La Coctelera

Relatos eróticos de una pareja

11 Febrero 2006

XY - Grabación (III y final)


Relato sin reseñable fuste de no mediar la primera y segunda parte del mismo.



Realmente lo hace muy bien. No es sólo que yo disfrute de recibir una mamada y de verla a ella hacerlo, de observar su cara y sus gestos, su lengua, su mirada... es que lo hace muy bien. Sabe bien cuando quieres que actúe o que te deje hacer, y sabe bien dejarse hacer; mueve la lengua llegando a todos los rincones, siempre a la velocidad adecuada, y cuango la engulle, rediós... se la ve disfrutando, gimiendo... una maravilla. Más allá de lo que a mí me guste, como digo, dudo realmente, (y mi experiencia anterior así lo indica), que las hayan mucho mejores.


Sació mi urgencia con violencia, no con velocidad. Comenzó a hacerlo muy lentamente, apretándola con fuerza con una mano, la otra en mis huevos. Estuvo así hasta que comencé a dejar claro que no podía más. La sacó de su boca por un momento, miró a la cámara y alargó la mano hacia ella, atrayéndola, hasta que Pedro estuvo de rodillas en el suelo, con la lente a apenas dos palmos. Le dedicó unas miradas a la cámara antes de acelerar el ritmo y comenzar a hacer ruido al succionar. Pedro grababa con una mano, mientras con la otra se sujetaba el paquete con fuerza. XX se masturbaba mientras yo estaba a punto de explotar... y ella sabía que andaba bien cargado por el tiempo que llevaba sin correrme. Chupó frenéticamente hasta que no aguanté más. Al notarlo, sacó mi polla de su boca, poniéndola justo a la entrada y masturbándome. Al salir , recogió los primeros chorros de lefa en su boca, para cerrarla después dejando que le llenaran la cara y los pechos y volviendo a abrir la boca para tragar más.
- Dioooossss nena que máquina, jodeeer - oí exclamar a Ana, e incluso creo que el "jodeer" lo soltó a coro con Pedro.
XX se dejó caer hacia atrás, apoyándose con las manos en el suelo, arquendo la espalda y girando la cabeza para mirar a Ana. Pedro hizo un barrido de su cuerpo en esa postura mientras yo me incorporaba en el sofá.
- Ven a darme un beso. - le dijo XX a su amiga.
Ana se dejó caer al suelo desde el sillón, gateando un poco hasta llegar a la altura de XX y comenzó a besarla. Le acarició la cara y los pechos con suavidad, extendiendo el semen por ellos. Yo observé que nuestro operador de cámara, por supuesto, no perdía detalle, con los ojos como platos. ¿Le estaría molestando quizá ver a su novia besar a XX, estando empapada por mí? Quizá el sobrecogimiento y el morbo superasen simplemente al mal rollo que pudiera tener en ese momento. Lo cierto es que estaba mudo, con dos balcones por ojos tras el objetivo de la cámara, y petrificado grabando la escena. Con una mano. Con la otra no se soltaba el paquete ni a la de trés. De hecho, ya andaba apretando y frotándose, sin prisa pero sin pausa.
Me levanté hacia XX y la cogí de la mano para sacarla del trance lésbico, que hoy no tocaba. Yo ya la había visto con Ana, aunque Pedro no lo supiera. La levanté, la puse de rodillas en el sofá apoyada en el respaldo con los brazos. Comencé a acariciarle la espalda con una mano, mientras con la otra le abría poco a poco las piernas desde la parte interior. Así comencé a chuparla desde atrás, de arriba a abajo, despacito, durante un buen rato, mientras Pedro me grababa incluso desde abajo, entre las piernas de XX.
Pedro grababa con una calma falsa que casi me daba risa. Su respiración entrecortada y los pequeños impulsos de la cámara hacia delante lo delataban.
Al rato XX se giró y dejó claro lo que quería como estrella de la película, sentándome en el sofá a la fuerza y, acto seguido, sentándoseme encima dándome la espalda y clavándosela de un golpe, abriendo sus piernas alrededor de la mías; con una mano le sobaba las tetas mientras la sostenía por el cuello con la otra. Saltaba encima de mí tocándose y tocándome. Comencé a sobarle el culo con tiento, poco a poco, abriéndolo casi sin que se diera cuenta.
Lo fui ensalivando mientras ella se encendía más y más clavándose mi polla. Después, unos ligeros toques cuando ella caía sobre mí. Luego fui introduciendo mi dedo en su agujerito, sin prisa, ya ayudado por ella misma. Poco a poco, acompasé en la follada mis movimientos a los suyos hasta tomar la iniciativa. Cada vez más profundo y más fuerte, hasta que le acabé de meter el dedo por detrás y la incliné hacia delante, apoyándose en sus propias rodillas. Estando así, seguí jodiéndola por ambos agujeros durante un rato, hasta que empezó a decir guarradas. Pedro seguía grabando muy de cerca mientras XX gemía con más fuerza cada vez y se le soltaba la lengua, me llenas cabrón, y a ti cómo te gusta mirar, cerdo... se desequilibró un momento hacia delante, y se agarró al brazo de Pedro, que estaba agarrado, por supuesto, a su polla. Él no se apartó, y ella lo miró por unos segundos mientras gemía en lugar de hablar.
Se encontró con la cámara mirándola directamente, un ojo del operador mirándola desencajado y el otro tras el objetivo. Se apoyó en su brazo y su cinturón, quedando más inclinada, perfecta para que la penetrara mejor. Verla así me encendió aún más. Volví a apretar el ritmo mientras ella se apoyaba en Pedro, empujándole. Él intentaba mantener el tipo. Fui apretando y apretando hasta que supe que ya no podía metérsela más o le haría daño. La embestía con todas mis fuerzas por ambos agujeros y parecía que quería volver a ladrar hasta que, por la fuerza con la que le daba, se le ahogaron los gemidos con la cara aplastada contra la camiseta de Pedro a la altura del estómago, agarrada con las dos manos al cinturon y la espalda para no caerse. Cuando giró la cabeza, vi que sus ojos estaban casi en blanco, y sus gritos se convirtieron en gruñidos cuando deceleré, dándole con más fuerza y azotándole el culo, antes de correrse como un cohete doblemente penetrada, mientras soltaba un grito enorme sobre el estómago de nuestro amigo. Luego me enteré de que Pedro, sin masturbarse, también.
Se levantó aún con la respiración entrecortada y apartó a nuestro cámara y a la cámara, para dirigirse a los cajones del mueble del salón.
- Quiero mis juguetitos. - dijo.
Sacó del primer cajón uno de sus muchos juguetitos, un vibrador rojo; y también una bola vibradora de control remoto que compramos con él.
No llegué a desempalmarme.
Me dio el consolador a mí, y me dirigió sobre ella hasta que tuvo mi polla encima y se arrancó a levantar el coño hacia mí, de nuevo dejándolo todo muy clarito. Mi lengua busco ávidamente su clítoris, sintiendo el ir y venir del consolador que yo empujaba y sacaba repetidas veces de su coño. Lo notaba salir mojado y caliente una y otra vez.
Mientras, ella me comía la polla sin cesar. Noté cómo se esforzaba en abrir más y más sus mandíbulas, y tras unos minutos me tenía fuertemente agarrado por el culo atrayéndome más adentro, con toda ella enterrada hasta la campanilla. Noté como sus labios y su lengua jugaban con mis huevos intentándo metérselos también en la boca. Mi polla traspasó su boca adentrándose en su garganta, notando cómo se me calentaban los huevos por su saliva.
Mis manos no dejaban de meter y sacar el consolador de su coño aunque ya no pudiese seguir chupando. No pude resistirlo más; quise avisarla, pero no pude. Clavé furiosamente mi polla contra su boca mientras arremetía con una de las corridas más salvajes de los últimos tiempos.
Unos minutos...
... y me puse encima de ella. Quería ver en la grabación los cuerpos pegados, completamente. Ver la línea de sus piernas y las mías en una. Me aplasté contra ella como si no quisiera que se viese la diferencia entre un cuerpo y el otro. Seguimos...
... y más tarde tomamos otro par de copas...
... y seguimos...
... y ahora, pasando la grabación, me da que me va a dar un bien dado infarto. Joooooder.
Fin
Fdo.: XY


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ant

ant dijo

Cuando era jovencita, leí Las edades de Lulu, y me parecio super excitante, pero yo todavía no había disfrutado de las delicias del sexo en sus multiples formas con lo cual fue como un mundo subrealista para mi.

La lectura erótica a pesar de gustarme no había vuelto a caer en mis manos, hasta ahora. La diferecia es que ahora la disfruto más, primero pq despues de leerla suelo tener a mano con quien apagar el calenton que provocan los textos. Segundo porque ahora esas historias me parecen muy cercanas, y además han llegado en un momento de mi vida, digamos crítico en el descubrimiento de mi sexualidad.

Con lo cual, quedandome la incertidumbre de hasta donde llega la fantasia y hasta donde la realidad de cada historia, me hace plantearme mis propias aventuras y querer compartirlas. Aunque sea dialecticamente, ya que llevarlas acabo sería... superar otra etápa que aún no estoy segura de haber llegado.

Aún así reconforta saber que alguien "más cercano" que un libro escrito hace mil años disfruta de lo que a mi me gustaría sin las verguenzas que aún arrastro.

11 Febrero 2006 | 04:19 PM

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    Somos una feliz pareja. Cada uno escribe sus relatos. Igual escribimos alguno juntos. También metemos la nariz el uno en los relatos del otro, y el otro en los del uno. Siempre se agradecen constructivas críticas y comentarios, tanto en el blog (preferible) como dirigidos a:

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