XY - Intercambio de pareja "Sui Generis" (I)
Día 1:
XY: y recuerdo que nos volvimos por la carretera de :.....:, la de los garitos swinger.
XX: ¿La de los qué?
XY: Sí, la de :.....:, allí hay dos o tres sitios de intercambio de parejas, juntitos para hacer zona.
XX: Ah.
Día Siguiente a tal respecto, no necesariamente al día siguiente:
XX: No sé, a mí si que me gustaría ir a ver cómo es.
XY: Y a mí.
Numerosos dias después:
XX: Es queee.... he estado mirando los borradores que tienes... y que quería saber yo si quieres que hagamos lo que pone en uno de ellos.
XY: ¿En cual?
XX: Creo que era el dos, pero espera.
Día D:
Andrés: jeje... y manda cojones que no se lo quedó.
XY: Increíble. Pocas veces me he reído tanto.
Eva: XX, ¿Me pasas la sal?
XX: Ahí tienes.
....
XY: Pues la tela, chicos, es que os queríamos proponer un juego.
Antes de nada, mientras se duchaba, me metí con ella y me dediqué a ponerla a mil. Incluso llegué a penetrarla. Pero lo justito para dejarla cachonda sin dejarla de mal humor.
Andrés llegó sobre las diez y media y se fueron. A mí Eva me recogería sobre las once. Estaba tranquilo, aunque no me hiciera mucha gracia, por momentos, perder de vista tanto rato a mi mujer; y es que me excitaba tanto pensar lo que haríamos que no me cabían los celos. XX se puso unos pantalones de tela, elegantes, ceñidos en la justa medida para que no le molestase el liguero que llevaba debajo. Un liguero. Por supuesto, bien marcado en los pantalones. Hija de puta. Un top ceñido, de tirantitos, de los que también marcan bien. Cuando salió, fino sujetador, erectos pezones por delante, me moría. Andrés iba a estar con ella un buen rato. No me cabía duda de que iba a fijarse, refijarse, observar y recorrer el cuerpo de mi mujer. Cambio de chip. No es mi mujer. Es una desconocida. Ni siquiera debo pensar en ella todavía. Si puedo.
A las once llegó Eva, vestida de fiesta, casi como si fuese a plantarse en la típica juerga de nochevieja. El escote le llegaba a las rodillas y llevaba una falda de seda bastante corta. Buena elección como acompañante, la muchacha: guapa, de largas piernas y prominentes y (suponía) bonitas tetas. Me dijo que no había llegado a ver a su novio esa tarde, que se había querido tomar en serio el juego. Nos movíamos con prisa y hablábamos con nerviosismo. Salimos cortando el aire en el coche, intentando por el camino hablar con cierta normalidad.
- ¿Qué tal el trabajo hoy, “cariño”? - me dijo.
- Genial, mi amor.
- ¿Preparado para serme infiel?
- Oye, oye, suave que esto no es infidelidad, querida. Estamos completamente de acuerdo.
- Vaaaale – río.
- Oye, y ¿tú crees que hoy estará la cosa movidita? ¿Encontraremos a alguien que mole?
- Tengo un pálpito. Me da a mí que sí.
- A ver. Para en la gasolinera, porfa, que me compre un red bull o algo así.
Hicimos un poco de tiempo dando vueltas y llegamos al local. Muy bonito todo, y el letrero era menos cantoso de lo que yo esperaba. Tenía un recibidor donde, valga la rebuznancia, te recibían muy calurosamente los seguratas y las camareras, dirigidos por una señora entrada en años que parecía la jefa, muy maja. Allí se dejaba la ropa innecesaria si querías entrar directamente ligerito, y te daban albornoces y toallas si los ibas a necesitar. Muy engalanado todo, bastante bonito. A unos pocos metros de la primera entrada, unas cortinas muy tupidas a través de las cuales se accedía al interior. Tras ellas, a la izquierda había una gran barra en "L" y unas cuantas mesas. De frente, más allá de una pista de baile, varias puertas precedidas de grandes cortinajes, que daban a los baños y saunas unas, a los reservados otras, y otra a un salón con la música más alta que en éste, donde también había barra y mesas. Más allá de él, nos habían dicho, había dos estancias, con camas en un bonito “barracón” y con reservados. Todo estaba en penumbra. A la derecha, una serie de sofás circulares separados por paredes rodeaban mesas bajas. Todo muy bien pensado.
Al llegar, no les vimos. Nos miramos sonriendo, con el ceño fruncido, diciéndonos con levedad "pillines, no están", como el que no quiere la cosa; quizá también ella, amén de su excitación por el asunto, cargase en aquella broma una pizca de lo mismo que yo: "oye, que a ver si no están porque...". En fin. No pasa nada. Nos miramos fijamente, sonriendo, en busca de calma. Vamos a pedir algo, y los buscamos, o nos buscarán, o será lo que quiera Dios, más bien lo que a Dios disgusta. Así que tomamos un par de martinis y observamos el percal. Había una pareja en albornoz charlando con un joven. Nos habían dicho que ese día sólo podían entrar parejas, así que supuse que todos ellos eran de los que madrugaban y la acompañante del joven estaría por ahí de juerga.
Lo habíamos hablado ya, los cuatro; intentando no establecerlo todo, sino tan sólo plantear posibilidades para conocer de antemano nuestras reacciones y no perdernos, disgustarnos o aburrirnos los unos de los otros. Debía pasar cierto tiempo, intentaríamos primero hablar con alguien más, entablar contacto con otras parejas sin decidirnos por ellas, tomar alguna cerveza y tal, mirarnos de lejos y vernos hablar con otros, sin que nadie tocase mucho a nadie y tal, en la medida de lo posible. En fin. Juego puro y duro, al fin y al cabo. Una gran idea.
- ¿Seguro que no has venido nunca a un sitio de estos? - me preguntó Eva.
- Seguro. No me llamaban la atención. - respondí.
- La verdad es que sois buenos maestros. - dijo, mordiéndole al juego un pequeño kit kat con una sonrisa que delataba cómo el juego también a ella le producía un más que respetable morbo, mientras sorbía con una pajita su bebida.
- Gracias. - añadí, con mi sonrisa más exagerada y petulante
Eva me habló de su trabajo e hizo observaciones varias sobre lo bueno que estaba aquel, lo maja que era la otra y esas cosas... conversación que no detallaré, debida a la excitación sexual de una primera cita como esta, y la que produce un sitio de esos cuando vas por vez primera. Una tipa de unos cuarenta años, de bastante buen ver, se acercó a la barra a pedir algo. Se presentó, nos preguntó quiénes éramos, que si no os he visto nunca, que si tal y que si cual. Su hombre apareció, al rato, nos saludó y cruzamos unas palabras. Creo que tampoco nos hubieran gustado si hubiéramos estado disponibles. Hicimos un poco de prisa por zafarnos y nos fuimos a los sofás.
No mucho después de sentarnos, XX apareció tras una cortina del fondo de la estancia, la del salón. Venía riéndose. No pude evitar clavarle la mirada para indagar. Andrés iba con ella, muy correcto, sin tocarla mucho, al menos en ese momento. Ya me enteraría de algo si me tenía que enterar, pensé. En fin. Pero parecía que no se habían apercibido de nuestra presencia. Colegí que era probable que se estuviesen portando bien. Bien. Al vernos de reojo, se pararon y se miraron, cariño, ¿nos sentamos por aquí?, lo que tú mandes, corazón. Risas y alguna miradita, mientras se sentaban en una mesa bien a nuestra vista, juntos, a unos cinco o seis metros. Más o menos al mismo tiempo, Eva y yo les quitamos de repente la vista de encima.
- Esteee... en fin. ¿Por donde iba? - le dije, conteniendo poco la sonrisilla.
- No sé, me parece que por los vejestorios de antes.
- Me apetecería más carne joven, ¿y a ti?
- Va a ser que mejor eso. - asintió, mientras echaba una miradita rápida hacia la mesa de nuestros costillos.
- ¿Te has quedado con esos que acaban de entrar?
XX le hablaba claramente a Andrés de nosotros, mientras yo miraba de reojo de vez en cuando. Una chica que salía de la cortina se acercó a ellos a pedir fuego. Cruzaron un par de palabras y siguió su camino. En ese momento, el camarero me trajo el Martini y Eva y yo brindamos, mientras XX ya me clavaba la mirada con más insistencia, mientras Andrés le hablaba algo al oído. Sinceramente, debo señalar que no miraba para acá ni tanto como XX, ni tanto como nosotros les mirábamos a ellos. Disfrutaba de poder ver de cerca carne nueva.
- Pues que sepas nos están mirando. - me dijo Eva.
- Me he fijado. - la observé a ella - Y es normal, - dije, observando divertido que, de repente, se andaba subiendo un poco la falda; supongo que por si alcanzaban a verla desde allí. - A ti te están comiendo con la mirada los dos, así que me parece que no voy a pillar cacho esta noche. - añadí susurrante, haciéndola reir abiertamente.
- Que va, fíjate en ella. Si te dejo suelto, te destroza.
- Pues ahora que lo pienso, si me dejas suelto se va a enterar esa. No tiene cara de chula ni nada, la tipa. ¿Te gusta el tío?
- Pues no deja de estar buenorro el chaval, pa qué te voy a engañar. - al mirarla, no tuve dudas de que se salía de ganas de acercarse. Mientras hablábamos, bien cerquita para ir picando, caí en que no habíamos ni acordado ni hablado nada de quién se acercaría a quién, o cómo lo haríamos. Habíamos llegado tan sólo hasta el momento de encontrarnos y decidirnos; quizá por timidez, quizá por dejar margen. O unos por una cosa y otros por otra.
- Yo creo que deberíamos esperar a ver si se acercan ellos – le dije a Eva.
- Vale. Voy a la barra a pedir algo, a ver si los provoco un poquillo, y me asomo también al saloncito ese – dijo ella, quizá queriendo saber lo que se cocía en el sitio del que habían aparecido.
- Amén.
Se subió ligeramente la falda al levantarse y se fue. Me quedé sólo con el Martini y la miré alejarse, procurando dejar la visión global en automático para intentar percibir cuando ellos, que me quedaban a la derecha, volvían la vista hacia ella. Me salió bien la jugada, y vi que XX había dejado de mirarme para seguirla. Me quedé de piedra. Estaba recostada hacia atrás en el sofá, ligeramente de costado hacia su acompañante, ofreciéndome no obstante una vista perfecta de su cuerpo de arriba a abajo, más allá de la mesa que se interponía. Hija de puuuuuta... pensé. La que te vas a llevar esta noche. Se decidió a picarme un poco. Me di cuenta de que cogía a Andrés de la mano y le sonreía, echándome reojos de cuando en cuando.
Eva volvió enseguida con la bebida en la mano, pasándoles muy cerca. Ahí vi que Andrés ya andaba tibio, con la mirada embobada que lanzó hacia su pseudo indiferente novia, abriendo los ojos como si quisiera gritar con ellos. XX le dio un manotazo en el hombro, y le soltó un “se te van a salir los ojos” que se escuchó perfectamente por todas partes. Él respondió mirándole de arriba a abajo en ese momento, y le dijo algo. Rieron.
Ganamos nosotros. Eva y yo pasamos un rato hablándonos alternativamente, en una estrategia repentina y acordada tácitamente, que resultó ser muy efectiva. Primero, ella me hablaba, insinuante para la galería, mientras yo le clavaba la vista a XX, que me respondía casi todo el rato mirándonos fijamente. Después yo hacía lo propio, hablando a Eva mientras ella mantenía su mirada fija en la mesa de “la parejita tierna”. Y vuelta a empezar. Pasadas unas vueltas al juego, vi que Eva se sonreía y movía la mirada. Ya vienen, me dije. Cuando escuché la voz de mi costilla me dio un vuelco el estómago. Volví la cabeza y me encontré con su entrepierna a la altura de los ojos. Subí. Estaba prácticamente en jarras, en pose de mira lo que te vas a comer hoy. Joooooder. ¿Le bajo los pantalones, la inclino en la mesa y la destrozo? Respira. Respira.
- Hola. - dijo, mirándome fijamente a mí.
- Hola. - respondió Eva, saludando a Andrés, que ya rodeaba la mesa, impaciente, para sentarse a su lado.
- ¿Podemos sentarnos?
Más que sentarse, nos rodearon, no queriendo resignarse a ser atrapados en tela de araña, a pesar de haberse levantado primero. Querían sentirse depredadores también. XX a mi flanco izquierdo, Andrés al derecho de Eva. Aceptamos en justicia los roles. XX comenzó a preguntarnos que si veníamos por aquí, que si esto, que si lo otro. Colegimos en nuestras presentaciones y cuentos improvisados que era la primera vez que veníamos, mientras que ellos eran asiduos. Andrés me hablaba sobre todo a mí, mientras se echaba hacia delante, claro, porque estaba sentado a la derecha de Eva, pegándose a ella y rodeándola con el brazo, empujándola así hacia mí mientras XX se me ajustaba también por el otro lado. Después de los justos preliminares, propusimos ir a un lugar más tranquilo. Llamamos a la dueña para que nos llevasen una botella de champagne a un reservado grande.
Entramos, bajamos la luz del sitio, nos sentamos ya cambiaditos de pareja, y servimos unas copas de champagne. Charlamos. Se mantenía la adrenalina en el aire. Hablamos de ropa interior. Yo promoví la conversación acerca de los ligueros y los pantalones. Andrés la relativa a escotes y faldas. Hablamos de insinuar y de tabús. Repasamos momentos eróticos del pasado de cada pareja, contando cada uno los suyos sin interrumpirnos para no cargarnos el ambiente. Todo hubiera parecido casi casual, pero estábamos demasiado desquiciados todos a estas alturas como para aparentar simplemente un “entrar en calor”.
- ¿Gritas mucho? - le dije a XX.
- Depende de cómo te portes. - me respondió.
XX me miraba y tuve la sensación de que estaba más allá que yo, todavía. Me preguntaba, acercándose, que si veníamos “por curiosidad o con decisión”, y mi afirmación la hizo añadir un “cuanta”. Se me acercaba sacando pecho y cogió el timón. Diciéndole a Andrés que yo le gustaba, se me echó encima, acariciándome durante un ratito más, y al poco me plantó un lametón en el cuello mientras me agarraba la polla a través del pantalón. Por supuesto llevaba empalmado desde hacía unas, quizá, tres o cuatro horas; desde que salí de la ducha. Sin interrupción.
- ¿Te gusta ella a ti, cariño? Éste tiene un tesoro entre las piernas. - dijo XX.
- Me encanta - le respondió él, que ya andaba sobando a Eva poderosamente, entregada como un robot.
- Pues que no me entere yo de que la dejas mal o la tendré que terminar yo.
- No te pongas celoso, XY, cuando me oigas gritar. - se dirigió a mí, entre gemidos, Eva.
- Para nada: grita todo lo que quieras. Ésta maravilla va a gritar hasta taparte. - zanjé.
XX y yo ya no esperamos más. Le subo el top y libero sus pechos. Los estrujo mientras ella se baja la cremallera del pantalón. Una de mis manos se dirige a su culo, mientras chupo sus tetas. Estoy hinchado. Desesperado. Luego las dos manos. Andrés y Eva están masturbándose el uno al otro, comiéndose la boca con desesperación. Los miramos, y casi instantáneamente se corren por primera vez. Le arranco los pantalones a mi mujer. A ver qué haremos después para salir. Me la suda, me digo. Le como la boca mientras le meto tres dedos de golpe. No tengo contemplaciones. La voy a follar por todas partes mientras puede ves a sus amiguitos haciendo lo propio con sus propias costillas.
- Chicos – dice XX a la parejita, ocupada en quitarse la poca ropa que les queda.
- ¿Qué?
- Mirad bien. - añade, con mi polla en la mano. Aunque creo que ellos ya estaban mirando.
Se la tragó de una forma absolutamente impresionante. Eva ya estaba encima de su novio, moviéndose cadenciosamente, y no dejaban de mirar ambos el culo de XX mientras me la chupaba. No aguanté nada. No había acabado prácticamente de correrme encima de ella, cuando la puse de rodillas, mirándolos, y la penetré por detrás, agarrándola con ambas manos por delante, pegándome a su cuerpo como si pudiera follarle también la espalda con el pecho.
Quedaba mucha noche. El Red Bull y los martinis me habían sentado muy bien.
[...]
Al día siguiente, cuando nos despertamos, yo estaba más cariñoso que de costumbre. Nos estuvimos haciendo arrumacos un buen rato.
- ¿No vas a preguntarme qué hablamos antes de veros? - me dijo cariñosamente, pasado un ratito.
- Je... no. Pensaba pedirte que me lo escribieras. A ver si eres capaz de describir la riada de tremendos polvos de anoche. Que a mí no me dan los nervios para contarlo todo sin ponerme enfermo.
- Vaale. - dijo sonriendo.
- Te amo.
Fdo.: XY


victor dijo
la verdad no me gusto el relato no esta completo ahy partes donde se pierde la secuencia del relato
pero de antemano un saludo por publicar cosas morbosas que son las que me gustan y me encantan y mas me gustan cuando las hago
bye
16 Julio 2009 | 12:25 AM