XY - Para una vez... (II)
XX teía la cara vuelta hacia la izquerda, con los ojos cerrados, atrapada entre los dos hombres.
- Si...
- ¿Sí qué?
- Que lo entiendo, joder, per...
- ¿Pero qué?
- Que no me gusta que me toques.
- Claro que sí... - dijo Victor, metiendo de repente sus dedos dentro del coño de XX, que abrió subitamente los ojos, de par en par - ¿O qué mierda es esto? - añadió, alargando su mano hasta llegar a su cara poniendo los dos dedos que había metido en su coño apoyados en su boca.
- Ha sido antes... ha sido ella.
- Ahh.. bien, que a la mujercita le gusta hacer la tijera. ¿Lo sabe tu marido? - dijo Víctor, comenzando a mover sus dedos dentro de ella.
- Sí
- Vaya vaya... ¿te follas guarrillas delante de él?
- S.. sí... siempre con él.
- Vaya, qué buena chica. - Víctor sacó los dedos de su coño y la volteó de nuevo, poniéndola de frente a él, mientras Carlos contemplaba su culo y le quitaba la falda.
- No, déjala - le interrumpió Víctor. Bajó su mano de nuevo a su entrepierna. - ¿y qué hace él, golfilla?
- ... primero mira, y luego, a veces, se une...
Mi esposa siguió contando, entrando cada vez en más detalles, haciendo malabarismos para entretenerles y que quedasen algo complacidos. Mientras XX hablaba, Víctor la masturbaba, y Carlos le sobaba el culo y las tetas desde atrás, pegándose a ella con todo su bulto en apogeo. Ella trataba de que la narración no resultase demasiado excitante porque notaba cómo ambos se ponían crecientemente cachondos a medida que iba hablando, Víctor la masturbaba más rápidamente y Carlos se apretaba más y más. En un momento, Víctor se dio cuenta de que mi esposa, al hablar e intentar evadirse, parecía relajarse ligeramente, y que incluso movía su cuerpo ligeramente al compás de la masturbación. Pero no podía estar seguro, porque veía cómo Carlos la follaba virtualmente (“será capaz de correrse ya”, pensó). Ella seguía hablando, y él metía sus dedos con facilidad. De repente los sacó.
- Y me... - XX cortó y abrió los ojos de par en par, encontrándose con una incipiente sonrisa de Víctor, trinunfal. Inmediatamente se acercó a su cara y volvió a hundir sus dedos en ella.
- Sigue contando, zorra. Como no me guste la historia te juro que vas a tener más carne que mis dedos en tu coño y donde se me ocurra. Habla y no nos pasaremos de la raya. - dijo, sin borrar la sonrisa triunfal.
- Entonces...
- Estás mojada, cerda. Te gusta que te soben, no lo niegues. - la interrumpió Víctor.
- No me gusta que me toques tú.
- Mentira.
- No...
- Pues qué mala suerte, porque me perteneces esta noche... esperaba que disfrutases. - y diciendo esto la agarró con toda la mano entre las piernas, empujándolas hacia fuera, y comenzó a follarla con fuerza.
- A ver cuanto aguanta la zorrita, Carlos. Vamos a comérnosla a ver si se le pasa el enfado. - ordenó Víctor. Acto seguido, Carlos se agachaba lamiéndole la espalda hasta llegar a sus nalgas. Las mordía y lamía mientras Víctor agarraba con la boca el pezón izquierdo de XX y bajaba sin dejar de masturbarla. Así bajó por su cuerpo hasta llegar a su hinchado clítoris y alargar la punta de su lengua hacia él. XX sintió ese leve roce al tiempo que la lengua de Carlos se metía entre sus nalgas hasta llegar a su agujerito, acosado ya durante un buen rato.
A mi esposa se le escapó un pequeño gruñido y cerró los ojos, mordiéndose el labio, cuando comenzó a sentir las lenguas recorriendo su sexo de arriba a abajo, con tres dedos follándola enérgicamente. Se arqueó ligeramente y tuvo que apoyarse sobre los hombros del tipo que le comía el coño.
- Yo quiero un castigo como ese – dijo Marta desde el sofá. XX abrió los ojos un momento, para verla con la mano entre las piernas, recostada en el sofá con el cubata en la mano. Volvió a cerrar los ojos, y parecía por su cara que le estuviese doliendo lo que le hacían, aunque su respiración se había convertido en frenética, moviendo su pecho igual que si estuviese excitada. Carlos pasaba su lengua arriba y abajo, y jugaba en círculos sobre el ojo del culo de XX, mientras Víctor chupaba y presionaba su clítoris moviendo la cabeza a un lado y otro, sin dejar de follarla manualmente.
- Mmfff... - era lo único que se oía a XX, que negaba con la cabeza al mismo tiempo. Sus manos se cerraron sobre los hombros de Víctor como garras, mientras comenzaba a abrir ligeramente las piernas. Se irguió ligeramente, para apoyar su otra mano en la cabeza de Carlos para estabilizarse, notando como su capacidad para mantenerse de pie por sus propios medios se reducía. Carlos introducía ligeramente su lengua en el culo de mi mujer. Víctor apretó su lengua contra el clítoris de mi mujer y comenzó a mover rápidamente su lengua, mientras introducía un cuarto dedo en su coño y los clavaba, dejandolos quietos, hasta donde llegaban. Ella gruñó, mientras desde fuera podía verse cómo llevaba su mano desde el hombro de Víctor a su cabeza; a la parte posterior de su cabeza, no buscando apoyo, sino apretándole contra sí, y haciendo lo mismo con la cabeza de Carlos que tenía detrás.
- Aaaahh... yaaa... mierda!... - dijo XX, abriendo los ojos de par en par y emitiendo un suspiro que para mí no deja lugar a dudas sobre lo que acaba de pasarle. Y Víctor le pasó la mano mojada de flujo por el vientre, separándose de ella con esa misma sonrisa triunfal, acentuada, y Carlos la atraía hacia el sofá, dejándola allí, con los ojos como platos y el ceño fruncido, mirando con ira a los dos hombres.
- Te ha gustado, cerda. Ahora vas a portarte bien y vas a hacer algo que seguro que sabes hacer de lujo. O más te vale aprender aceleradamente.
Se acercó. Cogió su mano y la llevó a su bulto. Ella se resistía respirando aún entrecortadamente, cuando Carlos hizo lo propio. XX no se movía, sólo mantenía las manos sobre los pantalones de los dos tipos. Victor acercó la navaja a su cuello. “No estoy de broma, puta. Te vas a arrepentir de no obedecer.” La pasó por sus pechos hasta llegar a su estómago. La agarró del cuello. “Te juro que no me voy a cortar para cortarte a ti”. Y diciendo esto, con la navaja paseándose por su ombligo, hizo un rápido movimiento sobre su estómago, cortándole ligeramente.
Pasó un dedo por la herida y con el hilito de sangre manchó su dedo, llevándolo a la boca de XX. Ella no cerró la boca, mirando con ojos como platos a la cara de Víctor, que introdujo su dedo en la boca de mi esposa; “chupa”, ordenó. Vacilando por un segundo, pero haciendo después lo que tenía que hacer para que todo saliese bien, chupó su dedo, y empezó a jugar con su lengua sobre él como tan magistralmente sabe hacer.
XX activó sus manos. Primero agarró los paquetes con fuerza sobre la tela vaquera, y mirando a un lado y a otro, fue poco a poco desabotonando los botones de ambos.
- Muy bien, golfilla. Mejor será que no te diga lo que queremos que hagas, o lo pasarás mal.
XX no es estúpida. Lo sabía, y había visto que no se andaban con tonterías. Metió sus manos dentro de los pantalones, agarrando con fuerza las dos pollas, momento que Víctor aprovechó para levantarse, seguido de Carlos. XX siguió el movimiento con sus manos, y bajó la ropa interior de ambos con maestría, dejando salir ambas pollas, de buenas dimensiones; primero las cabezas, y con un primer movimiento descendiente, recorriéndolas completamente hasta la base para hacerlas salir del todo. Recordó las palabras, las bromas, repetidas mil veces con alguna amiga “en caso de violación, relájate y disfruta”, y nuestros habituales juegos de resistencia a la follada. Observó que ambas pollas estaban limpias, relucientes salvo por el semen fresco que la excitación había puesto inevitablemente... y pensó que ese par de cabrones no habían hecho ningún viaje largo con esas pollas dentro del pantalón... a ver si lo tenían todo preparado, los muy hijos de puta...
... y comenzó a masturbarles, evitando mirar a los hombres a la cara. La mano de Víctor había llegado ya a su cabeza, acariciándola y atrayéndola. Con movimientos rítmicos, apretando con fuerza y cerrando sus manos sobre el capullo al subirlas, aprisionándolos y presionando para que sus manos opusieran resistencia al movimiento de bajada. Víctor levantó su barbilla para que le mirase, dejando claro que quería también ese contacto visual.
XX siguió masturbándoles, y retiró por un momento la mirada de Víctor para, rápidamente, meter en su boca la polla de Carlos, más gorda en la base que en la punta; inmediatamente volvió a clavar sus ojos en Víctor, apretando su polla con más fuerza que antes. La de Víctor era como la mía, más gorda en la punta, de respetable dimensión como ya he dicho, y al sacar de su boca la otra para engullir ésta, se hubiera dicho desde fuera que me estaba comiendo el rabo a mí. La tragó casi hasta la base, porque más no le cabía, y paró ahí, masturbando a Carlos y sacando aún la lengua para llegar a la base de lo que se estaba comiendo.
- Aaaahhh dioss... - gemía Carlos.
- Parece que sabe lo que le conviene... uff... parece que hasta la va a gustar esto, eh? - dijo Víctor, acariciándole la cabeza. Ella levantó la vista y lo miró con ojos de rabia; pero cuando esa rabia se ve en un rostro como el de mi mujer mientras te lame el capullo, puede confundirse con lujuria. XX pareció decidir que quería que acabasen rápido y siguió chupando cada vez con más frenesí; soltó sus pollas, que no necesitaban soporte alguno, para tirar de sus pantalones hacia abajo y agarrar por el culo a ambos tíos. Chupaba como una diosa felatriz. Masturbaba una polla y la otra, muy cerca, e incluso las acercaba para lamer ambas prácticamente al tiempo. Les acariciaba y presionaba los huevos, como hace conmigo, cogiéndolos en su mano mientras la engulle magistralmente.
- ¿Tienes ganas de recibir leche, verdad? ¿Eh? ¿Tienes prisa? - dijo Víctor. XX pensó en lo que querían que respondiera y dijo “sí, dadmela ya, ya!”. Aceleró la masturbación, lamiendo las puntas alternativamente, y atrajo a los dos hombres hacia sí. Pegó las pollas a sus pechos y llevó su boca hasta la base de ambas, chupando y mordisqueando el inicio de ambos rabos, masturbándoles ya sobre sus tetas, en busca de que la corrida cayese sobre ellas. “Vas a limpiarme el rabo, zorra.”. Carlos la agarró por el cuello mientras Víctor le metía el dedo en la boca, y ella suspiraba agitada mientras sentía enormes borbotones de semen estrellarse contra sus tetas, su cuello, sus ya muy sensibles pezones.
(Continuará, por supuesto: y seguro que más de uno necesitará llegar al final para pillar el truqui)
Fdo.: XY


hermosavoraz dijo
uff, solo de imaginarmelo....pufff
2 Julio 2006 | 01:32 PM