La Coctelera

Relatos eróticos de una pareja

15 Abril 2006

XY - Para una vez... (I)



XX me dejó en la estación de tren sobre las nueve. Esa noche yo salía para Barcelona por motivos de trabajo. Un par de días solita en casa, que pasarían más rápido gracias a su curro.

Pero esa noche XX pasó antes de volver por el local de Elena para recogerla y tomar unas cervezas. Muy probablemente, a ésta se le pusieron los ojos como platos cuando vio a XX en la puerta. De cerveza a cerveza, y a sabiendas de que yo estaba fuera, Elena debió desplegar todas sus armas de seducción en la esperanza de ocupar mi sitio en la cama aquella noche, con XX para ella sola. El sentirse tan deseada por Elena la excita y alegra enormemente, y quizá por ello, simplemente para llegar a casa sintiéndose bien, la fue abuscar. La cuestión es que al cabo, tras unas cervezas, un par de besitos de contenida sensualidad y unos piropos y carantoñas, Elena acompañó a XX hasta la puerta de casa.

- ¿Puedo subir? - preguntó. - Así no duermes solita.
- Noo, que tengo que dormir - respondió XX sonriendo y acariciándole la barbilla.
- Dame un beso de despedida, entonces.

Y en la acristalada puerta de casa, de forma perfectamente visible desde el interior del portal, Elena hizo un último ataque. Se besaron apasionadamente; el beso se humedeció y transformó en un juego de lenguas. Las manos de Elena fueron del cuello de XX a sus pechos, entre sus piernas, explorándola con avidez.

- Veenga, tranquila - dijo XX, separándola con dulzura. - enseguida estará aquí XY y quedamos. Si quieres lo recogemos juntas, le aviso para que intente no venir muy cansado y abrimos una botella de vino en casa.
- Vaale, como quieras. Pero esta noche todo lo que hagamos Irene y yo será en tu honor, no te olvides.
- Yo tampoco me voy a dormir en cuanto llegue a la cama... que no soy de piedra, joder... hasta mañana, si quieres.
- Adiós.

XX se despidió y abrió la puerta.

- Buff... ha faltado un pelo... - dijo mientras subía la escalera.

Pulsó el botón para llamar al ascensor, y escuchó algo. Una milésima de segundo después, antes de que pudiera procesar la información y su cuerpo se pudiese poner rígido, una mano le tapó la boca y sintió algo frío por la espalda.

- Es una pistola. - dijo una voz.
- Y esto una navaja - añadió otra, mientras entr XX y la puerta del ascensor aparecía una mano provista de una mariposa de respetables dimensiones. XX se quedó inmóvil, conteniendo la respiración.

- Tranquila. Si colaboras, no te haremos daño. Déjame adivinar. - dijo la primera voz, pegada a su nuca. - ¿A que tu marido no está en casa?
- No, no está. - Dijo, tragando saliva.
- Si estuviera no te irías morreando y dejándote sobar por tías en el portal, ¿verdad? ¿Y cuando vuelve?
- Dentro de dos días.
- Pues vamos a subir a tu casa, a ver qué nos encontramos. Y espero que colabores. ¿Tiene que venir alguien esta noche a tu casa?
- No.

Abrieron la puerta del ascensor y subieron. Los dos tipos iban a cara descubierta. Ambos llevaban la cabeza rapada. El de la pistola era bajo, y el de la navaja bastante más alto. Los dos delgados pero fuertes, y con cara de no ser demasiado recomendables como yernos. Antes de salir del ascensor volvió a hablar el bajito, de la pipa.

- Ahora nos vamos a guardar el hierro. Pero sólo a guardarlas, hasta que entremos en tu casa. Si vemos a algún vecino saludaremos todos con normalidad. Y si no haces ninguna tontería no nos lo tendremos que cargar y, por tanto, no tendrás que tener un cadáver en casa. ¿Está claro?
- Clarísimo.
- Al llegar, irás habitación tras habitación cerrando puertas y ventanas; te seguiremos y estarás encañonada todo el tiempo. No hagas tonterías, te lo repito. ¿Entendido?
- Entendido. - respondió XX, templada.

Al llegar, XX cerró todas las puertas y ventanas. Desconectaron también los teléfonos, salvo uno, el del salón, y guardaron los cables. Le confiscaron el móvil.

- ¿Hace falta que te ate?
- No.
- Bien. Dinos dónde hay dinero, joyas, etc. Cuando acabemos con lo que nos digas, buscaremos nosotros. Y reza porque no se te "olvide" nada que vayamos a encontrar después.
- En las lejas...

En nuestra casa no hay gran cosa, la verdad, salvo a veces dinero en efectivo. XX llevó haste el estudio al tipo alto, llamémosle “Carlos”. Al entrar, XX se volvió desafiante tras una palmada en el culo.

- ¿Qué pasa? - Dijo él, alzando la navaja. - Tira palante. - lo que XX obedeció.
- Vaya par de tetas – dijo de nuevo, alargando la mano para coger el dinero. - Anda, desfila para el salón. - añadió. Se hizo ligeramente a un lado, dejando poco espacio entre él y la pared. Cuando XX intentaba pasar, la paró con la mano en el vientre, muy abajo, y se acercó a su cuello para darle una lamida. - Porque nos tenemos que largar, preciosa... que si no te ibas a enterar de lo que es bueno.

XX sabía en qué situación se encontraba. No hizo ningún gesto de rechazo. Se quedó inmóvil hasta que él permitió que continuase de vuelta al salón. Al llegar, el de la pistola estaba hablando por teléfono.

- ... ¿Que qué? Mierda... Espera un poco, anda por la avenida para dar un rodeo y vuelve por la calle de la iglesia. Ve muy lenta por ahí hasta llegar al portal, por si te los tropiezas. Intenta no entrar si están cerca. Es el 4º Dcha. Pero si te los cruzas, los miras, ¿estamos?... vale... tranquila, hasta ahora.

- Es Marta, que viene de camino. Dice que hay dos coches de nacionales dando vueltas por ahí.
- ¿Buscándonos?
- Puede ser.
- Pues vamos a esperarla y hablamos. Jodeeer... - parecía que comenzaba a ponerse nervioso.
- He visto que tienen ordenador. Vete a mirar páginas guarras y te relajas. Déjanos solos mientras Marta viene.
- Coño, mejor me quedo yo con ésta y me relajo más.
- Anda, lárgate.
- Vale, pero no hagáis nada malo sin mí.

XX se quedó a solas con el de la pistola. Llamémosle “Victor”. La cabeza gacha, pensando mira tú qué casualidad, justo el día en que me quedo sola. Se descubrió a sí misma tranquila y templada. ¿Porqué no iba a estarlo?, se dijo. Su propio temple y el alcohol que había bebido daban para eso y más. Sólo había que obedecer y esperar. No la habían golpeado, ni hecho el amago, todavía.

Victor paseaba por la habitación, seguramente intentando calmarse. Idea, pensó XX.

- La policía patrulla mucho por aquí. No creo que os estén buscando. - dijo XX.
- Cierra el pico, golfa – respondió él, airado. Hasta ese momento parecía el más calmado, amén de dar órdenes al otro. - No me mientas o la vas a liar gorda. Me gano la vida así, de manera que no me tomes por imbécil.
- Bonita forma de ganarse la vida – se le escapó a XX, en voz no lo suficientemente baja como para que Víctor no la oyese. Se quedó parado mirándola. XX se retrajo, como con miedo, bajando la mirada consciente de su error.
- Quítate la camisa.
- ¿Qué?
- Que te la quites, por bocazas. - dijo, apuntándola – Vas a pasar vergüenza por lengua larga.

Se quitó la camisa, sin poder evitar una actitud desafiante.

- Buena delantera.
- Que te follen.
- Cuidado con lo que dices, a ver si te tengo que tapar la boca.

Tocaron a la puerta de casa. Victor se acercó a la entrada del salón. Carlos abrió la puerta.

Apareció una chica no muy alta, joven, de pelo negro y corto. XX pensó que en otras circunstancias le hubiera producido una confianza total. Parecía una niña bien, y además venía asustada.

- Joder qué mal lo he pasado... – entró diciendo, hasta mirar a XX – ahí va, cómo os lo estáis pasando vosotros, no?
- Oye, tío, que te he dicho que no hicieras nada – dijo Carlos, entrando también.
- No hemos hecho nada, y no me toques los cojones. ¿Te los has tropezado... Sonia? - y ambos sonrieron ante el nombre improvisado.
- Sí. Y se me han quedado mirando los cabrones.
- Les habrás gustado.
- ¿Y qué coño hacemos, eh? Me acojona salir.
- Pues nos quedamos aquí esta noche, y ya saldremos por la mañana. Nos turnamos para dormir y ya está. - zanjó Víctor. Los otros dos lo aceptaron con absoluta confianza y cambiaron su expresión cuando él acabó de hablar. XX supuso que no debía ser raro que fuese él quien solía mantener la calma.

“Mierda”, pensó XX. “¿Toda la noche aquí?”.

- Pues habrá que quedarse aquí. - secundó Carlos finalmente.
- Al final vas a pasar la noche acompañada, golfilla. - añadió Victor mirando a XX - Sácanos algo de beber, anda.

XX se levantó, obediente, pensando en toda la noche sola con los tres personajes. Supongo que todo puede pasar sin males mayores, se dijo. Vienen, roban, pasan la noche y se largan. Si van a cara descubierta no les preocupa mucho que les identifique. Porque se van muy lejos... o porque no me piensan dejar en condiciones de identificar a nadie. Mierda. Su expresión cambió por el miedo tras ese pensamiento. En ese momento, al acercarse al botellero, sintió que le paraban por detrás. Era la tal Marta, junto a Carlos. Se habían levantado tras ella. La rodearon y él, con una mano, abrió el botellero. “A ver que tenemos aquí”, dijo ella. Una mano se abrió paso por su estómago hasta sus pechos. Carlos, mirando con guasa el botellero, y añadiendo “no está mal, a ver...” mientras le agarraba una teta y la apretaba, fugazmente. “Sácate el Whisky o el vodka, lo que quieras”. Se dio cuenta de que él se retiraba. La tipa aún, antes de seguirle, le pasó un dedo por el cuello a mi mujer. “Para mí la ginebra, si no es molestia, nena. Y sírvete algo tú también, que si no nos acompañas bebiendo algo me van a dar ganas de dar hostias esta noche”, terminó con una absurda salida de tono. XX respiró, miró el botellero, se concentró y dio con las botellas procedentes. Se dirigió con ellas a la cocina.

- Voy a dar otra vuelta por la casa mientras tanto, dijo Víctor.

Carlos pasó un rato hablando con la tipa, mientras XX servía las bebidas entre palmadas en el culo y besos lanzados e intentaba sentarse lo más lejos posible de ellos. Intenaba llevarlo todo con la mayor indiferencia. De igual forma, pensaba, voy a estar asustada... cuanto menos se note fuera, mejor.

“¡Ey!” se oyó la voz de Víctor a través del pasillo, “¡Mirad lo que he encontrado!”. XX bajó la cabeza. Lo sabía. Cuando el tipo volvió al salón, sonriente, llevaba en la mano sus juguetes: una caja con un par de vibradores, un molde de mi polla, unas bolas chinas y una polla doble, de esas que tienen capullo por ambos extremos. Para juegos de chicas.

- Vaya con la niña... y eso no es lo mejor. En el armario he encontrado un cajón que sólo tiene ropa para matar. De esa que no se compra ni en lencerías decentes.
- Vaya, vaya, guarrilla – añadió Carlos, cogiendo el pene doble -... te podías haber subido a tu amiguita para enseñarnos cómo se usa. Mira Marta.
- Sé como se usa, enfermo.
- ¿Ah, sí?
- Sí, y ya lo he gastado, además.

Víctor se acomodó junto a Marta, y Carlos se sentó junto a ella, examinando los juguetes. Aunque en seguida los dejó de lado para comenzar a dirigirse a XX, “¿me vas a enseñar cómo se usan estas cosas, belleza, eh?” “Tú te lo pasas bien con tus juguetes y yo mirándote, eh? ¿Qué dices?”. XX bebía pensativa, la cabeza gacha, como ignorándolo todo hasta que fuese irremediable. Casi no tenía duda de lo que la esperaba. Hizo una mueca de furia pensándolo.

- ¿Le puedo tocar las tetas otra vez?
- Si ella se deja, claro.
- ¿Te dejas?
- No.
- ¿Y si no se deja?
- Pues también puedes.

Carlos alargó su mano y la metió dentro del sujetador. XX dio un respingo. Víctor se levantó con la pistola en la mano, apuntándola. Se puso frente a ella.

- Venga, coño, que no va a hacerte daño. Déjale tocar un poquito. O se pone la cosa fea de verdad. Lo que tú quieras.

La tal Marta se acercó por detrás a Víctor y le rodeó la cintura, mirando fijamente a XX, que sentía en el cuello el aliento de Carlos mientras le sobaba ambos pechos a dos manos. Ella se retraía y parecía encogerse.

- ¿Cómo podéis tener ganas de fiesta esta noche, con la que está cayendo?
- Hay que afrontar las cosas con optimismo y calma. Y lo que calma, calma. – respondió Víctor.
- Pues relájate y disfruta, nena, que no son malos machos. Te lo juro.

Víctor se sentó a su lado, y le acarició rudamente la cabeza.

- Quítale el sujetador, coño, que se las vas a desgastar sin que pueda vérselas.

XX intentó levantarse. Víctor la sentó de golpe.

- Quieeta... no te vamos a hacer daño, preciosa. Si colaboras no nos propasaremos demasiado.

Mi esposa recibía el sobe de Carlos lo mejor que podía. Víctor se agachó y le abrió ligeramente las piernas, paseando la pistola por el interior de las mismas y mirando a XX fijamente a los ojos. Ella le aguantó la mirada por un momento, pero en un chispazo de lucidez miró al techo, tratando de adoptar una actitud como impasible ante el repaso que le estaban dando, y que incluso la hacía tambalearse sentada en el sillón.

- Quiero verte bien el culo, nena. Levántate. - XX respondió con una mirada colérica, pero se levantó. Carlos se levantó con ella y sacó sus tetas fuera del sujetador mientras XX lo miraba con odio - Date la vuelta que te vea bien, coño... - añadió Víctor, empujándola para que se voltease.

Levantó un poco la falda, y se agachó. Metió su cabeza entre las nalgas de mi mujer, oliéndola. La agarró de los tobillos sin quitarle las botas de tacón alto, y subió acariciando las rodillas, los muslos, apretando cada vez más el tacto, hasta llegar a las bragas, levantando la falda. Una vez ahí, le separó las piernas y le agarró el coño con una mano, mientras le levantaba la falda y le sobaba el culo como un cerdo. Carlos no había parado de mesarle las tetas, y ahora le daba pequeños besos y lamidas.

- Una falda facilita de quitar, eh? - le siseó al oído - Joder con la esposa, cómo se pone para salir por ahí cuando se va el pariente. - Le apoyó la mano en la espalda, y de un fuerte tirón arrancó la mitad de las bragas. XX cerró los ojos y se impulsó hacia delante, empujada y huyendo, contra Carlos, que la sostuvo contra su cuerpo. Pudo notar por primera vez una enorme erección.

- ¿Quieres que se enteren de que estás mojada todavía? ¿Eh? - le dijo Víctor al oído. - ¿O te estás mojando más?

Para decir esto se le pegó completamente, acercándola a él. Carlos se agarró a su teta y bajó la mano hasta su entrepierna, besándole el cuello.

¿Qué pasa? ¿Se te deshace cuando te tratan como te mereces, eh? -a añadió Víctor.
-De... dejadme... - dijo con voz entrecortada XX.
- No quieres que te dejemos... y si quieres dejarás de querer, ya lo verás preciosa. Si no te portas esta noche como una buena puta y nos dejas a gusto no vas a ver amanecer, ¿te enteras?
- s.. sí.

(Continuará, claro)

Fdo.: XY


servido por pareja 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

max

max dijo

jooooooooooooooooooder!

16 Abril 2006 | 08:52 PM

xy

xy dijo

Que sííí, que sííí... paciencia, mujer, paciencia :-)

16 Abril 2006 | 09:49 PM

ffi

ffi dijo

Parece que XX va a tener una noche movidita... no será todo... bueno, ya veremos.
Disfruta lo que puedas XX.

ffi

18 Abril 2006 | 08:41 AM

xy

xy dijo

Cuando ella no disfruta, no lo escribo :-)

18 Abril 2006 | 02:28 PM

galilea

galilea dijo

Espero que despues disfrutara... porque lo que es al principio no la veo relajada y disfrutando, coño.

Es un placer volver por aqui y visitaros.

Un beso para los dos.

2 Mayo 2006 | 12:32 PM

xy

xy dijo

Hay truco :-)

Un caramelo para quien lo adivine.

2 Mayo 2006 | 08:41 PM

Alb(v)a(ro)

Alb(v)a(ro) dijo

Sólo queríamos deciros que os hemos enlazado desde nuestro blog, que acábamos de empezar. Seguid así. Un saludo.

15 Mayo 2006 | 07:05 PM

antraxia

antraxia dijo

Jooo, esto está un poquito abandonado...

10 Junio 2006 | 03:10 AM

RAYMUNDO TALAMANTES ROMO

RAYMUNDO TALAMANTES ROMO dijo

MUY BIEN ESCRITO.EL TEMA UN TANTO TRILLADON.PERO VEAMOS QUE PASA EN LA SEGUNDA PARTE.

8 Mayo 2007 | 07:20 PM

osmin orellana

osmin orellana dijo

Siento una confusión en la redacción. De pronto hay frases como"mi esposa" que no encajan. Quizá sea una distracción mía. Pero que está bueno, indiscutible.

16 Octubre 2009 | 07:45 PM

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