XX - En tu trabajo, mi amor (II)
No sé si no podía contener mis gemidos, o no quería. Sé que al principio lo intentaba, pero llegó un momento en el que creo que empezó a darme igual. O incluso... puede que me gustara que ella me oyera.
No era la primera vez que XY me follaba en el trabajo, desde luego, pero siempre había sido estando a solas, al menos hasta que alguien llamaba al timbre y lo teníamos que dejar. Alguna vez incluso, le comí la polla en la salita de empleados mientras un cliente en la sala de al lado esperaba que yo volviera con los resultados. Pero nunca me la había jugado así, completamente expuesta a que María, con lo amiguita que viene siendo últimamente del jefe, se fuera de la lengua y mi puesto de trabajo se viera en serio peligro. Y allí estaba yo delante de mi atónita compañera, mirándola, con mis manos apoyadas en la mesa revuelta de historiales, dejando que XY me empotrara brutalmente desde atrás. No intenté esconderme, no me vestí aprisa mientras silbaba disimulando; sólo me quedé mirándola, con una evidente invitación a disfrutar del espectáculo.
Será que en el fondo sabía que ella iba a terminar siendo tan culpable como yo.
"Mira a tu amiguita, cerda. Te está comiendo entera con la mirada, ¿lo vés?"
Qué ciertas las palabras de XY. Efectivamente, María me comía con los ojos. Y efectivamente yo, toda cerda, la miraba con cara lujuriosa mientras ella se mordía los labios de deseo.
Sí, su repuesta no fue tampoco mirar hacia otro lado y marcharse haciéndose la despistada, sino que quedó enganchada a lo que allí ocurría. No le pareció mala idea participar de tan atractivo descanso, bien podía sustituir a un amargo café soluble; así que, ante la invitación de XY, había atravesado el quicio de la puerta y estaba ahí, a la espera del siguiente paso.
No sé si por instinto o por experiencia, pero ella se adaptó perfectamente a la situación ante la que se encontraba: XY era en ese momento el amo de lo que ocurría, y si algo debía hacer ella sería por expresa orden suya; así que permaneció ahí de pie aguardando instrucciones.
- Te gusta el espectáculo, ¿eh? - dijo XY, y María asintió con la cabeza sin dejar de mirarme - ¿Te gusta? ¿Te gusta?
- Me encanta ver cómo disfruta - contestó al fin ella.
- Vamos, acércate más, si lo estás deseando - y María se plantó a dos palmos de mi cara, desde el otro lado de la mesa -. Y tápale la boca a esta guarrilla o los gritos se van a oir desde la calle.
Obediente y complacida, acercó su boca a la mía hasta detenerse casi rozándome. Aunque yo intentaba sujetarme fuerte, las embestidas de XY balanceaban todo mi cuerpo, así que mis labios golpearon los suyos mientras ella permaneció ahí, seis o siete toquecitos; ya no pude esperar más: saqué mi lengua, buscándola, y respondió enloquecedoramente metiéndosela sin miramientos en la boca, con una leve succión. No se puede decir que me besara, más bien me estaba "comiendo el morro": mordisqueaba, lamía y metía la lengua en pequeños y sabrosos movimientos, o ambiciosamente hasta lo más hondo que pudiera llegar. Mis gemidos retumbaban en su boca, lo que parecía encenderla aún más.
XY salió de dentro de mí y se separó, no sé si para evitar correrse, pero yo en ese momento no lo pensé; me giré con cara enfurruñada y le puse morritos.
- Qué pasa, ¿también te gusta lo que doy yo? ¿No te basta con tu amiguita? - dijo él con una sonrisa pícara.
- Sabes que quiero polla. No pares, dame un poquito más...
Me volvió a dar la vuelta de espaldas a él, pero completamente de pie. No necesita especiales facilidades para poder penetrarme, su enorme miembro llega muy bien a todas partes. Así que, estando así, me la colocó de nuevo a la entrada de la vagina y empujó; una vez dentro, señaló a María dónde debía colocarse: ante mí, arrodillada en el suelo, con su boca a la altura ideal para recibir la siguiente orden:
- Si le has comido así la boca, vamos a ver lo que le haces en el coño - y, enganchándola del pelo, la atrajo hacia mí.
Por supuesto, yo entreabrí las piernas para dejarla hacer, y ella se puso a lamerme el clítoris con avidez. La sensación que tuve fue de completa entrega, pensaba que no podía disfrutar más, con mi marido enganchándome las tetas y follándome con cuidado, y María lamiéndolo todo. Se agachaba para alcanzar incluso a lamer la polla de XY mientras entraba y salía de mí. Joder, eso me encanta. No es sólo el placer que siento yo; es saber que él está al límite, envuelto por mí y por su boca a la vez, teniendo chupado y empapado en saliva todo lo que no llega a estar dentro de mí.
Se notaba que ella disfrutaba también. Gemía y se afanaba en su tarea, y sólo algún momento paró y se apartó unos centímetros para poder observar bien su campo de trabajo, lanzándose hambrienta de nuevo hacia mis labios o hacia sus huevos.
- ¡Joder! ¡No pares! - le dijo XY, aunque no parecía que ella pensara hacerlo. Estaba claro que le gustaba su papel (y por supuesto a nosotros nos encantaba). María se puso una mano entre las piernas y empezó a frotarse con rapidez, como diciendo "ya no puedo más", y nos chupó de forma caníbal, intentando meter la lengua dentro de mí a la vez que lo hacía XY con la polla. Su cara ya estaba empapada de flujo y de saliva, seguramente sus bragas chorreaban también, yo pensaba que me moría y por los lloriqueos de XY él estaba también a punto de reventar. Viendo que superaba mi punto de autocontrol grité: "Mierda, ¡joder!, ¡córrete!, ¡dánoslo ya, empápanos!, sí, suéltame ya el gran chorro que tienes para mí, ¡sí, sí, SÍÍÍÍÍÍ...!!!
Al final, ambos teníamos razón. María me deseaba a mí, pero también le gustaba calentarle la polla a XY. "Desde luego, para terminar follándote a una tía no hay nada como mostrarle a él, lado animal de la pareja por excelencia, lo guarra que puedes ser con su chica", llegó a confesar después. Pero en cualquier caso, el envite fue que si ella era bollera (o bi) y yo le gustaba, luego el ganador fue XY. Así que en nuestra siguiente escapada a la playa, decidió él, como ganador de la apuesta, cómo pasar el rato. Me encanta perder estas apuestas con él...
Fdo.: XX


hermosavoraz dijo
La próxima vez, no estaría mal que os la follaraís a ella. Me la imagino recocida cuando pasa a tu lado XX, pensando en todo lo que podeís hacer vosotros a ella, o deseando más de lo mismo...
Qué mal que tiene que estar la muy perra, y cuanto disfrutó la cabrona...
5 Abril 2006 | 08:18 PM