falsa que casi me daba risa. Su respiración entrecortada y los pequeños impulsos de la cámara hacia delante lo delataban.
Al rato XX se giró y dejó claro lo que quería como estrella de la película, sentándome en el sofá a la fuerza y, acto seguido, sentándoseme encima dándome la espalda y clavándosela de un golpe, abriendo sus piernas alrededor de la mías; con una mano le sobaba las tetas mientras la sostenía por el cuello con la otra. Saltaba encima de mí tocándose y tocándome. Comencé a sobarle el culo con tiento, poco a poco, abriéndolo casi sin que se diera cuenta.
Lo fui ensalivando mientras ella se encendía más y más clavándose mi polla. Después, unos ligeros toques cuando ella caía sobre mí. Luego fui introduciendo mi dedo en su agujerito, sin prisa, ya ayudado por ella misma. Poco a poco, acompasé en la follada mis movimientos a los suyos hasta tomar la iniciativa. Cada vez más profundo y más fuerte, hasta que le acabé de meter el dedo por detrás y la incliné hacia delante, apoyándose en sus propias rodillas. Estando así, seguí jodiéndola por ambos agujeros durante un rato, hasta que empezó a decir guarradas. Pedro seguía grabando muy de cerca mientras XX gemía con más fuerza cada vez y se le soltaba la lengua, me llenas cabrón, y a ti cómo te gusta mirar, cerdo... se desequilibró un momento hacia delante, y se agarró al brazo de Pedro, que estaba agarrado, por supuesto, a su polla. Él no se apartó, y ella lo miró por unos segundos mientras gemía en lugar de hablar.
Se encontró con la cámara mirándola directamente, un ojo del operador mirándola desencajado y el otro tras el objetivo. Se apoyó en su brazo y su cinturón, quedando más inclinada, perfecta para que la penetrara mejor. Verla así me encendió aún más. Volví a apretar el ritmo mientras ella se apoyaba en Pedro, empujándole. Él intentaba mantener el tipo. Fui apretando y apretando hasta que supe que ya no podía metérsela más o le haría daño. La embestía con todas mis fuerzas por ambos agujeros y parecía que quería volver a ladrar hasta que, por la fuerza con la que le daba, se le ahogaron los gemidos con la cara aplastada contra la camiseta de Pedro a la altura del estómago, agarrada con las dos manos al cinturon y la espalda para no caerse. Cuando giró la cabeza, vi que sus ojos estaban casi en blanco, y sus gritos se convirtieron en gruñidos cuando deceleré, dándole con más fuerza y azotándole el culo, antes de correrse como un cohete doblemente penetrada, mientras soltaba un grito enorme sobre el estómago de nuestro amigo. Luego me enteré de que Pedro, sin masturbarse, también.
Se levantó aún con la respiración entrecortada y apartó a nuestro cámara y a la cámara, para dirigirse a los cajones del mueble del salón.
- Quiero mis juguetitos. - dijo.
Sacó del primer cajón uno de sus muchos juguetitos, un vibrador rojo; y también una bola vibradora de control remoto que compramos con él.
No llegué a desempalmarme.
Me dio el consolador a mí, y me dirigió sobre ella hasta que tuvo mi polla encima y se arrancó a levantar el coño hacia mí, de nuevo dejándolo todo muy clarito. Mi lengua busco ávidamente su clítoris, sintiendo el ir y venir del consolador que yo empujaba y sacaba repetidas veces de su coño. Lo notaba salir mojado y caliente una y otra vez.
Mientras, ella me comía la polla sin cesar. Noté cómo se esforzaba en abrir más y más sus mandíbulas, y tras unos minutos me tenía fuertemente agarrado por el culo atrayéndome más adentro, con toda ella enterrada hasta la campanilla. Noté como sus labios y su lengua jugaban con mis huevos intentándo metérselos también en la boca. Mi polla traspasó su boca adentrándose en su garganta, notando cómo se me calentaban los huevos por su saliva.
Mis manos no dejaban de meter y sacar el consolador de su coño aunque ya no pudiese seguir chupando. No pude resistirlo más; quise avisarla, pero no pude. Clavé furiosamente mi polla contra su boca mientras arremetía con una de las corridas más salvajes de los últimos tiempos.
Unos minutos...
... y me puse encima de ella. Quería ver en la grabación los cuerpos pegados, completamente. Ver la línea de sus piernas y las mías en una. Me aplasté contra ella como si no quisiera que se viese la diferencia entre un cuerpo y el otro. Seguimos...
... y más tarde tomamos otro par de copas...
... y seguimos...
... y ahora, pasando la grabación, me da que me va a dar un bien dado infarto. Joooooder.
Fin
Fdo.: XY


servido por pareja 1 comentario compártelo


Sobre mí

Avatar de pareja

Relatos eróticos de una pareja

ver perfil »
contacto »

    Somos una feliz pareja. Cada uno escribe sus relatos. Igual escribimos alguno juntos. También metemos la nariz el uno en los relatos del otro, y el otro en los del uno. Siempre se agradecen constructivas críticas y comentarios, tanto en el blog (preferible) como dirigidos a:

    relatoseroticosdeunapareja @ gmail . com

Índice

Fotos

pareja todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera