La Coctelera

Relatos eróticos de una pareja

12 Febrero 2006

XX - Intercambio de parejas "Sui Generis" (II)

Es una de esas cosas que desde que se me ocurrió planteármela me ha apetecido. Fue a raíz de algo que él había escrito como fantasía, pero me pareció estupendo comentarle la posibilidad de que fuera algo real. Por supuesto, y a pesar de que tardó unos segundos en confirmármelo, consintió con gusto.
Elegir la otra pareja no nos costó, para esto buscábamos claramente un par de locos el uno por el otro, y no conocíamos a nadie como Eva y Andrés en cuanto a desbordamiento público de pasión. Y, todo sea dicho... ambos están de muy buen ver (al fin y al cabo, debían ser él mi pareja y ella la de XY por un buen rato).
Como pensábamos, a ellos también les gustó la idea. Determinaron una fecha todo lo próxima que nuestras obligaciones nos permitían, quedaron en buscar ellos un buen sitio, e insistieron en pasar a recogernos ese día, cada uno en su coche. No nos pareció mal, al contrario, bien está que se ilusionen con el asunto. Sabíamos que habían sido una buena elección.
Lo siguiente que tuve que decidir fue la ropa que me pondría esa noche. Todavía no hacía demasiado frío, pero ya se notaba el fresquillo a la caída del Sol. Aunque también debía considerar que en un sitio cerrado, y con altas temperaturas en el ambiente, no iba a dejar de tener calor. Y por supuesto no quería estar sudorosa. No, no mejor algo destapado de arriba, al menos. Tal vez no muy despampanante, sino elegante pero sensual. Que la sorpresa vaya debajo de la ropa exterior. Y el pubis... bien depiladito. ¡Dios, estaba nerviosa, como si de veras tuviera que conquistar a XY!
Cuando Andrés pasó a por mí, comprobé que mi atuendo había sido una buena elección. Tanto él como mi marido me miraron boquiabiertos al salir del dormitorio. Ambos, con cara del que disfruta observando el pastel que luego se va a comer. Aunque uno sólo iba a jugar a que ya lo había probado...
De camino al local, no sabíamos muy bien qué decir. Si empezar a hablar como una pareja, planificar nuestra actuación posterior, o charlar con normalidad. La cosa se centró bastante por iniciativa mía:
-Y a ti... ¿te excita todo esto? Quiero decir, desde ya; prepararlo, empezar a llevarlo a cabo, saber que ellos ya están juntos y verte tú aquí conmigo...
-Pues... llevo cachondo desde que surgió el tema -o algo así me contestó-. ¿Y tú?
-Yo más bien estaba nerviosa. Cachonda, lo que se dice cachonda, estoy desde que XY se ha metido a la ducha conmigo, el muy cabrón. Ya se ha ocupado él de bajarme los nervios, ahora los tengo todos concentrados en los bajos.
-¿Te ha picado?
-Me ha follado. Pero sólo un poquito. Hijoputa...

De camino al sitio, y sin preguntar, él decidió parar en otro parecido que había en esa misma zona. Para ir entrando en terreno, y meternos más en nuestro papel. Bueno, me vendrá bien una copa, pensé. Aunque al final fueron dos. Entraban muy rápido, supongo que por la tensión, y las ganas de ponerme a tono. Entre tanto él me contaba lo emocionado que estaba por hacer algo así, "diferente", dijo. No es que hubiera dejado de disfrutar del sexo con Eva, pero tenía ganas de morbo. Ah, pillín, ya te lo habíamos notado nosotros...

Cuando llegamos al club estábamos ya bastante sueltos. Unas risas en la puerta, a santo de no sé qué, nos hicieron entrar con más confianza. Realmente parecíamos una pareja que frecuentaba el lugar. Incluso saludamos a la chica del guardarropas como si la conociéramos de siempre, a lo que ella respondió también como si tal. Perfecto.
-Cielo, ¿vamos a entrar hoy también al jacuzzi?
-Depende de a quién nos liguemos... y si les gustan las burbujas.
Nos reímos. No sabíamos hasta que nos ofrecieron los albornoces que el local tuviera zonas de baño.

En concordancia con nuestro aparente dominio de la situación, entramos decididos hacia el fondo del local, de donde oíamos salir una música más animada. Parecía a priori una zona más light, como para empezar con unos bailes. Pero no duramos ni diez minutos, la gente allí estaba muy lanzada y nos entraban a matar dos de cada dos parejas que todavía no habían pillado. Por supuesto, ninguna era de nuestro agrado: teníamos claro lo que buscábamos.
De vuelta a la sala principal, hicimos un esfuerzo por no rebuscar en todas las mesas y, sobre todo, sillones, a nuestros en silencio respectivos. Lo cierto es que temía encontrarlos demasiado acaramelados, o muy entretenidos con otra pareja, o qué sé yo qué más hubiera pensado si no los llego a ver en ese instante en una de las mesas del lateral, bien solitos y guardando las formas. Creo que casi a la vez, Andrés les vio también, porque los dos hicimos una pequeña pausa en nuestra marcha. Intentando que no se notara mucho, aunque seguramente se nos vió en las caras, procedimos con indiferencia:
-Cariño, ¿nos sentamos por aquí?
-Lo que tú mandes, corazón.
Era un sitio perfecto para iniciar el juego de miradas. Entre nuestra mesa y la suya había otras 3 ó 4, pero colocadas en semicírculo, de modo que todos nos veíamos bien a todos. No estaba a rebosar, pero sí había alguna parejita a las que echar un ojo. Intentamos coquetear, pero nos daba la risa más que otra cosa. Lo cierto es que ni siquiera recuerdo si eran atractivos o no, no entraba en mis planes dedicar demasiado tiempo a mirar a quien no fuera XY. Pero entonces XY clavó sus ojazos en mí y bastaron dos segundos para que se me subiera el estómago a la garganta.
-Mírame, Andrés, por Dios, que no se me note que estoy de los nervios -dije susurrando-. ¡No!, mírales a ellos, ¿qué hacen?
-Pues están mirando para acá muy coquetos, se ve que tienen la situación muy controlada. No consientas ahora que te dejen por cagada, que no se te vea dudar -intentaba tranquilizarme a la vez que incitarme-. Relájate y disfruta, que a eso hemos venido- y se sentó más cerca de mí.
No era cague, de veras, era más bien ansiedad. La excitación me hervía dentro desde hacía ya unas horas, y cada vez más; y a eso se unía la intriga de no saber lo que iba a pasar, cómo empezaría el acercamiento y cómo terminaría (de ninguna de las dos cosas habíamos concretado nada...). Pero esa actitud decidida de Andrés, apoyando un brazo en el respaldo del sofá por detrás de mí, junto con la suave fragancia de su aftersave que ahora me invadía, me tranquilizaron un poco. Cerré los ojos por un instante. Le di un trago a mi copa, me encendí un cigarro y volví a meterme en situación.
-Está la cosa tranquila hoy, ¿no? Mucho cincuentón y pocos de nuestro gusto, vamos a tener que cambiar nuestro perfil habitual si no se amplía el mercado. Así, a botepronto, diría que en todo el local sólo hay un par de parejas a las que me interesaría acercarme -ya me sentía más segura y lanzada-. A ver, a ver, ¿qué te parecen aquellos de allí? -comenté señalándoles con un gesto de cabeza-. Vaya tía, esa viene pidiendo guerra. ¿Has visto qué escotazo? Gasta buena delantera...
Debo confesar que sus tetas me parecían demasiado grandes y poco escondidas para estar tan cerca de mi hombre. Esperaba que a él no le parecieran tan apetecibles como a mí; yo no podría apartar la vista de su canalillo si estuviese sentada con ella. Y parece que a Andrés sí le resultaban también muy tentadoras, pues se le dibujó una amplia sonrisa por unos segundos. Aproveché su embobamiento para seguir incitándole:
-Y mira, mira, asómate tras la mesita. Esa falda requiere muy poco esfuerzo para levantarla apenas un palmo y dejar verlo todo. ¿Crees que llevará bragas? -yo también me iba encendiendo mientras hablaba, así que mis palabras se iban ralentizando-. Me da a mí que esta noche lo comprobamos, ¿qué dices?
- Pues digo que pagaría por que fueses tú quien lo comprobase, y no sé hasta qué punto vamos a terminar la noche jugando los cuatro juntos, así que más vale que controles un poco tu sucia verborrea -contestó pegado a mi oreja.
Zas, hachazo y momento de tensión. La historia podía tomar otro rumbo si no nos andábamos con cuidado. Por suerte, una tipa que ya se nos había acercado antes en el otro salón vino de nuevo hacia nosotros con la original excusa de pedir fuego, y rompió por un momento el aire petrificado que nos rodeaba. Nos preguntó si habíamos visto a su marido, mientras repasaba con descaro el esbelto cuerpo de Andrés, que debo reconocer que no lucía nada mal. Un "lo siento, guapa, mi vista está concentrada en aquella mesa y no he visto a nadie más" le dejó bastante claro que debía dejar de darnos la murga ya. Y me hizo volver a mirar hacia allí, y engancharme a los ojos de XY, que seguía echando miraditas.
Andrés no se llegó a separar mucho, seguía hablando en susurros:
-Entonces qué dices tú... ¿voy a poder ver cómo seduces a aquellos dos? Porque para mí que te gustan los dos. Si quieres, te dejo hacer a ti. ¿A cuál le entrarías primero? Igual hoy no hay ni intercambio, sólo vosotros tres saboreando algo nuevo; yo me conformo con poder verlo. ¿Dejarías que él te desnudase, mientras tú haces lo propio con ella? Mira que los dos están bien buenos...
Y justo en ese instante se levantó Eva hacia la barra, dándose un pequeño tironcito de la falda hacia abajo, pues sentada en ese sofá bajo y con sus largas piernas cruzadas, la ya de por sí pequeña prenda se había ido subiendo hasta niveles intolerables para la salud pública. Y por supuesto, nuestros ojos se fueron detrás de ella.
Como Andrés estaba ya bastante lanzado (yo también me moría de ganas por pasar a la acción), me dispuse a picar también a XY, que no se quedara atrás. Acerqué mis dedos jugueteando a la mano de mi acompañante, y le sonreí diciendo:
-Desde luego, "cariño", sí que te gusta la chavala esa. Vamos a intentar ligárnosla esta noche. Si tú solito no puedes con ella, no te preocupes que yo te ayudo.- Me giré hacia XY, arrebatador por arriba y por abajo, del derecho y del revés, y le lancé otra mirada coqueta. -Creo que el guapo que la acompaña puede tenerme bastante entretenida, pero no te digo yo que no podamos echarte una mano con ella entre los dos.
Miré de nuevo a XY. Lo cierto es que sabía que no le importaría en absoluto terminar como orgía lo que en principio no iba a ser más que una forma distinta de acabar follándose a su mujer. Desde luego que sin saltarse este escalón: después de cómo me había puesto en la ducha, y viéndolo así, de lejos, con esa planta de chulo que me enloquece, recordándome los tiempos en los que apenas le conocía y me moría por tirármelo, no iba a consentir que no me diera buena sesión de lo que yo sé que él tiene para mí. Después de mi ración de polla, si quieren, ya cataré las suaves carnes de Eva. Y las de Andrés, si se pone tonto, también. Pero a mi amante perfecto que no me lo quiten. Me muero por él, y lo quiero ya. ¡Ya!
Apenas me di cuenta de que Eva pasó por nuestro lado, casi rozándonos, para volver a su mesa con una nueva copa en la mano. Andrés si se había percatado, y sus pupilas seguían todavía pegadas al culo de su chica cuando esta estaba ya llegando a su asiento.
-Se te van a salir los ojos- le dije, dándole un manotazo en el hombro e intentando distender de nuevo el ambiente, aunque también aproveché para descargar algo de tensión con el revés que le solté. Él reaccionó, giró la cabeza hacia mí y me dijo:
-Puedes darme más fuerte si quieres, ahora no siento frío ni dolor. Me tenéis entre las dos que no respondo, más vale que la tontería vaya acabando o cuando por fin alguien me toque la polla se va a evaporar, y nos vamos a quedar cojos en esta bonita historia de parejas.
Me dio por reír, y el se contagió conmigo mientras resoplaba, reescuchando para sí sus propias palabras, y reafirmándose en lo ciertas que eran.
-No te preocupes, creo que nunca un calentón ha llegado a tal punto; y creo que cuando hablan de la combustión espontánea no se refieren tampoco a movidas de estas. Pero lo cierto es que tenemos que relajarnos un poco, o cuando estamos a medio metro de ellos nos los vamos a comer.- Ellos seguían mirándonos insinuantes, a veces uno a veces otro, mientras parecía que escuchaban desinteresados lo que el otro estaba diciendo- Relax, que aún queda mucha noche, y ya que nos hemos puesto a esto, debemos hacerlo bien. Hay que ir hasta allí, con tranquilidad, seducirles, ponerles tan cachondos como estamos nosotros, arrancarles de la mesa, llevarlos a un privado, follárnoslos como locos...
-¡Eh! -interrumpió él-, ¿dónde está la tranquilidad, bonita?
-Se ha ido a tomar por culo. Vamos, Andrés, vamos a tomarnos algo con los de aquella mesa -dije, mientras me levantaba hacia ellos.

(Continuará)

Fdo.: XX

servido por pareja sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de pareja

Relatos eróticos de una pareja

ver perfil »
contacto »

    Somos una feliz pareja. Cada uno escribe sus relatos. Igual escribimos alguno juntos. También metemos la nariz el uno en los relatos del otro, y el otro en los del uno. Siempre se agradecen constructivas críticas y comentarios, tanto en el blog (preferible) como dirigidos a:

    relatoseroticosdeunapareja @ gmail . com

Índice

Fotos

pareja todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera