XY - Grabación (II)
- ¿Obedeces?- Sí.
- ¿Cuándo?
- Siempre.
- Te amo. - le dije, besándole la mano - Pero ahora quítate la ropa. Y no tengas prisa.
Sonrió, cruzó las manos y levantó ligeramente una pierna en un gesto infantil, sólo por un segundo. Se volvió hacia Ana.
- ¿Eliges prenda? - le dijo.
- A tu gusto, guapa. - respondió Ana, recostándose en el sillón.
Mientras Pedro le veía las intenciones y se movía para cogernos a XX y a mí, ella se volteó un poco de nuevo para quedar bien a la vista de todos. No es que la blusa blanca que se había puesto tapase demasiado... pero con los dos botones que se abrió para empezar, la caída de la tela hacia ambos lados resultaba enormemente incitante. Yo lo sentía, y lo confirmé en cuanto Pedro, como un autómata, se acercó con la cámara hacia ella.
- Tranquííílo amorcito - le llamó la atención Ana - que vas a poder grabarlo todo.
Se subió ligeramente la falda negra y ajustada. La atascó sobre los muslos abriendo las piernas y me miró, arqueando un poco la espalda, acariciándose con ambas manos desde las caderas hasta apoyarlas en el culo.
- Cabrón. Te gusta que me luzca, eh?
- Me encanta. - resoplé.
La cara. Ahí estaba. Más allá de lo excitada que ella pudiera estar; por muy enferma que estuviese, yo sabía que esa cara era para desquiciarme a mí. Se mordió el labio para clavarme al sofá mientras seguía desabotonándose la blusa, no parándose hasta comenzar a bajar un poco la pequeña cremallera de la falda. Igual se la arranco, pensé. O ni tengo paciencia para ello. Respira. Respira.
- Uh huuu!... la que te estás buscando, nena - casi le gritó Ana desde el sillón. - Se le va a explotar la vena a tu chico.
La miré medio ido y me di cuenta del jeto que debía llevar. Eso me ayudó a respirar. Pedro la repasó con la cámara de la cabeza a los pies. Ella miró a la cámara por un instante y me volvió a clavar los ojos, para quitarse la falda. Rápidamente, para no darme tregua, agarró la falda y tiró de ella hacia arriba, dejándome ver que se había pasado la noche entera sin llevar bragas. Su preciosidad recién afeitada. Las botas. La blusa abierta. El sujetador. Me la follo ya. Respira.
Me hice al borde del sofá, alargué la mano y le acaricié el coñito depilado.
- ¿No vas a esperar a que termine?
- Sólo un poquito, amor. Te dejo terminar. Dale otro repasito así, Pedro.
- A.. g... - tragó saliva - a mandar - respondió él.
- Se me va a morir - añadió Ana, levantándose hacia Pedro para masajearle los hombros.
Aprovechó para mirar más de cerca a XX. Y XX la esperaba, al parecer, porque la siguió desde el sillón hasta ese metro de distancia y se irguió mirándola a los ojos.
- Aunque igual te adelanto y no llego a verlo morirse. - añadió Ana, embobada.
XX se acabó de quitar la camisa mientras me miraba, con medio pezón fuera, que, juro, no sé cuando se le salió, si antes o después de plantarse mirando a Ana. Pero yo lo seguí, con todo el resto de su precioso cuerpo, acercándose a mí, agachándose en el suelo, enfrentándome.
- Te encanta exhibirme.
- Sólo un poquito.
Se levantó ligeramente para besarme. Yo creía que podía reventar en cualquier momento, y no alcanzaba a medir los movimientos que hacía para intentar quitarme la camisa a mi vez, mientras le metía la lengua hasta el esófago. Ella me paró un poco, como pudo, hasta que lo conseguí a costa de cargarme tres botones y la atraje hacia arriba, hacia mí, sobándole el culo sin calma alguna. Se me despegó un poco, lo justo para que la entendiera y frenase.
- ¿Tú no te vas a quitar nada?
Y fue ella quien me acarició las piernas, directa hacia los botones del pantalón. No me hizo sufrir demasiado. Lo justo, calculó, para que no me la follara salvajemente todavía. Con una mano cogió mi polla a través del calzoncillo mientras tiraba de los pantalones hacia abajo con la otra. Me eché hacia atrás para facilitarle el trabajo. Miré, pues, al techo. Luego vería que Pedro había cogido bien la escena. Cuando me incorporé y volví a verla delante de mí, medio segundo más tarde, apartando el pantalón ya en el suelo, no pude aguantar. La cogí del cuello. No podía más. Le aparté la mano con la que me seguía agarrando la polla a través y la atraje hacia ella yo mismo. Si no lo llego a hacer, en ese preciso instante me da una embolia cerebral.
(Continuará)
Fdo.: XY


Diva dijo
te tomo la palabra
2 Febrero 2006 | 11:56 PM