XY - Todo para ti (II)
Me aseguré de que el caserón quedase sólo para nosotros. XX y yo llegamos el Viernes por la noche, bastante tarde. Si todo iba según lo planeado, todos los demás, debían estar ya allí. Pero nos cruzamos con Juan Vicente y María.
- ¡¿Pero qué hacéis vosotros aquí?! - exclamó XX, dirigéndose hacia ellos.
A Juan Vicente y María los conocimos por internet, y no habíamos pasado de un par de cenas y alguna insinuación. Nos había parecido siempre que a María le apetecía, ante todo, explorar su bisexualidad con XX. Y XX se sentía siempre halagada por ese punto de timidez que aún conservaba María, siendo siempre especialmente cariñosa y dulce con ella. Evidentemente, no estaban ahí por casualidad. Y a buen seguro, XX llegó a pensar que yo les había traído para que, al fin, algo pasase, aunque no llegó a comentarlo, probablemente por falta de seguridad.
Muy convincentes y sorprendidos, explicaron lo acordado: que habían visto una oferta en la red y que habían tirado de abuela para dejar al nene, que guay, fin de semana romántico y relajante, y que mira tú por donde, vaya casualidad, qué maravillosa sorpresa encontraros aquí. Pero que ya que nos habíamos visto (que ni hecho a posta, añadió Juan Vicente) pues que lo pasáramos juntos, y tal. Pero estaban muy cansados del viaje y les apetecía mucho irse a dormir. Se levantarían temprano. Casualmente, como nosotros. Esa noche, las fantasías de XX con María la dulcificaron sumamente en la cama.
[...]
Al día siguiente nos despertamos temprano. Yo, por supuesto, no me desperté de buenas, porque apenas soporto habitualmente que me dirijan la palabra antes del primer café. XX se metió a la ducha, mientras yo, para no largarme antes que ella, perdiéndome los segundos anteriores a la sorpresa, me preparé un carfé soluble, aún en la preciosa y enorme habitación; con su enorme cama. Me senté a verla ducharse, café y tabaco ya mediante. Adoro verla mojada.
- No he dicho nada - dije - porque me apetecía verte en la ducha, pero ahora después nos vamos a la piscina y/o al jacuzzi.
- ¿Sabes si hay mucha gente en la casa? Parece un hotel pequeño, más que una "casa rural".
- Está preparado para un máximo de 18 personas, pero el Miércoles me dijeron que sólo habría catorce.
- Bueno. Me da igual que me oigan gritar - dijo haciendo preciosos pucheritos y con una maliciosa (también preciosa) sonrisilla.
- GUAPA.
Acabó de ducharse, y salimos, atravesando el pasillo del piso superior, grande y empedrado como toda la casa. Las habitaciones y la sala de juegos estaban allí. Esa sala, abierta, tenía un par de billares y futbolines, una mesa de pin pon y silloncitos con pequeñas mesas. Descendimos por la escalera hasta el piso inferior, pasando a un enorme salón, dominado por una chimenea que hacia estancia con tres hermosos sofás de cuatro plazas. Había otros dos grupos de sillones y sofás, en alturas levemente distintas, destacando, en el centro, una mesa grande, redonda gruesa y de madera tan oscura como la del suelo.
Lo atravesamos, pasando junto a la puerta que daba al pabellón de los jacuzzis, saunas y piscinas. Al pasar, mis ojos se clavaban en la puerta. Espera un poco, pensé. Atravesamos también el vestíbulo donde habíamos encontrado a JV y María por la noche, para llegar a la cocina.
Preciosa. Estaba preciosa, con esa expresión anonadada y alegre, abriendo cada vez más esos ojazos como ventanas, conforme iba reparando en Carlos y Álvaro (una pareja de maricones amigos nuestros, Carlos, además, mi abogado), Eva y Andrés, Elena e Irene, David y Ángela, Pedro y Ana, y también Juan Vicente y María; salvo estos últimos, todos, en alguna ocasión, compañeros de juegos además de amigos.
El saludo fue general: nos esperaban, y XX, claro, lo supo inmediatamente. Me miró y me sonrió, exultante, me besó y fue saludándolos a todos entre los preparativos del desayuno; que como te va la vida, que cuantos meses sin vernos, que a ti casi no te conozco con tanta ropa, y esas cosas.
Estaba gratamente sorprendida, así que respiré. Siempre me ha aterrorizado preparar una sorpresa y que no resulte grata. Lo cierto es que me lo curré. Conseguí traer a casi todos los que me propuse, hablándoles de la ilusión que le iba a hacer, que si era mi regalo atrasado de cumpleaños... pero todos los que estaban allí, ante todo, habían aparcado compromisos ese fin de semana, y habíanse dejado la pasta, porque además de ilusiones y aniversarios, les había contado lo que quería de ellos ese fin de semana. Y claro, a mi propuesta era difícil resistirse.
- Te quiero - me repitió cien veces, durante el desayuno, mi esposa.
Tal como habíamos hablado, fueron sutiles y cuidadosos para echarle piropos o hablarle de lo guapa que estaba, no fuera a ser que se descompusiera de rubor ante tanto halago. Que si qué guapa, que lo que te has hecho en el pelo te sienta de muerte, etc.
Unos cuantos cafés más tarde, Carlos y Álvaro dijeron que sí, que muy bien, pero que ellos se largaban al jacuzzi, y Ángela y David hicieron lo propio. XX charlaba animadamente con Irene y Elena, que en más de una ocasión acompañaron sus piropos de cariñosos y estrujados besos en los morros. Juan Vicente y María se unieron al corrillo mientras yo me levantaba para ir a la habitación, a por ropa de baño, toallas y la cámara de fotos. De camino, me crucé con Eva, que andaba en la misma operación.
- Que sepas que me parece precioso. - me dijo, deteniéndome.
- ¿Esa es la palabra? - pregunté, sinceramente. - Supongo que depende de por donde se mire.
- Puede ser muchas cosas, pero no deja de ser precioso. Y para más de uno de nosotros es también una alegría personal... que sé que hay alguna por ahí que se va a estrenar con tu joya.
- Ya sabes que me gusta mirarla. Me importa lo que ella disfrute, sea como sea.
- No seas tan tiquismiquis, anda. Que también te va la marcha.
- Tira por ahí. - le dije, disponiéndome a entrar en la habitación.
Y luego, volviéndome, añadí desde lejos que bueno... que una cosa no quita la otra.
[...]
Cuando le llevé las cosas de baño, ya andaban, además de la parejita de lesbianas y JV con su chica, Pedro y Ana haciendo corrillo charlando con XX. Al llegar, la besé en el cuello y le dije que se preparase, que nos íbamos al agua también. Agarró las cosas enseguida, y se disculpó. Pero casi todos mostraron también su interés por las burbujas, produciéndose un éxodo generalizado a las habitaciones.
Al traspasar la puerta del gran salón que daba al pabellón, habia una separación teórica entre los vestuarios de hombres y mujeres. Pero, como suponíamos, sólamente se oía ajetreo en un vestuario (concretamente, el de chicas). Entramos en él y lo encontramos vacío. No obstante, en una de las duchas se escuchaban impúdicamente los inconfundibles y agudos grititos de Ángela. X les golpeó la portezuela: “chicos, que aproveche, a ver si acabáis antes de que salgamos del jacuzzi”. Una pequeña ralentización de los gemidos y un “joder sí, no puedo más” fueron la respuesta. Nos dispusimos a cambiarnos. XX se despojó de la ropa y sacó el bikini. “¿Me pongo todo, nada o la parte de abajo? Supongo que con la gente que me has traído no tendrás reparos.” Sonreí, mientras mi media erección mañanera se convertía en completa estaca. “Haz lo que quieras”, comenté, mientras los gemidos de la ducha se escuchaban aumentando de ritmo, haciendo a XX prestarles atención. “Han empezado pronto”, me dijo. “No nos vamos a quedar atrás nosotros, ¿no?”. Me acababa de quitar el pantalón y andaba con el bañador en la mano, que no me dejó ponerme.
Se dirigió al centro de vestuario, se apoyó en el banco central, ofreciéndose desde atrás y mirando a la ducha ocupada. No me hice de rogar y me dirigí hacia ella, agarrándole fuerte de las caderas, buscando su precioso agujerito y empujando. Tenía el coño deliciosamente apretado, aunque húmedo. Apoyé mi polla en su entrada y la fui penetrando, acompañado de un fuerte “aaaahhhssííí” por su parte. Notó el enorme gusto que me daba su coñito apretado y me succionó más, con su maravilloso control de los músculos vaginales. Podría haberme quedado parado así, dejando que ella contrajese para correrme en apenas un minuto, pero seguí empujando mientras ella elevaba el volumen extrañamente. Los grititos de Ángela se relajaron, y se oyó que le decía algo a David, nada claro, dentro de la ducha. De repente, y cuando yo ya andaba venciendo su “resistencia” para metérsela hasta el fondo, la portezuela de la ducha se abrió de un golpe, lo justo para ver cómo David, un verdadero mostrenco musculado, la había abierto para volverse de nuevo hacia Ángela, que estaba de lado con respecto a nosotros, morenilla, pequeñita y enjuta: parecía siempre un juguete en manos del animal que tenía por novio.Andaba apoyada en la pared de la ducha, sonriente, mirándonos. “¿Te han entrado las prisas al oírnos, eh? No tienes arreglo, guarrilla”. “Me encanta veros”, respondió XX. “Pues mira, mira, y corre que estoy a explotar desde que habéis entrado, jodeeer...”. Segui dándole a XX, agarándola del cuello con una mano y sosteniéndome de la barra sobre el banco con la otra, a golpes pausados y fuertes, mientras ella gritaba “dámelo ya” una y otra vez, alargando una mano hacia atrás para cogerme los huevos. Tuve que hacerla esperar un poco hasta que su desesperación, su presión y el morbo de la situación me exprimieron; la avisé justo a tiempo, se corrió como un cohete junto a David y Ángela, que ya no aguantaban más, y yo me fui sobre su espalda. Me mantuvo agarrado por los cojones, mientras miraba a su amiga y recuperaba el aliento.
- Joder nena... tienes la jeta más maravillosa del mundo cuando te follan. Me pasaría la vida mirándote. - dijo Ángela.
- Anda, claro, y a mí que me den por culo, no? - añadió David sonriendo.
- ¿Qué pasa, que a ti no te gusta? - dije, fingiendo enfado en tono de broma.
- No, no, claro que sí, joder, me encanta – respondió.
- ¿Qué? ¿Estás diciendo que te gusta mi novia, eh? ¿A que te parto la cara? - seguí.
- Tranquilo, cariño, luego me partes a mí el culo si quieres – añadió XX, bromeando, mientras le pasaba a Ángela una toalla por la espalda y se la daba. - ¿Me pongo algo entonces, mi vida?
- Sí, ponte el bikini, que me gusta. Ya te lo quitas cuando yo te diga.
- Vale. Y acuérdate de que me tienes que echar autobronceador, que se me ha ido la cabeza.
[...]
En la piscina, enorme por cierto, de 50 metros de largo, estaban haciendo largos Pedro y Juan Vicente, a los que se unieron David y Ángela en cuanto salieron del vestuario. En uno de los jacuzzis, Carlos y Álvaro se hacían mimos. En el otro se habían metido Eva, Elena, Irena y Ana. María debía andar en la sauna. Al llegar, XX dijo que jacuzzi de nenas y jacuzzi de nenes, que yo me fuera con Carlos y Álvaro, que ella se iba al otro. Jo, respondí. Pero, impúdicamente cortarrollos, me metí en el jacuzzi y les robé un rato. Aproveché para pedirles a ambos algo especial para algún momento del fin de semana. A lo largo de la conversación, escuché un par de veces a XX decir que le estaban metiendo mano, que socorro, y tal, medio en broma medio en serio. Lo que sé es que, cuando por fin abandonó el jacuzzi femenino y se vino conmigo, me sonrió, colorada como un tomate. Supuse que algo había pasado bajo el agua, y que ya me lo contaría. Lo que yo le prohíbo expresamente es que haga nada con hombres sin mi consentimiento.
Se metió con nosotros en el jacuzzi. Venía juguetona de nuevo, y, en medio de una conversación profesional, empezó a masturbarme bajo el agua. Álvaro se dio cuenta y empezó a hacerle aguadillas, diciendo que me dejara en paz un rato. “No me da la gana”, respondió XX. “Te advierto que somos tres contra una”, dijo Carlos. “¿Y qué me pensáis hacer, abusones?”. La abrazé por detrás. “Podemos hacerte lo que queramos o lo que quieras”, le dije. “Estás tú muy tonto hoy, no?, o muy fantasma.”. Carlos y Álvaro se le acercaron despacio, cogiéndola de las manos y las piernas. Yo no tuve que hacer apenas ningún esfuerzo para entrarle dentro, desde atrás. La sostuvieron fuertemente, aunque no hicera falta, mientras yo la movía, sentada encima de mí, arriba y abajo, hasta provocarle de nuevo el orgasmo.
[...]
- No os hartéis mucho de comida, chicos, que el plato fuerte se sirve a los postres. Hemos traído un capazo de bandejas de dulces fríos y normales, hay fruta, cuerno con merengue... así que comed con prudencia, que no os podéis quedar sin hartaros al postre. - Abrió fuego Carlos.
La comida se desarrolló con normalidad. Hablamos de lo estupendo del sitio, nos reímos... y Álvaro volvió a agradecerme que hubiera organizado el fin de semana.
- ¿No te ha ayudado XX? - dijo maliciosamente Pedro.
- No, qué va. Quería que fuera una sorpresa, y sobre todo una sorpresa para ella. - respondí.
- Ella parecía sorprendidísima - comentó Eva - Pero no le disgustó vernos, ¿a que no?
- Qué va, guapa. ¿Por qué me va a molestar? - respondió XX, sonriente.
Elena, que estaba sentada al lado de XX contrario al mío, terminó rápidamente de comer. Recogió sus cosas, las dejó en la cocina y volvió, para posar sus manos sobre los hombros de mi mujer.
- ¿Te doy un masajito, reina?
- Ay sí, que me viene doliendo el cuello. - respondió XX, acariciándole una mano. - Pero no me llames reeeina...
- Pues si vas a ser la reina aquí, ya lo verás.
XX me miró en ese momento de reojo. La firmeza con la que Elena pronunció esas palabras acabó de delatarme, y mi esposa estaba casi segura ya de que todos estábamos ahí por y para ella... y que yo era el culpable, claro.
Comenzó a masajearla, como buena profesional que es (Elena es fisioterapeuta, para más señas, y una buena masajista), mientras los demás seguíamos intentando hacer como si tal cosa. A pesar de los esfuerzos, ya se dejaba ver que la tranquilidad no era la misma. Carlos y Álvaro andaban besándose y haciéndose carantoñas, apartados de la conversación. Eva y Andrés cuchicheaban y de cuando en cuando miraban a XX.
La conversación se ralentizaba poco a poco, y casi todos los platos estaban llenos; lo cual, a pesar de la advertencia inicial de Carlos, no era demasiado normal tras una mañanita de piscina y baños para todos. Algunos cubiertos, incluso, se dejaban caer sobre los platos con excesivo ruido, como queriendo hacer una llamada de atención, oye, que ya hemos comido, ¿cuando viene el postre? Y Elena, pobrecita, llevaba ya un buen rato de cierta calentura sobando a XX, por lo que tenía prisa por llegar al momento en cuestión.
- Chicos... ¿os apetece ya tomar el postre? - dijo.
- Sí, voy a ir sacando las cosas - añadió Alvaro, levantándose hacia la cocina, seguido de su novio.
- ¿Qué hay? - pregunté yo.
- Fruta, bandejas de dulces del tiempo y fríos... y cuerno con merengue.
- Olé. - sonreí. - Me da que voy a tomar postre hoy yo también.
Fueron trayendo las cosas, ya con libres expresiones de excitado júbilo. Elena ya masajeaba a XX con los labios apoyados en su frente, los pechos rozándole la nuca, impaciente.
- Sinceramente, estoy un poco harta de platitos. Me aburren - dijo Eva.
- ¿Hay mejor opción? - preguntó Andrés, con una sonrisilla pícara.
- A ver... - dijo Elena, abriendo ligeramente la parte superior del camisón de XX y acariciando su escote suavemente, con un dedo - ... pues a lo mejor sí que hay un sitio mejor. - XX me miró en busca de aprobación, mientras las caricias comenzaban a hacer que sus pezones se marcasen, y mi sonrisa, todo lo dulce que conseguí dársela, le confirmó mi acuerdo. Aún me miraba con tranquila lujuria cuando dio la orden de salida. Apoyó su cabeza en el vientre de Elena y elevó los brazos, llevándolos hasta el cuello de su amiga, arqueándose sobre la silla.
- Bueno... - dijo - ... si puedo yo ayudaros en algo.
- Ya lo creo, no? - repondió Elena, provocando la aprobación general. Posó las manos sobre los pechos de XX, y deslizándolos hacia el interior, comenzó a desabotonar lo que quedaba del camisón. XX miró, entrecerrados los ojos, a la concurrencia que la admiraba, no sin cierta (supongo, sana) envidia en muchos casos. La abrió del todo, acariciando sus pechos, mostrándolos a la concurrencia.
Eva y Andrés fueron los primeros en unirse, para comenzar a disponer el postre.
(Continuará)
Fdo.: XY


galilea dijo
Uuummm me he excitado muchisimo leyendoos... como me gustaría probar algo parecido, jejej
Hace poco tuve mi primera experiencia en trios MHM, y no estuvo mal, aunque por supuesto mejorable (de hecho necesito repetir hasta que salga como yo quiero jajaja) y tambien quiero realizar un HMH, que espero sea pronto.
Chicos, los siento, menudo rollo os he soltado.
Un besito y hasta pronto.
19 Febrero 2006 | 05:31 PM