XY - En tu trabajo, mi amor (I)

- Te digo que es bollera, y le gustas. El comentario de la playa no era para mí, sino para ti.
- Que noo, que es un poco calientapollas. Lo de la playa iba por ti.
- No creo que le gusten ni frías ni calientes. Te desnuda casi más que yo.
- ¿Pero lo vas a saber tú mejor que yo, que pasas dos ratos aquí?
- ¿Te apuestas algo?
- Si no lo es, o no le gusto, la próxima vez decido yo lo que hacemos cuando vayamos a la playa.
- Hecho.
Dos semanas después.
- Cariño, no estoy sola.
- Me da igual. ¿Quién está contigo?
- María.
- Pues mejor. Le va a gustar verlo también. Te cuelgo y voy corriendo. Prepárate porque te voy a reventar.
- Sí, mi amor.
Tardé menos de cinco minutos en llegar. Me abrió ella misma, con un cuarto de sonrisa, mirándome con la cabeza ligeramente gacha, en señal de sumisión. La empujé a través de las tres puertas. Llegamos a la salita y la dirigí hacia la mesa.
- ¿Es que te vas a dejar follar en el curro, zorra?
- Claro que sí.
- Te dejas follar en cualquier parte.
- Donde tú ordenes, amor.
La cogí del cuello y la hice ponerse de rodillas. Me saqué la polla y, sin preámbulos, la cogí del cuello y se la metí en la boca. Ella empezó a chuparla como siempre, como una maestra, sacando su lengua para chuparme los huevos mientras la engullía entera, y jugando con la punta de la lengua cada vez que la sacaba, para volver a engullirla. Lo mejor es su cara en esos momentos. La cara de borracha de rabo que pone. Me enferma pensar en ella... buf... pero no la dejé mucho tiempo arrodillada.
- Levanta, perra.
- Sí?
- Quítate los pantalones.
Obedeció inmediatamente.
- Ahora la camiseta.
Por supuesto, también. Además, se la quitó lentamente, mientras observaba a través de la cristalera de la salita de estar del local si en el pasillo aparecía María. Ojeé esa zona común. Su compañera aún debía estar de trajín en otra habitación. No le faltaría mucho para pasar por allí.
Sólo vestida con el sujetador y los zuecos, la subí en la mesa. La acerqué al borde y comencé a darle toquecitos con la punta de la lengua. Al tercero, gimió ruidosamente. Mientras comenzaba a comerle el coño, escuché algún ruido de puertas. XX intentó callarse, pero no podía. Estaba empapada desde que la había llamado por teléfono, y mi lengua entraba y salía ya más gracias al culeo de mi mujer que a mis movimientos.
- Aaahhh cabrón que vienee... ah...- y se calló. Creí notar que paraba. Levanté la cabeza, me incorporé y la vi mirar fijamente a través del cristal.
María estaba allí, petrificada. Se miraban las dos.
- Baja de la mesa. - le dije.
- Como si despertara a medias de un sueño, XX bajó sin dejar de mirar a su compañera.
- Acércate, María, no nos importa que mires. - y María, maquinalmente, se acercó.
Apoyé a XX contra la mesa, ofreciéndomela de espaldas.
- No dejes de mirarla. - le ordené.
- No.
- Va a ver cómo te reviento.
Soltó un atroz y agudo grito. Le tapé la boca. Empecé a penetrarla de un golpe, lentamente, pero con fuertes empujones. La empotraba contra la mesa cada vez, lamiéndole el cuello.
- Mira a tu amiguita, cerda. Te está comiendo entera con la mirada, lo vés?
- Me da iguaaal, aaahh, diooss... - decía, conteniendo la voz todo lo que podía.
- Estás siempre dispuesta, putita?
- Sííííí!!!.... me metería esa polla en todas partesss.... aaa... siempree...
Ésta también continuará, lo que se dice bastante... ¿cual de nosotros dos lo hará?, pues eso ya lo veremos


galilea dijo
Uuuufff en el trabajo!!!! y mirando su compañera!!!! guauuu me gusta....
Me he puesto a cien, ummm que rico post.
Un besito.
19 Febrero 2006 | 05:41 PM